Un escandaloso homenaje al terrorista internacional Orlando Bosch,
el ex jefe de la sanguinaria Coordinadora de Organizaciones
Terroristas (CORU), organización responsable de cientos de atentados
en territorio norteamericano como en el exterior, se realizó el
pasado martes 12 de octubre, en el Instituto de Estudios Cubanos y
Cubano-Americanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, organismo
fuertemente subsidiado por la Agencia de Estados Unidos para el
Desarrollo Internacional (USAID).
La entrega de una "placa conmemorativa" al viejo asesino, puesto
en escena bajo la cobertura de un tal "Instituto de la Memoria
Histórica Cubana", se realizó en la Sala Olga and Carlos Saladriga
de este "instituto", cuyo director, Jaime Suchlicki, es un ex
analista de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
El comité organizador del bochornoso acto titulado "Cuba, guerra
de guerrillas" estuvo integrado por el propio padre de la
congresista norteamericana Ileana Ros-Lehtinen, Enrique Ros y varios
mercenarios de las operaciones terroristas de la CIA desarrolladas
contra Cuba durante el periodo de la lucha contra bandidos en el
Escambray, en los años sesenta.
Además de Bosch, se "honró" a Francisco Talavera, mercenario de
este episodio de la agresión norteamericana contra Cuba, que dejó
decenas de víctimas civiles.
Los muros de la sala, en la cual se efectuó el homenaje a un
asesino, estaban cubiertos de carteles con el nombre del ICCAS y el
propio podio, en el que Bosch balbuceó algunas palabras de
agradecimiento, llevaba la identificación del organismo en un cartel
de tela.
El ICCAS de Jaime Suchlicki es subsidiado por la USAID, gracias a
las artimañas de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien consiguió
millones de dólares para este supuesto centro de investigación cuyo
"staff" se limita a dos personas. Ros-Lehtinen se hizo elegir dando
su apoyo a Bosch y es una defensora furibunda de Luis Posada
Carriles y del único terrorista de origen cubano encarcelado en
EE.UU., Eduardo Arocena.
Este "instituto", una dependencia de la Universidad de Miami,
alberga el llamado Cuba Transition Project, establecido en el 2002,
gracias a la chequera de la USAID de Bush, que sigue atribuyéndole
fondos anualmente bajo Obama.
Junto a Luis Posada Carriles, el pediatra asesino Orlando Bosch
dirigió el complot que llevó a la destrucción de la aeronave de la
compañía aérea Cubana de Aviación, en 1976, en Barbados, con la
muerte de 73 personas.
En junio de ese mismo año había participado en la creación de la
CORU en Bonao, República Dominicana. Esa organización
contrarrevolucionaria, que luego encabezó, reunió a los grupos
terroristas Frente de Liberación Nacional De Cuba, Acción Cubana,
Movimiento Nacionalista Cubano y Alpha 66, entre otras redes
asesinas.
La CORU se asoció luego a planes tan repugnantes como la
operación CONDOR en Sudamérica para desaparecer a opositores
políticos durante las dictaduras militares en esa parte del mundo y
prestó sus servicios a la CIA en numerosas acciones sucias tanto en
América Latina como en otras latitudes.
El acto de apología de Bosch ocurre unas semanas después del
homenaje fúnebre a uno de sus socios, el terrorista Gustavo "El
Cojo" Castillo, cuyo compinche, "El Gancho" Crespo confesó
públicamente su participación en múltiples acciones terroristas,
reveló un plan de magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel
Castro y lanzó un llamamiento a "terminar la obra".
Además de Posada, siguen exhibiéndose hoy en Miami, entre los
terroristas cubanoamericanos más conocidos, Félix Rodríguez
Mendigutía, el asesino del Che; Antonio Veciana, fundador de Alpha
66; Orlando Bosch, cómplice de Posada en la destrucción de un avión
civil cubano; Guillermo Novo Sampoll, asociado al asesinato del ex
canciller chileno Orlando Letelier; Virgilio Paz Romero y José
Dionisio Suárez, los ejecutores del crimen; Gaspar Jiménez Escobedo,
asesino de Artagñan Díaz Díaz; Pedro Remón Rodríguez, asesino del
diplomático cubano Félix García Rodríguez y Eulalio Negrín, en Nueva
York; José Basulto y otros más.
Sin hablar de Carlos Alberto Montaner, prófugo de la justicia
cubana por terrorismo, quien comparte su tiempo entre sus lujosas
residencias de Madrid y Coral Gables, pagadas con el dinero sucio
del "anticastrismo".
Esto sucede en el país que confecciona listas de "patrocinadores
del terrorismo" para difamar a quienes defienden su soberanía y no
se someten a sus órdenes.