Sesenta años con televisión

AMELIA DUARTE DE LA ROSA

Seis décadas de transmisiones acumulará este 24 de octubre la Televisión Cubana (TVC), una de las pioneras de América Latina que, junto con México y Brasil, potenció la réplica del novedoso medio en diversas naciones del continente.

Foto: Jorge Luis GonzálezOmara Portuondo, Mundito González (en la foto), Roberto Hernández (Robertón) acompañados por el Coro y la Orquesta del ICRT, se presentaron en la gala por el aniversario de la TV cubana.

La TVC, que en un inicio salió al aire con dos plantas, el canal 4 (Unión Radio TV), de Gaspar Pumarejo, y el canal 6 (CMQ TV), perteneciente a los hermanos Mestre Espinosa, hoy cuenta con cinco canales de programación variada que transmiten en todo el territorio nacional, uno satelital (Cubavisión Internacional), 15 telecentros territoriales y varias emisoras locales.

Signada por las épocas y situaciones económicas que le ha tocado vivir, la TVC ha llevado a los transmisores momentos importantísimos de la historia, y ha sido testigo del nacimiento y desarrollo de muchos de nuestros grandes directores, periodistas, locutores y artistas como Consuelito Vidal, Germán Pinelli, Enrique Arredondo, Eddy Martin, Rosita Fornés, María de los Ángeles Santana, entre otros.

Sesenta años de trabajo continuado no es tarea fácil para ninguna empresa de servicio público, más cuando en las últimas cinco décadas se ha apartado de los contenidos comerciales de la publicidad. De modo que la TVC ha tenido que sortear múltiples avatares para mantenerse en sintonía con la población.

Cuando en 1960 se reestructuró la concepción de la programación publicitaria y la TVC se orientó en función de las prioridades sociales con un cambio gradual del discurso, el contenido y la forma, una nueva estética audiovisual invadió los telerreceptores. Los nuevos códigos supieron ganarse a los espectadores. Programas humorísticos, novelas, musicales, series infantiles, aventuras y teleteatros que aún conservan en la memoria distintas generaciones, se consolidaron como productos artísticos dentro de la reorientación de la teledifusión.

Ninguna otra televisión en el mundo —dicho sea esto sin asomo de chovinismo— ha consolidado una vocación didáctica y pedagógica como la que se refleja en Universidad para Todos y las teleclases. Ninguna otra tampoco puede exhibir un expediente tan prístino en el reflejo de la realidad política, ajena a manipulaciones sensacionalistas y a especulaciones de cualquier tipo.

Sin embargo, y hay que ser objetivos, actualmente muchos anhelan sentarse delante del televisor y disfrutar de un producto nacional de buena calidad temática o técnica.

Si bien medio siglo de bloqueo por parte de Estados Unidos ha limitado la productividad y el acceso tecnológico, no es menos cierto que la disminución de los siempre preferidos dramatizados en los últimos años no responde solamente a factores económicos. ¿No fueron acaso en los noventa cuando salieron al aire aventuras tan gustadas como Shiralad y Blanco y negro o series que, como Memorias de un abuelo, abordaban temas históricos de una manera amena, instructiva?

En esta última década, aunque han visto la luz producciones tan excelentes como La sombrilla amarilla, se ha echado en falta buenos guiones en pantalla, ha abundado la saturación de los temas y muchas veces la oscilante calidad ha provocado cierta indiferencia ante los productos nacionales de orientación masiva.

Ver televisión constituye una de las prácticas culturales de mayor preeminencia en la Isla. Decenas de miles de televidentes consumen a diario materiales audiovisuales nacionales y extranjeros, estos últimos tampoco exentos de desigualdades cualitativas. No obstante, es en lo nacional donde nuestro pueblo —que acepta muchísimas temáticas— exige la calidad que antaño convirtió a la TVC en una de las más fructíferas y de mejor factura de Iberoamérica.

Preferencia o necesidad, lo cierto es que la TV ocupa un lugar privilegiado en cada uno de los hogares. De ahí que la conmemoración del sexagésimo aniversario del medio constituya motivo de júbilo y a la vez de reflexión tanto para los artistas, técnicos y trabajadores de la TV como para los telespectadores.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir