Según la diputada socialista Ulla Jelpke, el Gobierno agudiza el
ambiente xenófobo y racista que ya existe en Alemania.
Con las exigencias de limitar la inmigración y de sancionar una
supuesta falta de voluntad de integrarse a la sociedad alemana, este
Gobierno estigmatiza a millones de personas en el país, deploró
Jelpke.
Agregó que con sus eslóganes simples, los partidos
gubernamentales democristianos y socialcristianos fortalecen a la
extrema derecha.
Al sumar las críticas de Los Verdes, los diputados Josef Winkler,
vicepresidente del grupo parlamentario de esa agrupación; y Memet
Kilic, experto para la política migratoria, calificaron el nuevo
discurso del Gobierno de populista y poco útil.
La integración no puede funcionar en un clima de imputaciones y
aislamiento, opinaron Winkler y Kilic.
Horst Seehofer, el presidente de la Unión Social Cristiana, uno
de los tres partidos del actual gabinete de Merkel, profirió fuertes
ataques a los inmigrantes turcos y árabes que residen en Alemania.
Al hablar sobre los problemas sociales de esos grupos, Seehofer
sostuvo que Alemania no necesita más inmigración de sociedades y
culturas extranjeras; mientras, la propia Merkel declaró que el
concepto de una sociedad multicultural ha fracasado.