Siendo novel en los 55 kg y el gladiador de Cuba más joven en
alcanzar una presea en la máxima categoría, sus enormes deseos de
ganar y la casi inagotable agresividad sobre el colchón compensaron
la inexperiencia. Dotado de habilidades excepcionales, es un
luchador de movimientos muy rápidos, que sabe encontrar salidas en
las situaciones más difíciles y se crece en las competencias,
asevera Vladimir González Cabrera, entrenador matancero que lo sigue
desde niño.
En tierras rusas, Chamizo cedió en su cuarto combate ante el
local Víctor Lebedev 2-0 (1-0, 1-0). Luego, por el bronce venció 2-1
al sudcoreano Hyo-Sub Kim, aunque con mente fría hoy, cree haber
sido perjudicado ante Lebedev, un luchador sin mucha técnica y
apático. "Atletas de otras delegaciones que se encontraban en las
gradas pedían pasividad, pero los jueces no accedieron", recuerda.
De extremidades alargadas para su peso, suele pelear parado y su
mejor carta de triunfo es el volteo, y además defiende bien, tanto
de pie como en la posición de cuatro puntos. "Su sistema de defensa
limita el ataque de los contrarios", sentencia Vladimir. Cuando sale
al colchón da la impresión de una serenidad infinita, a pesar de su
juventud. "Sé contraatacar muy bien cuando se aferran a una de mis
piernas", señala sin jactancia.
Sobre sus inicios, Chamizo recuerda agradecido a sus entrenadores
Lázaro Tápanes, Eliécer Guzmán, Juan Carlos González y el propio
Vladimir. Y si de luchadores se trata celebra con entusiasmo al ruso
Bouvaisa Saitiev, hexacampeón mundial y triple monarca olímpico.
Enfocado y anhelante aguarda su posible inclusión en la escuadra
olímpica de Londres’12. Por lo pronto, el Mundial de Rusia sirvió
para verificar el pronóstico de los especialistas que le confieren
un futuro promisorio.
Sin embargo, será difícil que pueda mantenerse en los 55 kg, un
peso que le exige mucho sacrificio. Sería en 60 kg, o incluso en 66,
donde pudiera cumplir su sueño de convertirse en campeón mundial y
olímpico.