ABT en Cuba, lazos históricos

MIGUEL CABRERA

Entre las atracciones que anuncia el 22 Festival Internacional de Ballet, que tendrá a La Habana como sede principal, entre el 28 de octubre y el 7 de noviembre, la presencia de la afamada compañía norteamericana American Ballet Theatre ocupa un lugar especial en las expectativas del público, no solamente por el gran prestigio que la ha acompañado siempre, sino también por los estrechos lazos históricos que la vinculan con las figuras fundadoras del movimiento profesional de ballet en Cuba.

Las nuevas actuaciones del ABT en nuestro país tendrán lugar los días 3 y 4 de noviembre, en el Teatro Karl Marx y en galas posteriores en el Gran Teatro de La Habana.

Michele Wiles, una de las luminarias del ABT.

Considerada una de las más importantes compañías danzarias a nivel mundial, el entonces llamado Ballet Theatre of New York, fue fundado a finales de 1939 por dos eminentes personalidades de la cultura norteamericana: Richard Pleasant y Lucia Chase, partiendo fundamentalmente de un núcleo de bailarines procedentes del Ballet Mordkin, uno de los conjuntos pioneros de la danza profesional en los Estados Unidos.

A partir de su función inaugural en el New York Radio City Center Theatre, el 11 de enero de 1940, desarrolló un amplio repertorio que concilió las principales obras de la tradición romántico-clásica del siglo XIX, con creaciones de coreógrafos tan afamados como el ruso Mijail Fokine, los ingleses Anton Dolin y Antony Tudor, y los norteamericanos Agnes de Mille y Eugene Loring, entre otros. En 1957 tomó oficialmente el nombre de American Ballet Theatre, con el que ha alcanzado los más altos reconocimientos del público y la crítica, no solo en los Estados Unidos, sino en las numerosas giras que ha realizado por Latinoamérica, Europa, Medio Oriente y Asia.

Herman Cornejo, Sascha Radetsky y Marcelo Gomes en Fancy Free, una de las coreografías que el ABT traerá a La Habana.

En sus siete décadas de existencia han figurado en su elenco las más rutilantes estrellas del ballet de finales del pasado siglo y del presente, y al enriquecimiento de su repertorio han contribuido los más notables coreógrafos contemporáneos, tanto norteamericanos como del resto del mundo.

Antiguos y profundos son los lazos que unen al ABT con el ballet cubano. A esa compañía se vincularían Alicia Alonso y Fernando Alonso durante su primera temporada en 1940 y permanecerían en su elenco durante largos y fructíferos años. Otras figuras de gran trascendencia en el ballet cubano como Alberto Alonso, Enrique Martínez y Luis Trápaga, integrarían también su elenco en diferentes temporadas y obtendrían valiosas experiencias que luego aplicaron en sus respectivos campos de creación.

Considerada el Alma Máter del desarrollo artístico de la Alonso, el vasto repertorio y la amplia proyección internacional del ABT permitieron a la gran bailarina cubana alcanzar la jerarquía mundial durante las décadas del 40 y 50 del siglo pasado y sustentar el status de prima ballerina assoluta, que la acompañó hasta el final de su carrera como intérprete. Durante su legendaria permanencia con esa compañía, la Alonso interpretó de manera memorable 59 roles en 42 títulos diferentes, diez de ellos con carácter de estreno mundial.

En 1947, el mismo año en que la Alonso alcanzó el rango de prima ballerina, en el entonces llamado Ballet Theatre of New York, el público cubano pudo disfrutar sus actuaciones estelares junto al resto del elenco de ese conjunto, en el que figuraban, además de su directora y fundadora Lucia Chase, personalidades tan eminentes como el coreógrafo Antony Tudor, Nora Kaye, Igor Youskevitch, John Kriza, Hugh Laing y Dimitri Romanoff. Esa primera visita a Cuba del ABT, auspiciada por la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, tuvo lugar entre el 29 de mayo y el 4 de junio, y desde la escena del Teatro Auditorium de La Habana permitió disfrutar un amplio repertorio, que incluyó obras de la gran tradición romántico-clásica del siglo XIX como Giselle, Pas de quatre, El lago de los cisnes (II acto); y los pas de deux Cascanueces, El cisne negro, Don Quijote; Las sílfides, de Fokine; y otros trabajos que al paso del tiempo se convertirían en clásicos de la coreografía contemporánea, entre ellos Apolo, de Balanchine; Jardín aux lilas, Pillar of fire, Romeo y Julieta y Gala Performance, de Tudor; Tres vírgenes y un diablo y Tally-ho, de Agnes de Mille; y Fancy Free e Interplay, de Jerome Robbins.

Un año más tarde, los lazos de colaboración con el movimiento balletístico cubano se estrecharían de manera más profunda, cuando una crisis financiera, que obligó a cancelar su temporada de otoño, permitió que un grupo de integrantes de esa compañía norteamericana participara en un hecho histórico: la fundación del Ballet Alicia Alonso, hoy nuestro Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de 1948. Entre ellos figuraron los bailarines Igor Youskevitch, Michael Maule, Melissa Hayden, Barbara Fallis, Cynthia Riseley, Paula Lloyd, Arlene Garver, los directores de orquesta Max Goberman y Ben Steinberg, y el director de escena Joseph Bastien, algunos de los cuales integraron el elenco cubano durante varios años, compartiendo triunfos y vicisitudes.

En 1960, el ABT participó en el Primer Festival Internacional de Ballet de La Habana, con actuaciones en el Teatro Auditorium, que se extendieron del 29 de marzo al 1 de abril. El elenco estelar lo encabezaron en esa ocasión Lupe Serrano, Ruth Ann Koesun, Erik Bruhn, John Kriza y Royes Fernández, este último integrante del Ballet de Cuba durante varios años.

El repertorio presentado en esa segunda visita incluyó Las sílfides, Billy the Kid, de Eugene Loring; La leyenda de Fall River, de Agnes de Mille; Baile de graduados, de David Lichine; El combate, de William Dollar; Designs with strings, de John Taras; Fancy Free, Jardín aux lilas, y Tema y variaciones, de Balanchine.

Pasarían casi tres lustros para tener nuevamente al ABT en el Festival de Ballet de La Habana. En 1974, dos de sus más destacados bailarines Cynthia Gregory y Ted Kivitt reiniciaron esos vínculos, que se enriquecerían en 1976, 1978 y 1980 con las visitas de Eleonor D’Antuono. Ellos, junto al elenco del Ballet Nacional de Cuba tuvieron a su cargo los roles protagonistas en Coppelia, El lago de los cisnes y Giselle. Otra estrella de la compañía, Cynthia Harvey, en 1982, sería la encargada de realizar el estreno de la versión completa de Tema y variaciones, en el repertorio del BNC.

En 1986, dos figuras estelares Martine van Hamel y Kevin McKenzie (este último, director del ABT desde 1992), se unirían a la compañía cubana, para juntos protagonizar una memorable representación de El lago de los cisnes. Una década después, en 1996, otras dos de sus estrellas, la argentina Paloma Herrera y el cubano José Manuel Carreño viajarían a La Habana para darnos otra función gloriosa, esta vez con la versión completa de Don Quijote.

Tantos nexos históricos hacen que el desembarco de la compañía en el próximo Festival se prefigure como uno de los acontecimientos inolvidables de la magna cita danzaria.

 

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