En sus siete décadas de existencia han figurado en su elenco las
más rutilantes estrellas del ballet de finales del pasado siglo y
del presente, y al enriquecimiento de su repertorio han contribuido
los más notables coreógrafos contemporáneos, tanto norteamericanos
como del resto del mundo.
Antiguos y profundos son los lazos que unen al ABT con el ballet
cubano. A esa compañía se vincularían Alicia Alonso y Fernando
Alonso durante su primera temporada en 1940 y permanecerían en su
elenco durante largos y fructíferos años. Otras figuras de gran
trascendencia en el ballet cubano como Alberto Alonso, Enrique
Martínez y Luis Trápaga, integrarían también su elenco en diferentes
temporadas y obtendrían valiosas experiencias que luego aplicaron en
sus respectivos campos de creación.
Considerada el Alma Máter del desarrollo artístico de la Alonso,
el vasto repertorio y la amplia proyección internacional del ABT
permitieron a la gran bailarina cubana alcanzar la jerarquía mundial
durante las décadas del 40 y 50 del siglo pasado y sustentar el
status de prima ballerina assoluta, que la acompañó hasta el
final de su carrera como intérprete. Durante su legendaria
permanencia con esa compañía, la Alonso interpretó de manera
memorable 59 roles en 42 títulos diferentes, diez de ellos con
carácter de estreno mundial.
En 1947, el mismo año en que la Alonso alcanzó el rango de
prima ballerina, en el entonces llamado Ballet Theatre of New
York, el público cubano pudo disfrutar sus actuaciones estelares
junto al resto del elenco de ese conjunto, en el que figuraban,
además de su directora y fundadora Lucia Chase, personalidades tan
eminentes como el coreógrafo Antony Tudor, Nora Kaye, Igor
Youskevitch, John Kriza, Hugh Laing y Dimitri Romanoff. Esa primera
visita a Cuba del ABT, auspiciada por la Sociedad Pro-Arte Musical
de La Habana, tuvo lugar entre el 29 de mayo y el 4 de junio, y
desde la escena del Teatro Auditorium de La Habana permitió
disfrutar un amplio repertorio, que incluyó obras de la gran
tradición romántico-clásica del siglo XIX como Giselle,
Pas de quatre, El lago de los cisnes (II acto); y los pas
de deux Cascanueces, El cisne negro, Don Quijote;
Las sílfides, de Fokine; y otros trabajos que al paso del
tiempo se convertirían en clásicos de la coreografía contemporánea,
entre ellos Apolo, de Balanchine; Jardín aux lilas,
Pillar of fire, Romeo y Julieta y Gala Performance,
de Tudor; Tres vírgenes y un diablo y Tally-ho, de
Agnes de Mille; y Fancy Free e Interplay, de Jerome
Robbins.
Un año más tarde, los lazos de colaboración con el movimiento
balletístico cubano se estrecharían de manera más profunda, cuando
una crisis financiera, que obligó a cancelar su temporada de otoño,
permitió que un grupo de integrantes de esa compañía norteamericana
participara en un hecho histórico: la fundación del Ballet Alicia
Alonso, hoy nuestro Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de
1948. Entre ellos figuraron los bailarines Igor Youskevitch, Michael
Maule, Melissa Hayden, Barbara Fallis, Cynthia Riseley, Paula Lloyd,
Arlene Garver, los directores de orquesta Max Goberman y Ben
Steinberg, y el director de escena Joseph Bastien, algunos de los
cuales integraron el elenco cubano durante varios años, compartiendo
triunfos y vicisitudes.
En 1960, el ABT participó en el Primer Festival Internacional de
Ballet de La Habana, con actuaciones en el Teatro Auditorium, que se
extendieron del 29 de marzo al 1 de abril. El elenco estelar lo
encabezaron en esa ocasión Lupe Serrano, Ruth Ann Koesun, Erik Bruhn,
John Kriza y Royes Fernández, este último integrante del Ballet de
Cuba durante varios años.
El repertorio presentado en esa segunda visita incluyó Las
sílfides, Billy the Kid, de Eugene Loring; La leyenda
de Fall River, de Agnes de Mille; Baile de graduados, de
David Lichine; El combate, de William Dollar; Designs with
strings, de John Taras; Fancy Free, Jardín aux lilas,
y Tema y variaciones, de Balanchine.
Pasarían casi tres lustros para tener nuevamente al ABT en el
Festival de Ballet de La Habana. En 1974, dos de sus más destacados
bailarines Cynthia Gregory y Ted Kivitt reiniciaron esos vínculos,
que se enriquecerían en 1976, 1978 y 1980 con las visitas de Eleonor
D’Antuono. Ellos, junto al elenco del Ballet Nacional de Cuba
tuvieron a su cargo los roles protagonistas en Coppelia,
El lago de los cisnes y Giselle. Otra estrella de la
compañía, Cynthia Harvey, en 1982, sería la encargada de realizar el
estreno de la versión completa de Tema y variaciones, en el
repertorio del BNC.
En 1986, dos figuras estelares Martine van Hamel y Kevin McKenzie
(este último, director del ABT desde 1992), se unirían a la compañía
cubana, para juntos protagonizar una memorable representación de
El lago de los cisnes. Una década después, en 1996, otras dos de
sus estrellas, la argentina Paloma Herrera y el cubano José Manuel
Carreño viajarían a La Habana para darnos otra función gloriosa,
esta vez con la versión completa de Don Quijote.
Tantos nexos históricos hacen que el desembarco de la compañía en
el próximo Festival se prefigure como uno de los acontecimientos
inolvidables de la magna cita danzaria.