Cuba
es música, y los cubanos consideran a sus músicos los mejores del
mundo. De seguro no es tan así, pero esa proverbial forma de la
grandilocuencia que tienen los habitantes de esta Isla, hace que
todo lo que se haga en ella sea lo mejor.
Algunos lo achacan a la insularidad, otros lo ven como un
mecanismo de defensa de quienes habitan un lugar tan pequeño en el
mapamundi, contra las formas en que los países del primer mundo se
adueñan de cada logro de la humanidad.
Lo cierto resulta, como dirían muchos personajes dignos de las
más criollas estampas autóctonas, que lo bueno es lo bueno, y eso
hay que reconocerlo.
Para hacer justicia no hay distinciones de ningún tipo y si de
música se trata esta pequeña ínsula del Caribe, merece elogios del
orbe en pleno.
Por estos días Cuba cuenta con visitantes de lujo: nada más y
nada menos que Wynton Marsalis y la Jazz Lincoln Center Orchestra.
Y no es casualidad, que en la primera oportunidad el talentoso
trompetista norteamericano haya declarado el gran honor que para
ellos es estar en la Isla: "por la larga tradición de los músicos de
este país que han llevado su arte a todas partes del planeta",
expresó.
Para nosotros (esta visita) es algo personal, continuó el
trompetista, compositor y arreglista estadounidense, de 49 años y
para quien el jazz "es una bella forma del arte que quiere
comunicarse con las otras artes. Enseña a tener dignidad, a respetar
la individualidad, y a cómo trabajar con ellos".
Marsalis no ha perdido tiempo, y mucho antes de los conciertos
previstos en el programa de la visita, ya corrió de la mano de dos
grandes de Cuba, Omara Portuondo y Chucho Valdés, a un estudio de
grabación.
Entre "gigantes" su trompeta le infundió la melodía "necesaria" a
la versión que la Diva del Buena Vista Social Club hizo de "Esta
tarde vi llover", de Armando Manzanero, tema que figura en su
próximo disco.
De "tarde mágica" calificó Chucho el tiempo que pasaron juntos.
"Realmente no tendría palabras para describir lo que sucedió en
el estudio porque, después de todo, fue el lenguaje musical llevado
a la máxima expresión de lo que es el lirismo, el temperamento",
dijo el cubano por el que Marsalis siente gran admiración.
Precisamente en la admiración hay parte del leit motiv del
intercambio, el reconocimiento y respeto por la obra ajena. No es
secreto para nadie la gran amistad entre el músico nacido en New
Orleáns y el fundador de Irakere.
"Cuando tenía 12 años recuerdo que mi padre, (Ellis Marsalis), un
gran pianista, me entregó un disco de Chucho y me dijo: escucha,
mira lo que están haciendo en Cuba".
"Puso el disco y a cada ritmo interesante exclamaba con asombro y
exclamaba: escucha, escucha lo que están haciendo".
Y es ese espíritu, el de dos formas de hacer el jazz, el que ha
hecho que se produzca este encuentro, aunque anteriormente, en 1997,
había "catado" in situ el sabor del Latin Jazz "made in Cuba".
Confeso seguidor de los ritmos de la Isla, reconoce la
importancia de sus músicos. En su mente, repleta de ritmos y
compases, coexisten las sonoridades de Tata Güines, Ñico Rojas,
Chano Pozo y otros tantos indispensables, si de buena música se
trata.
En Cuba "lo que queremos es pasar un buen tiempo, topar con
muchos músicos y tener buenos conciertos. Queremos aprender bastante
de la música cubana", ha expresado el sensacional músico que ha
compartido escena con Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan, Clark Terry,
Gerry Mulligan, John Lewis, Harry Sweets Edison, Sonny Rollins y
otros.
La invitación está hecha, la oportunidad de disfrutar del arte de
estos músicos de clase mundial es única. Cada cual decidirá si
quiere, aunque sea como espectador, ser parte de la historia musical
de Cuba y el mundo.