¿Pueden
ser sustituidos los ojos, las manos y el cerebro del médico por un
ordenador?... "¡Absolutamente no!", afirmó convencida la doctora
Berta Lidia Castro Pacheco, jefa del Grupo Nacional de Pediatría del
Ministerio de Salud Pública y profesora de la especialidad en el
hospital Juan Manuel Márquez de esta capital.
Y comenta: los múltiples esfuerzos realizados hasta ahora en
varios países para la creación de programas (software) que incluyan
el análisis de los síntomas y signos de un paciente para lograr el
diagnóstico, han fracasado. Cuando se trata de niños es mucho más
complejo aún, porque estos tienen particularidades biológicas: son
organismos en crecimiento y desarrollo, todavía inmaduros física y
psíquicamente, en los que cobra importancia la situación
nutricional, ambiental y su respuesta inmunológica.
Como es obvio, los pequeños no están en capacidad de expresar lo
que sienten, por lo que el interrogatorio debe ser realizado en
tercera persona, a las madres y demás familiares, quienes
"interpretan", sobre todo, los cambios de conducta del niño. De ahí
la importancia de que el especialista dé máxima importancia a
expresiones tan sutiles y poco específicas como cuando la madre
afirma en consulta: "Mi niño no está jugando, creo que no es el
mismo de siempre", porque ella sabe su ritmo de sueño, su
participación en los juegos.
Esos datos son vitales a la hora de evaluar la situación clínica
y establecer el diagnóstico, subraya la doctora Castro, y tan
fundamentales como la observación, la palpación y percusión
gentiles, la auscultación que debe hacerse a los niños, sorteando su
natural temor y rechazo a que les abran la boca, los toquen¼
En ellos, como en ningún otro paciente, cualquier examen
complementario o proceder riesgoso que haya que indicar deben estar
más que justificados, así como también los medicamentos que cuando
son necesarios las dosificaciones estarán en dependencia de la edad,
peso, estado nutricional.
Considera que la Medicina de la edad pediátrica mezcla de manera
armónica ciencia y arte, donde como en ninguna otra especialidad
resulta tan esencial la relación médico-familia, donde la paciencia,
el cariño y la sonrisa son claves también para el éxito del
diagnóstico. Hay que informar cuando se realice un hallazgo, su
pronóstico, y orientar adecuadamente a la familia la conducta a
seguir ante eventos asociados a una enfermedad.
Podemos estar orgullosos, afirma mi entrevistada, del
reconocimiento nacional e internacional de la Escuela Cubana de
Pediatría, "envuelta incluso en una mística", que garantiza la
curación de los niños con un alto grado de satisfacción de las
familias en nuestro país y en otras naciones.