VERONA, Italia.—Inmortalizada por la famosa obra Romeo y Julieta,
de William Shakespeare, la ciudad posee un encanto único, atracción
que invade la intimidad del viajero y lo transporta, casi de manera
inconsciente, a detenerse debajo del balcón donde supuestamente la
pareja vivió su gran idilio.
Y como cualquier otro diletante, los voleibolistas que participan
en el Campeonato Mundial, con sede en diez ciudades de Italia,
dedicaron unas horas de su mañana de domingo para trasladare hacia
el patio de la residencia, coronado junto en su centro, con una
estatua de Julieta, hoy día enigma para anfitriones y extranjeros.
Dice la leyenda que quien posa su mano sobre uno de los senos
desnudos de la imagen en tamaño normal fundida en bronce, tendrá
toda una vida venturosa en amores. Otros, palpan la figura por su
base o por sus pies, con ansias de que le conceda un deseo.
Cierto es que miles de visitantes pasan por el patio de la
antigua vivienda, y entre fotos y sonrisas, los jugadores del
Mundial también se unieron a los forasteros ávidos de conocer
algunas interioridades encerradas en el lugar. Otros, desinhibidos
por completo, ascienden hasta el mencionado balcón para dejar
constancia a color de su paso por tan renombrada plaza.
Así, contemplando después las vetustas construcciones de
distintas entidades gubernamentales, disfrutando del ambiente
histórico a una temperatura agradable del otoño veronés, el fin de
la mañana anuncia la hora de retornar al hotel para prepararse y
partir hacia otro juego de voli de este Campeonato Mundial.