Mientras más armas nucleares
posea un país, menos
seguro estáLIC. ORLANDO
FUNDORA LÓPEZ *
El eminente investigador y
profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Dr. Alan Robock,
recientemente estuvo en Cuba y ofreció una conferencia en la
Universidad de La Habana, sobre el peligro de las armas nucleares.
A esta conferencia asistió el
Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Posteriormente, fue publicada
su reflexión sobre lo explicado por el Dr. Robock.
Por la enorme importancia del tema, a
continuación reproduzco fragmentos de lo publicado sobre dicha
conferencia, con comentarios del líder de la Revolución Cubana:
""Más de veinte mil armas nucleares
están en manos de ocho países: Estados Unidos, Rusia, Francia, Reino
Unido, China, Israel, India y Pakistán; varios de ellos con
profundas diferencias económicas, políticas y religiosas."
La teoría del "invierno nuclear",
desarrollada y llevada al nivel actual por el eminente investigador
y profesor de la Universidad de Rutgers, New Jersey, Dr. Alan Robock
—científico modesto que gusta de reconocer los méritos de sus
compañeros más que los suyos propios—, hademostrado su veracidad.
Para ellos la única forma de evitar
el uso de las armas nucleares es eliminándolas.
¿Cuánto espacio dedican a esa tarea los medios masivos de
comunicación?
La teoría del "invierno nuclear" nos ha enseñado —expresa Robock—
que: "Si tales armas no existieran, no podrían ser utilizadas. Y en
estos momentos no existe un argumento racional para usarlas en lo
absoluto. Si no pueden usarse, es necesario destruirlas y así nos
protegeríamos de los accidentes, los errores de cálculo o cualquier
actitud demencial".
Respecto a los Estados Unidos y Rusia, si bien cada uno se
comprometió, en el mes de abril de 2010 en Praga, a reducir su
arsenal nuclear operativo hasta aproximadamente 2 000 armas, la
única forma real de evitar una catástrofe climática global sería
eliminar las armas nucleares.
"Es hora ya de que el mundo piense una vez más en los peligros de
las armas nucleares, y que esta vez adopte el camino hacia la paz y
elimine la posibilidad de una catástrofe climática global inducida
por la energía nuclear, por primera vez desde mediados del pasado
siglo".
"De hecho, se ha evidenciado que mientras más armas nucleares
posea un país, menos seguro está."
Albert Einstein dijo: "El poder desencadenado del átomo lo ha
cambiado todo excepto nuestras formas de pensar, y es por ello que
avanzamos sin rumbo hacia una catástrofe sin precedentes".
Al final de la conferencia magistral le pregunté al profesor Alan
Robock: ¿Cuántas personas en el mundo conocen esos datos? Me
respondió que "muy pocas". Le añadí: "¿En su país, cuántas? "Igual
—me respondió— no se conocen".
"Tal vez haya que buscar a los psicólogos para que expliquen por
qué las masas no entienden".
"Yo tengo la respuesta —exclamó el científico—: esto se llama
negación. Es algo tan horrible que las personas no quieran pensar en
eso. Es más fácil simular que esto no existe".
Le prometimos al profesor divulgar la información que nos brindó
sobre la teoría del "invierno nuclear".
Ninguna otra época de la historia humana guarda parecido con
ésta. Con seguridad, si tales riesgos no se comprenden por los que
toman decisiones desde las alturas del inmenso poder que la ciencia
y la tecnología han puesto en sus manos, la próxima contienda
mundial será la última y transcurrirían, tal vez, decenas de
millones de años antes de que nuevos seres inteligentes intenten
escribir su historia.
Amigos y compañeros, Es necesario que se tenga conciencia de que
no se trata simplemente de la terrible fuerza expansiva de una
detonación nuclear, sino que el humo y el polvo de la explosión
apagarán esta gigantesca lámpara de luz y calor que es el Sol y
produciría un cambio en el clima de todo nuestro planeta, donde se
habrán terminado para siempre las estaciones climáticas. Solamente
habrá un terrible invierno que habrá desplazado para siempre el
verano, la primavera y el otoño, para quedar solamente y para
siempre un triste invierno.
Será la repetición de la caída del aerolito que algunos han
calculado en 19 km de tamaño que cayó en la península de Yucatán,
levantando una gigantesca nube de polvo que trastocó el clima, se
extinguieron las plantas y la vida animal, trayendo la extinción de
los parsimoniosos y felices dinosaurios.
Es necesario que los jóvenes conozcan el futuro que les quieren
deparar los que se creen dueños del mundo, sin pensar que ellos
también serán víctimas de sus ambiciones, egoísmos y prepotencia.
La Habana, 28 de septiembre, 2010* El autor es Presidente de
Honor del Consejo Mundial por la Paz |