La información irrumpió en mis sentidos, como si estuviera de
espectador en los preparativos de un escenario, donde petróleo y
armas se dan la mano en lo que pudiera ser una aventura fatídica; o
simplemente una última aventura yanki.
No puede separarse este hecho de un contexto actual de amenaza
nuclear contra un país de esa región: Irán.
Explica el despacho noticioso que el acuerdo sería la mayor venta
de armas en la historia de EE.UU. y la intención de Washington es
fortalecer a un aliado árabe imprescindible frente a Irán, según el
diario The Wall Street Journal.
Como un impacto provocado por otra guerra: la que libran 1 020
millones de habitantes de este planeta que pasan hambre, me resultó
esa cifra tan fabulosa de un dinero que pudiera y debiera usarse
para dar de comer a hambrientos y para curar enfermos. Entonces los
Objetivos del Milenio no serían una quimera, sino una realidad
alcanzable¼
Vuelvo a la noticia de la venta de estos medios de guerra y leo
que se trata de justificar por parte del país que las expide, con
aquello de que con esa acción comercial se generarían
aproximadamente 75 000 puestos de trabajo en EE.UU.
Parecieran demasiado "buenos" los del Complejo Militar Industrial
estadounidense, que andan buscando resolver la grave crisis de
empleo que sufre el país, a través del suministro de medios de
guerra a estados de una región de la que ansían su riqueza
petrolera.
Cuando la prensa en Washington indagó por esta operación de
comercio militar, el portavoz del Departamento de Estado, P.J.
Crowley, señaló que el Pentágono deberá notificar al Congreso de la
transacción en los próximos días porque "un elemento esencial de
nuestra política tiene que ver con garantizar la estabilidad en la
región del Oriente Medio".
Llenar de aviones de guerra de última generación y de
helicópteros de igual factura a Arabia Saudita es, a criterio del
Pentágono, una manera de estabilizar una zona donde, precisamente
ellos expanden engendros bélicos, como es el caso de Israel, su
punta de lanza agresiva contra pueblos y estados que de lo único que
se pueden sentir inseguros es de la presencia de portaaviones y
submarinos nucleares que navegan por el Golfo Pérsico o por mares
adyacentes.
Funcionarios del Pentágono señalaron de forma anónima que el
acuerdo autorizará la venta de 84 aviones de combate F-15 y
aproximadamente 140 helicópteros Apache y Black Hawk.
Estados Unidos y los sauditas también han estado dialogando sobre
la venta de otros 30 000 millones de dólares en buques y sistemas de
defensa antimisiles.
El tema a debate en el Congreso originará un pulseo entre
demócratas y republicanos, pero a la larga creo que la perspectiva
de que se puedan generar miles de empleos alentará el visto bueno
del contrato.
Arabia Saudita es uno de los más importantes compradores de armas
norteamericanas y entre el 2001 y el 2008 la cifra superó los 36 700
millones, según el Servicio de Investigaciones del Congreso de EE.UU.
Pero Israel, el principal aliado bélico de Washington, no quiere
quedarse atrás en ese reparto y, por tanto, negocia la compra de
aviones F-35, más avanzados que los aparatos que se venderían a Riad.
Impresiona que Tel Aviv no se conforme con ser el único por
aquellos parajes que tiene armas atómicas (entre 200 y 400) y el
que, gracias a la gentil colaboración norteamericana, ha
desarrollado una industria bélica con tecnología de punta,
convirtiéndolo —por ejemplo— en el mayor productor de aviones drones
(sin piloto) del mundo.
Israel en un principio planteó objeciones a la venta de armas
sofisticadas a Arabia Saudita, pero los de Washington aclararon con
rapidez mediática que "Estados Unidos no haría nada para alterar el
actual equilibrio de poder en la región".
Con estos argumentos y las concreciones de un comercio peligroso
en el que armas y petróleo se entrecruzan, no creo que existan dudas
sobre las verdaderas intenciones norteamericanas de afianzar su
dominio en esa volátil región, muy cercana al Golfo Pérsico y a
Irán.