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Las razones de Cuba
Bajo el signo del terror
La detención en Caracas de Francisco Chávez
Abarca demostró que las acciones violentas son un camino abierto
contra los movimientos de cambios en América Latina. Uno de los
protagonistas de la cadena de atentados contra hoteles cubanos a
finales de los 90, ahora también pretendía sembrar la muerte en
Venezuela
Deisy Francis Mexidor y
Marina Menéndez Quintero
Francis_mexidor@granma.cip.cu
Luis Posada Carriles sigue en libertad en Estados Unidos y
solamente se le acusa por transgresiones de leyes migratorias, pero
la detención el 1 de julio de uno de sus terroristas asalariados, el
salvadoreño Francisco Chávez Abarca, El Panzón, debe tenerlo
preocupado por lo que este sabe y ha hecho.
Buscado por la INTERPOL, Chávez Abarca intentaba ingresar a
Venezuela, ¿con qué objetivo?, se preguntaba el presidente Hugo
Chávez cuando formuló la denuncia al día siguiente ante las cámaras
de la televisión venezolana.
El
terrorista Chávez Abarca explica cómo colocó la bomba en el baño de
la discoteca Aché del hotel Meliá Cohiba.
Los propósitos han sido confesados por él. Pretendía reeditar en
ese país un plan macabro que ya había tenido sus "resultados" en
Cuba a finales de la década de 1990, cuando una escalada de
atentados contra los hoteles de la Isla dejó un muerto, varios
heridos y numerosos destrozos en el afán por desestimular el
turismo. Era el pretendido "golpe maestro" con el que la
ultraderecha de Miami, prohijada por las distintas administraciones
estadounidenses, pensaba acabar con una revolución que había
resistido desde 1959 las más disímiles y criminales confabulaciones
para derrotarla.
Chávez Abarca fue una pieza importante. No solo colocó tres de
aquellos artefactos explosivos; también contrató a mercenarios
centroamericanos para cumplir similar encomienda.
El pasado julio, 13 años después, reaparece en Caracas en las
vísperas del inicio de la campaña con vistas a las elecciones
legislativas de este 26 de septiembre en Venezuela, portador de
similares planes criminales y desestabilizadores, que tenían también
un mismo mentor: Luis Posada Carriles.
Trasladado a La Habana en virtud de las acusaciones que pesan
sobre él y provocaron su inclusión en la lista de alerta roja de
INTERPOL Cuba, durante el proceso investigativo en marcha Chávez
Abarca no ha escatimado detalles que confirman que en uno u otro
lugar los terroristas y los planes son los mismos.
Meses antes de su llegada al aeropuerto de Maiquetía —según
confesó— ya había recibido instrucciones de la Fundación Nacional
Cubano Americana (FNCA) y de Posada para desestabilizar a Venezuela.
El golpe de Estado contra José Manuel Zelaya en Honduras el 28 de
junio del 2009, los tenía eufóricos y acariciaban la idea que de
tener éxito el complot contra Venezuela, "la izquierda perdía
fuerza, porque era el país con más capacidad económica" en
Latinoamérica.
Entre reuniones y pláticas, cuenta, le empiezan a insinuar que
había que hacer acciones violentas y desestabilizadoras en Venezuela
a fin de afectar las elecciones. Podían ser manifestaciones, la
quema de llantas, bombas, atentados contra candidatos a la Asamblea
Nacional y contra el propio presidente Hugo Chávez. También le
aseguraron que existía mucho dinero en juego.
A juicio del estudioso del Centro de Investigaciones Históricas
de la Seguridad del Estado (CIHSE), José Luis Méndez, estos
elementos "nos dicen que los terroristas se están moviendo, están
activos. Son señales de alerta", precisó.
Por su parte, la acuciosa investigadora Eva Golinger opina que
junto a las diversas maneras de subversión utilizadas por
organizaciones pantalla de la CIA como la USAID y la NED, las
agresiones contra Venezuela se intensifican debido a una situación
regional en la que se consolida la Revolución bolivariana y sus
resonancias se reflejan en otros países como Bolivia y Ecuador.
CERRANDO EL CERCO
La apertura del proceso investigativo que sentará materialmente
en el banquillo a Chávez Abarca en La Habana no solo arroja luz
sobre los sucios planes contra Venezuela; es también la continuación
del que en 1999 juzgó al mercenario salvadoreño Raúl Ernesto Cruz
León y a los guatemaltecos María Elena González Meza, Nader Kamal
Musalam Barakat y Jazid Iván Fernández Mendoza: sus contratados para
sembrar el terror en la Isla.
Señalado por León en su momento como "el hombre que lo reclutó",
Abarca es desde entonces un culpable probado del que faltaba su
comparecencia ante el juez... y el pueblo de Cuba.
Sus actos contra nuestro país se inscriben en aquella escalada
criminal de los 90 contra los centros turísticos cubanos.
Con esas acciones, de paso, también proyectarían al mundo la
imagen de que aquí existía una inconforme y beligerante oposición.
Las bombas o los fuegos intencionales que caracterizaron los
sabotajes contra Cuba en los 60, fueron suplantados por pequeños
pero letales artefactos que los terroristas preparaban, ellos
mismos, antes de su colocación en los lugares más frecuentados por
los visitantes foráneos, y cuyo estallido podían programar con
varios días de antelación.
Bastaban una sencilla calculadora de bolsillo, un reloj, un
detonador, algunos cables, y la sustancia C-4, un explosivo militar
de alto poder destructivo con apariencia de plastilina que los
criminales, usando la fachada de turistas, introducían en Cuba
enmascarados en supuestamente inofensivos tubos de pasta dental,
estuches de desodorante o pomos de champú. Pero alguno de aquellos
alijos de C-4 incautados habría bastado para hacer estallar aviones
en pleno vuelo.
Los encargados de colocar los explosivos en la Isla durante
aquella etapa ya no serían cubanos, ni siquiera procedentes de
Estados Unidos, sino mercenarios reclutados en un tercer país,
fundamentalmente, en la región de Centroamérica, donde se estableció
la base de una red pagada desde Miami por la FNCA.
Entre sus principales jefes en el istmo estarían Posada Carriles
—entonces residente en El Salvador bajo distintos seudónimos como
Ignacio o Ramón Medina—, y Arnaldo Monzón Plasencia, directivo de la
FNCA y residente en Nueva Jersey, quien desde esa posición realizaba
el financiamiento de grupos terroristas con asiento en Florida como
Alpha 66.
Serían los años 1995 o 1996. El taller de autos Moldtrock,
propiedad del hermano de José Ramón San Feliú Rivera, en la capital
salvadoreña, fue el escenario donde Chávez Abarca conoció a Posada.
No existía mejor sitio, porque San Feliú estaba estrechamente
vinculado a Posada Carriles, además, al igual que su padre, Ramón
San Feliú Mayoral, tenía fuertes nexos con el entonces gobernante
derechista partido ARENA.
Durante aquel encuentro Posada le habla primero de traer
explosivos a Cuba, y luego él mismo "ya me muestra todas las cosas,
cómo se hacía una bomba".
"Él se encarga de los pasajes y la estadía y todo, yo solo doy mi
pasaporte", afirma. Y le indica que podía meter los explosivos en
unas botas color "café".
Le pagarían 2 000 dólares por bomba que estallara. En su fechoría
colocó tres pero una de ellas fue la que detonó. No obstante, los
desastres en la discoteca Aché del Hotel Meliá Cohiba le valieron
las congratulaciones de personajes como "Arnaldo Monzón, que era El
Joyero; llegó (Guillermo) Novo Sampol, llegó Pedro (Crispín) Remón,
llegó Posada y me felicitan por lo que había sucedido".
"Ellos querían lograr que Cuba fuera puesto entre los países
‘peligrosos’ para los turistas (... ) Es ahí que ya conocí a Raúl
Ernesto Cruz León; le hago la propuesta claramente de lo que se iba
a hacer, adónde se iba a hacer, que él iba a ir a conocer primero,
que él podía decidir si veía la factibilidad de hacerlo o no, si lo
hacía o no, y me dijo que sí, que si todo estaba bien, que él estaba
de acuerdo", narra Abarca durante el proceso de instrucción.
"Se le compran a Raúl un par de botas para traer los explosivos,
los plumones para guardar los detonadores, se compra también como
opción un despertador, porque no se podían traer los dispositivos
electrónicos, las baterías. Se le prepara todo a Raúl, se lo prepara
Posada y me lo entrega".
"No tengo ningún recuerdo bueno de Posada", asevera, pues trata a
las personas "como objetos descartables", incluso luego del arresto
de Cruz León y que salieron sus declaraciones, Posada le ordenó "que
había que matar la familia de Raúl, que yo me encargara de eso". Fue
él quien le pidió también "que había que seguir poniendo bombas".
Entonces Chávez Abarca colocó otra el 24 de mayo de 1997 en la
oficina de la compañía Cubanacán Internacional de México S.A. de C.V.,
en la capital mexicana.
SUBVERSIÓN Y TERRORISMO SON SINÓNIMOS
La historia es conocida: a consecuencia de la oleada de atentados
en Cuba perdió la vida el joven italiano Fabio Di Celmo y varias
personas resultaron heridas.
Pero las continuas declaraciones de Luis Posada Carriles en las
que reitera no arrepentirse de nada de lo que ha hecho y de que hay
que blandir el hacha de la guerra contra Cuba, confirman que los
planes terroristas no son un tema antiguo.
El 26 de junio último, el socio de Posada Carriles, Novo Sampol,
animado por la actitud tolerante del gobierno de Estados Unidos,
ratificó en una entrevista igual postura que su compinche.
Tanto él como Posada, junto a Jiménez Escobedo y Crispín Remón,
fueron arrestados en el 2000 en Panamá cuando pretendían volar con
C-4 el Paraninfo de la Universidad, durante la presencia de Fidel en
las actividades por la X Cumbre Iberoamericana celebrada en ese
país.
Los cuatro terroristas compraron su indulto en el 2004. Reconoció
Chávez Abarca que sus socios le habían contado que en el mismo avión
en que salieron de Ciudad de Panamá iba el millón de dólares que se
le pagó a la entonces presidenta Mireya Moscoso por dejarlos libres.
El triunfo de la Revolución cubana el Primero de Enero de 1959
puso en crisis la hegemonía de Estados Unidos en el continente
latinoamericano.
Las bases políticas del sistema de dominación imperial,
sustentadas en los principios de Seguridad Nacional, no podían
asimilar la existencia de un proyecto social diferente gestado fuera
de los escenarios de los centros de decisión del establishment.
Este constituye el punto de partida para comprender por qué la
subversión y el terrorismo se insertaron desde entonces en la
política que promueven contra la nación caribeña.
No es secreto que después del fracaso de la invasión mercenaria
por Playa Girón, en abril de 1961, la Casa Blanca tuvo que reconocer
una realidad nueva: la Isla no podía ser aplastada por la vía de
golpes militares internos o externos, respaldados por campañas de
propaganda y la manipulación de organismos regionales, método
seguido hasta ese momento para enfrentar a los movimientos
revolucionarios latinoamericanos, según el criterio del doctor
Jacinto Valdés-Dapena Vivanco, del CIHSE.
Desde Washington se fomentaron operaciones de inteligencia con
vista a medir el contenido de las acciones de las fuerzas
revolucionarias, sus perspectivas, proyecciones; crear redes de
agentes para la realización de actividades de espionaje, terrorismo,
sabotaje y propaganda subversiva; el desarrollo sistemático de
campañas de propaganda dirigidas a desacreditar el programa político
de la Revolución y aupar condiciones internas en el orden social y
económico para provocar un clima político contrarrevolucionario.
Estuvieron en el colimador de EE.UU., los propósitos de aislar
diplomáticamente a la Revolución cubana; desplegar los medios de la
guerra económica para impedir nuestro desarrollo social y fabricar,
mediante métodos encubiertos, grupos denominados "disidentes" para
presentar ante la opinión pública internacional la imagen de la
existencia de una oposición política interna que opera como una
fuerza alternativa a la revolución.
Desde 1959 empezó esa guerra sucia ilimitada contra Cuba, en la
que han sobresalido toda una serie de grupos terroristas auspiciados
por la CIA que tenían como misión el derrocamiento violento de la
Revolución cubana, fundamentalmente utilizando la opción de la
eliminación física de Fidel.
Hoy, a esas pretensiones, también se suma la escalada contra la
República Bolivariana de Venezuela y su presidente Hugo Chávez,
símbolos de los nuevos aires que recorren América Latina.
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Muestras de la Escalada Terrorista contra
Cuba a finales de 1990 |
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Marzo de 1995.—Intento de explosión en
Varadero y captura de los terroristas cubanos Santos Armando
Martínez Rueda y José Enrique Ramírez Oro.
12 de abril de 1997.— Explosión en la discoteca Aché, del
Meliá Cohiba. Explosivo colocado por el terrorista
salvadoreño Francisco Chávez Abarca.
30 de abril de 1997.—Hallazgo de artefacto explosivo en el
piso 15 del hotel Meliá Cohiba. Fue desactivado. Ejecutor:
Chávez Abarca.
12 de julio de 1997.—Explosiones en los hoteles Capri y
Nacional. Autor: Ernesto Cruz León.
4 de agosto de 1997.—Explosión en el lobby del Meliá Cohiba.
Ejecutor: Otto René Rodríguez Llerena.
22 de agosto de 1997.—Explosión en el hotel Sol Palmeras,
Varadero.
4 de septiembre de 1997.—Explosiones en los hoteles
Copacabana, Chateau-Miramar y Tritón, y en la Bodeguita del
Medio. Ejecutor: Ernesto Cruz León.
4 de marzo de 1998.—Detenidos en el aeropuerto José Martí
los guatemaltecos María Elena González Meza y Nader Kamal
Musalam Barakat, cuando intentaban introducir explosivos al
país.
10 de junio de 1998.—Detenido en el aeropuerto, en su
segundo viaje a Cuba, el salvadoreño Otto René Rodríguez
Llerena. |
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