El
actor británico Anthony Hopkins está de plácemes con el reciente
estreno de You hill meet a tall dark stranger, el filme que rodó
bajo la dirección del cineasta norteamericano Woody Allen, una de
las más caras aspiraciones de su carrera, reporta Prensa Latina.
Anthony Hopkins, actor protagonista del más reciente estreno de
Woody Allen.
La cinta salda una deuda acumulada tras largos años de espera,
desde 1994 cuando ambos se conocieron y Hopkins viajó en tren de Los
Angeles a Nueva York para conversar con Allen sobre una posible
participación suya en una película del director de Hannah y sus
hermanas.
La posibilidad se concretaría una década y media más tarde, en
2009, pero el actor lo recuerda sin sabor amargo alguno. Seducido
por Allen lo califica de genio. Cuando el entra a una habitación
todo el mundo guarda silencio, en señal de respeto, asegura. Tiene
un estilo de dirección franco y directo, le bastan tres o cuatro
tomas para sellar una escena, especifica.
Su personaje de Alfie, en el nuevo largometraje de Allen, guarda
cierto parentesco, aunque desde un prisma distinto, con la crisis
existencial por la que atravesó hace algun tiempo el propio Hopkins.
Entonces anunció su inminente retiro del cine, en medio de un
rechazo profundo al mundillo de Hollywood, su glamur y adicción al
falso oropel farandulesco.
Solo que la crisis de Alfie responde a una razón menos
filosófica. Es la de un hombre recién divorciado que, al perder la
autoestima y el asidero en una vida en apariencia estable, da un
giro de 180 grados para afrontar su fracaso utilizando como puente
una relación de alto voltaje con una prostituta.
A los 73 años y con una trayectoria que envidiaría cualquier
actor que se respete, Hopkins parace haber encontrado la paz consigo
mismo. Basta una mirada para comprobarlo. Trasunta serenidad y su
mirada ha perdido el filo de ironía cortante de otrora.
Muchos se lo atribuyen a su nueva esposa Stella Arroyave, de 54
años. "Es más joven que yo y quiere que viva mucho tiempo, así que
no paro de hacer ejercicio físico", bromea.
Desde hace varios años ostenta un título de nobleza, el de Sir,
otorgado por la reina Isabel de Inglaterra, pero ese honor le
resulta tan indiferente como un paisaje mortecino visto a través de
la ventanilla de un tren en marcha. En realidad su señorío reside en
un talento que resiste a pie firme el paso de los años sin perder un
miligramo de su poderío.
Tal vez lo sepa, tal vez no, de todos modos parece no atribuirle
demasiada importancia cuando hace un repaso de su carrera y afirma
que, de joven, soñaba con sentarse, en la madurez, a ver toda su
filmografía desfilar por una pantalla casera. Ahora asegura que esa
experiencia solo le provocaría un aburrimiento mortal.
La verdad es que no suelo echar la vista atrás, sostiene. No vivo
del pasado.
Su trayectoria está orlada de títulos como El silencio de los
corderos (Oscar al mejor actor), Howard end, Nixon, La marca del
zorro, Drácula, pero la galería de sus personajes preferidos es
reducida y entre ellos no incluye al diabólico Hannibal Lecter, el
caníbal de torcida sonrisa que obligó a Jodie Foster a tensar al
máximo sus posibilidades expresivas.
Sus protagónicos predilectos son el Alfie de la cinta de Allen,
el que acaba de interpretar en The rite -para él uno de los más
satisfactorios en mucho tiempo- y también el de Thor, enumera.
Por ahora a Hopkins solo le interesa no envejecer demasiado
rápido y mantenerse en forma. Envejecer cada día resulta peor. Se te
caen los dientes, ironiza con humor punzante y deja abierta la frase
con una hilera de puntos suspensivos. Después, remata, te mueres.