La fuerza y la sensualidad de la cultura africana traducidas al
movimiento se aprecian en Lambarena, coreografía del Premio Nacional
de Danza Eduardo Rivero, estreno de la compañía Teatro de la Danza
del Caribe.
Inspirada en las festividades precoloniales de una aldea de ese
nombre en Gabón, Rivero reafirma su interés en el arte africano,
génesis sociocultural de la identidad caribeña.
Enérgica y alegre, es una remembranza de las fiestas en que la
realeza y los aldeanos se reunían para cantar y bailar a los dones
de la vida y la naturaleza, ataviados con sus mejores galas.
A través del énfasis en los movimientos ondulantes y percutidos
de caderas y brazos, semejando los bailes de origen yoruba y arará,
el autor realiza un despliegue de todos los bailarines de la
compañía sobre la escena con un colorido vestuario.
Personajes populares y la filosofía optimista de los pueblos
africanos se expresan como símbolos de la vitalidad y alegría de sus
pueblos, dijo la AIN.
La música es un tejido de voces de los cantos del Gabón, ritmos
subyacentes de la selva africana y la armonía barroca de Johann
Sebastian Bach, hilvanada por Hughes de Courson, compositor y
productor francés, y Pierre Akendenquè, filósofo y guitarrista
gabonés.
Un renovado y muy joven elenco de la prestigiosa compañía
presentó la obra, calificada por Rivero -autor de piezas
emblemáticas de las tablas cubanas como Sulkary y Okantomí- como una
de las más complejas de su repertorio.
Teatro de la Danza del Caribe, fundada en 1988, utiliza las
técnicas de la danza moderna y contemporánea para mostrar los
componentes mestizos de la identidad afro-caribeña y cubana.