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El afán se cuela por las soldaduras
Yudy Castro Morales
Quizás habría que observar de otro modo las grandes
edificaciones, o las armazones metálicas que las sostienen para
apreciar el valor de los electrodos. Ellos son los artífices de cada
unión mecánica, aunque para muchos solo sean simples "varillas de
soldar".
Justamente
su amplio diapasón de utilidades los sitúa entre los programas
priorizados de la empresa Cometal, cuyas producciones intentan
reducir, tanto como sea posible, las compras en el mercado
internacional.
Con filiales diseminadas por todo el archipiélago, esta entidad
también intervine en la fabricación de tejas galvanizadas, paneles,
estructuras modulares, elevadores... Y vale recordar su protagonismo
durante el montaje de todas las salas de video y los Joven Club del
país.
Además de la producción y el ensamblaje de las piezas y partes
electrónicas de 21 ascensores este año, la empresa presta servicio
al 93% de dichos equipos en las instalaciones turísticas, y al 72%
del Ministerio de Salud. También tiene incorporado un sistema de
alarma, al cual pueden acceder los usuarios con solo marcar el 1 88
88.
EN CASA DEL HERRERO...
Si no existieran dos fábricas de electrodos en Cuba: una
perteneciente a Cometal, situada en el municipio capitalino de
Arroyo Naranjo, y otra ubicada en Nuevitas, Camagüey, entonces
estaría justificada la recurrencia a ofertas extranjeras para
satisfacer la demanda nacional.
Persistir en las importaciones, desaprovechando capacidades
instaladas es casi una deferencia a la irracionalidad. Máxime cuando
la tonelada de electrodos puede costar hasta 3 600 dólares en el
exterior, cifra que duplica los gastos de fabricación aquí.
De las 5 000 toneladas que actualmente precisa la industria, la
División de Ciudad de La Habana cubriría al menos el 50%, si contara
con un suministro constante de materias primas. Pero la idea de que
este año apenas llegará a la mitad de sus posibilidades suscita los
criterios de Nairys Izquierdo, directora técnico-productiva de
Cometal.
Cuando se trabaja con componentes importados, el riesgo de
detener el proceso está siempre latente, asevera Nairys, y por otro
lado insiste en la importancia de lograr competitividad en los
insumos cubanos para evitar atrasos y gastos considerables.
Antillana de Acero —explica— podría garantizarnos el alambre, el
cual constituye el 78% de la materia empleada en la confección de
electrodos. Sin embargo, la mala calidad de esas fabricaciones
impide su utilización. Tan solo con adquirir las varillas a una
distancia de 23 kilómetros, ¿cuánto se ahorraría?
Camufladas entre tales incongruencias permanecen las reservas aún
por explotar en el plano de la eficiencia económica. Hacer
coherentes los ciclos productivos de empresas como estas, incluso
asociadas a un mismo Ministerio, implica un fuerte apego a la
planificación, devenida estrategia de desarrollo.
SOLDADURAS DE ESFUERZO
Después de 20 años en la División de electrodos, a Raúl Rodríguez
Piedra no se le escapa un detalle de la fábrica. Y por si fuera
poco, este hombre, al frente de la brigada de mantenimiento, cada
día le reserva un espacio a la inventiva, al esfuerzo, la entrega...
Por fortuna, su espíritu se ha impregnado en el colectivo, tanto
que fueron los propios trabajadores quienes remozaron la planta,
ahorrándole al país alrededor de un millón de pesos por mano de
obra.
Al iniciarse las labores constructivas, rápidamente aparecieron
"albañiles, carpinteros, plomeros", rememora Rodríguez, mientras
describe el entusiasmo que generó el montaje, en noviembre del 2009,
de una nueva maquinaria.
"Antes apenas se alcanzaba una tonelada en ocho horas, sin
embargo, la inversión, cuyo costo ascendió al cuarto de millón de
CUC, ha incrementado la producción hasta diez toneladas en 12
horas", precisa Sergio Armada, director de la División, quien no
duda en reconocer la entrega de sus obreros.
A fuerza de empeño confeccionaron una máquina para recuperar los
electrodos defectuosos, mediante la cual limpian el alambre para
luego volver a revestirlo con el fundente. Además fabricaron otro
equipo para hacer grapas con los residuos.
De manos de la innovación fueron capaces de acoplar la línea
antigua al nuevo andamiaje, con el fin de ampliar la capacidad
productiva, e hicieron más eficiente el horno.
Al parecer los contratiempos con la disponibilidad de materias
primas, no han podido restarles creatividad. Nada inusual para un
colectivo, donde el afán se cuela por las soldaduras. |