El afán se cuela por las soldaduras

Yudy Castro Morales

Quizás habría que observar de otro modo las grandes edificaciones, o las armazones metálicas que las sostienen para apreciar el valor de los electrodos. Ellos son los artífices de cada unión mecánica, aunque para muchos solo sean simples "varillas de soldar".

Foto: Ricardo López HeviaJustamente su amplio diapasón de utilidades los sitúa entre los programas priorizados de la empresa Cometal, cuyas producciones intentan reducir, tanto como sea posible, las compras en el mercado internacional.

Con filiales diseminadas por todo el archipiélago, esta entidad también intervine en la fabricación de tejas galvanizadas, paneles, estructuras modulares, elevadores... Y vale recordar su protagonismo durante el montaje de todas las salas de video y los Joven Club del país.

Además de la producción y el ensamblaje de las piezas y partes electrónicas de 21 ascensores este año, la empresa presta servicio al 93% de dichos equipos en las instalaciones turísticas, y al 72% del Ministerio de Salud. También tiene incorporado un sistema de alarma, al cual pueden acceder los usuarios con solo marcar el 1 88 88.

EN CASA DEL HERRERO...

Si no existieran dos fábricas de electrodos en Cuba: una perteneciente a Cometal, situada en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo, y otra ubicada en Nuevitas, Camagüey, entonces estaría justificada la recurrencia a ofertas extranjeras para satisfacer la demanda nacional.

Persistir en las importaciones, desaprovechando capacidades instaladas es casi una deferencia a la irracionalidad. Máxime cuando la tonelada de electrodos puede costar hasta 3 600 dólares en el exterior, cifra que duplica los gastos de fabricación aquí.

De las 5 000 toneladas que actualmente precisa la industria, la División de Ciudad de La Habana cubriría al menos el 50%, si contara con un suministro constante de materias primas. Pero la idea de que este año apenas llegará a la mitad de sus posibilidades suscita los criterios de Nairys Izquierdo, directora técnico-productiva de Cometal.

Cuando se trabaja con componentes importados, el riesgo de detener el proceso está siempre latente, asevera Nairys, y por otro lado insiste en la importancia de lograr competitividad en los insumos cubanos para evitar atrasos y gastos considerables.

Antillana de Acero —explica— podría garantizarnos el alambre, el cual constituye el 78% de la materia empleada en la confección de electrodos. Sin embargo, la mala calidad de esas fabricaciones impide su utilización. Tan solo con adquirir las varillas a una distancia de 23 kilómetros, ¿cuánto se ahorraría?

Camufladas entre tales incongruencias permanecen las reservas aún por explotar en el plano de la eficiencia económica. Hacer coherentes los ciclos productivos de empresas como estas, incluso asociadas a un mismo Ministerio, implica un fuerte apego a la planificación, devenida estrategia de desarrollo.

SOLDADURAS DE ESFUERZO

Después de 20 años en la División de electrodos, a Raúl Rodríguez Piedra no se le escapa un detalle de la fábrica. Y por si fuera poco, este hombre, al frente de la brigada de mantenimiento, cada día le reserva un espacio a la inventiva, al esfuerzo, la entrega...

Por fortuna, su espíritu se ha impregnado en el colectivo, tanto que fueron los propios trabajadores quienes remozaron la planta, ahorrándole al país alrededor de un millón de pesos por mano de obra.

Al iniciarse las labores constructivas, rápidamente aparecieron "albañiles, carpinteros, plomeros", rememora Rodríguez, mientras describe el entusiasmo que generó el montaje, en noviembre del 2009, de una nueva maquinaria.

"Antes apenas se alcanzaba una tonelada en ocho horas, sin embargo, la inversión, cuyo costo ascendió al cuarto de millón de CUC, ha incrementado la producción hasta diez toneladas en 12 horas", precisa Sergio Armada, director de la División, quien no duda en reconocer la entrega de sus obreros.

A fuerza de empeño confeccionaron una máquina para recuperar los electrodos defectuosos, mediante la cual limpian el alambre para luego volver a revestirlo con el fundente. Además fabricaron otro equipo para hacer grapas con los residuos.

De manos de la innovación fueron capaces de acoplar la línea antigua al nuevo andamiaje, con el fin de ampliar la capacidad productiva, e hicieron más eficiente el horno.

Al parecer los contratiempos con la disponibilidad de materias primas, no han podido restarles creatividad. Nada inusual para un colectivo, donde el afán se cuela por las soldaduras.

 

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