Señor Presidente:
En Cuba, las metas previstas en la Declaración del Milenio han
sido cumplidas prácticamente en su totalidad, y en algunos casos
superadas con creces. Nuestro compromiso rebasa las fronteras del
país y ha permitido contribuir al desarrollo social de otras
naciones del Tercer Mundo.
Ello
es resultado directo de una Revolución que ha puesto como prioridad
el bienestar de la población, en un clima de equidad y justicia
social. Es fruto de la sociedad que construimos, basada en la
solidaridad. Es, además, un éxito logrado a pesar del bloqueo
económico, comercial y financiero impuesto al pueblo cubano, durante
medio siglo, por el gobierno de los Estados Unidos.
Señor Presidente:
Nos alientan y alegran los altos índices alcanzados por la
Revolución Bolivariana en Venezuela, gracias a profundas políticas
sociales desarrolladas por el Presidente Chávez, pese a los intentos
por desestabilizar a esa hermana nación que lucha y avanza. Sentimos
honda satisfacción también por los significativos resultados
presentados por Bolivia, Nicaragua y Ecuador a partir del compromiso
y acción de sus gobiernos.
Los estados miembros de CARICOM han alcanzado también avances.
Los niveles de cooperación e integración solidarios en el ALBA han
sido un factor positivo en este sentido. El gobierno del presidente
Lula, en Brasil, ha cosechado asimismo resultados tangibles en
materia social que merecen reconocimiento.
Sin embargo, estos progresos no han dependido de la ayuda
internacional de los países desarrollados, la cual es casi
inexistente, ni de cambios positivos en el orden económico global,
que continúa siendo sumamente injusto y expoliador, a favor de los
países ricos.
Los hechos hablan por sí solos: el intercambio desigual se ha
profundizado; la asistencia oficial al desarrollo se ha contraído en
términos reales; la transferencia de tecnología sigue siendo muy
limitada y altamente condicionada; los mercados de las economías más
avanzadas permanecen restringidos para las exportaciones de los
países pobres; la deuda externa se ha pagado varias veces pero se
multiplica, y la desregulación y corrupción financiera en los países
desarrollados ha provocado una crisis global con consecuencias
especialmente negativas para las economías subdesarrolladas.
Como consecuencia, avergüenza reconocer que la cantidad de
personas que viven en la pobreza extrema aumentó en unos 36 millones
entre 1990 y el 2005. El número de personas que padecen hambre a
nivel mundial se incrementó de 842 millones en el periodo entre 1990
y 1992, a la cifra récord de 1 020 millones en el año 2009, mientras
2 000 millones de personas padecen carencias nutricionales. En
África Subsahariana y en partes de Asia, la pobreza y el hambre
permanecen a niveles tales que hacen muy difícil su reducción.
Cabe preguntarse, entonces, ¿a qué cooperación internacional nos
estamos refiriendo cuando ni remotamente se alcanza el compromiso
del 0,7 del Producto Interno Bruto de los países desarrollados como
Asistencia Oficial al Desarrollo, mientras esos mismos países son
los principales responsables de un gasto militar mundial que
asciende a la cifra espeluznante de 1,4 billones de dólares, lo que
representa el 2,4% del PIB mundial?
¿De qué metas de desarrollo estamos discutiendo cuando, debido a
la ausencia de voluntad política de los países desarrollados, no es
posible siquiera llegar a compromisos sustanciales para la reducción
de las emisiones de gases de efecto invernadero, que ponen en
peligro el equilibrio climático del planeta y constituyen la amenaza
más trascendental a la supervivencia misma de nuestra especie?
¿Acaso podría ignorarse el agravamiento de la crisis alimentaria
y del agua en condiciones de explosión demográfica mundial?
¿Cómo hablar de desarrollo y examinar si las modestas metas del
año 2000 se han cumplido, sin recordar que en la Cumbre del Milenio
también asumimos un compromiso a favor de la paz? ¿Qué esperanza
podemos albergar de cumplir esas metas para el año 2015, si como ha
estado advirtiendo Fidel Castro, se incrementan las referencias a la
posibilidad de una agresión militar contra Irán, que, de producirse,
provocará millones de muertes, afectará la vida de miles de millones
de personas y agudizará el hambre y la pobreza en el planeta?
¿Qué ha ocurrido con los compromisos sobre el desarme nuclear y
completo, más allá de la manipulación destinada a reducirlos a la
dimensión de la no proliferación? ¿Cuál es la lógica que dicta la
conservación y permanente desarrollo de 25 000 ojivas nucleares con
capacidad para multiplicar la destrucción de Hiroshima y Nagasaki en
440 000 veces? ¿Cuáles serían las consecuencias de un conflicto
nuclear, incluso local o regional, para la vida en el planeta?
La ausencia de solución a los problemas más graves del desarrollo
y a los padecimientos de los miles de millones de personas que viven
en condiciones de pobreza y subdesarrollo, afectará también, como ya
está afectando, a las sociedades industrializadas, donde los
desempleados crecen y se expanden políticas migratorias salvajes.
Tocará a las puertas de todos, sea por la vía de los flujos
migratorios descontrolados e inmanejables, por medio de las
enfermedades y las epidemias como consecuencia de los conflictos
generados por la pobreza y el hambre, o como resultado de hechos hoy
impredecibles.
Las Naciones Unidas traicionarán su razón de ser si no toman
conciencia de estas realidades y actúan ahora. Tenemos la honda
convicción de que, para que la especie humana sobreviva habrá que
construir un nuevo orden económico y político internacional, basado
en los principios de solidaridad, justicia social, equidad y respeto
a los derechos de los pueblos y de cada ser humano. Aún es posible
hacerlo aunando voluntades.
Para ello, Cuba hará hasta lo imposible.
Muchas gracias.