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Europa del Este: un recuento necesario
El “delito” de ser comunista
ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
Opacadas por el gran despliegue mediático en relación con la
crisis económica mundial y en particular la que se vive en los
países de la Europa del centro y este, las manifestaciones
ultraderechistas y anticomunistas apenas son objeto de atención por
las agencias de prensa de esos lugares.
Sin embargo, tanto en la República Checa como en Polonia, Hungría
y otras naciones de esa área geográfica, se ha vivido en las últimas
dos décadas un acoso a toda agrupación comunista o simplemente de
izquierda, y en los últimos tiempos el afianzamiento de gobiernos de
derecha en algunos de estos países, ha reverdecido dichas prácticas
hasta con propuestas de ilegalizar esas organizaciones.
En la República Checa, por ejemplo, una comisión del Senado se
encarga ahora de investigar la constitucionalidad del Partido
Comunista de Bohemia y Moravia (PCBM), dictaminando que el primer
ministro pida al Tribunal Supremo que lo declare ilegal.
Entre las exigencias que se esgrimen está la de que esa
agrupación cambie de nombre y renuncie a la ideología comunista.
Coincidentemente con toda esta fanfarria anticomunista, que no es
nueva en la República Checa, se produjo la confirmación oficial del
gobierno de Estados Unidos de que el Centro de Alerta Anticipada del
nuevo sistema antimisiles proyectado por la administración de Barack
Obama, se ubicará en las cercanías de Praga.
El hecho de tratar de ilegalizar al Partido Comunista se vincula
con las elecciones de octubre próximo, donde debe renovarse un
tercio del Senado. Evitar que el PCBM acuda, haría más factible un
crecimiento de los parlamentarios de derecha.
Recordemos además que el año pasado, en una reunión de
presidentes del Senado de los países centroeuropeos, se emitió una
declaración —a propuesta del anfitrión checo—, donde se llama al
Parlamento Europeo a equiparar los crímenes cometidos por el nazismo
con los que, según los revisionistas de estos tiempos, cometieron
los comunistas en la época soviética.
Súmese a todas estas aberrantes medidas de los gobiernos checos
postsocialistas, la prohibición del uso o divulgación de símbolos
como la hoz y el martillo, y otros.
Ya antes, en el año 2006, la organización juvenil comunista de la
República Checa (KSM) fue ilegalizada, lográndose la recuperación de
su legalidad por una amplia campaña de solidaridad nacional e
internacional.
No obstante toda la persecución contra los comunistas checos, en
las recientes elecciones parlamentarias este partido ocupó el cuarto
lugar en las preferencias electorales, lo cual le permitió
mantenerse en el Parlamento —además tiene cuatro representantes
europarlamentarios.
TAMBIÉN EN POLONIA
En Polonia igualmente el anticomunismo ha sido estandarte de
muchas de sus autoridades gubernamentales de estos tiempos, bajo los
designios de sus mentores en Washington.
No por casualidad fue, junto a la República Checa, la elección
norteamericana en tiempos de Bush para instalar el escudo
antimisiles que apuntaría hacia Rusia y que ahora, en tiempos de
Obama, ha cambiado su nombre por el de sistema de intercepción de
supuestos misiles que se dispararían del lejano Irán.
En lo interno, todo lo que oliera a comunismo fue marginándose de
las estructuras nacionales, y en el año 2007 se realizó una
"limpieza" en la Cancillería polaca, de la que fueron separados o
jubilados de sus cargos todos los funcionarios que trabajaron en
época anterior al derrumbe socialista de 1989, o que estudiaron en
Rusia.
En Varsovia se creó un Instituto de la Memoria que no es otra
cosa que un mecanismo para facilitar la persecución de colaboradores
de los ex gobiernos de la época socialista.
Entre las medidas adoptadas entonces está la suspensión de
pensiones para quienes fueron miembros del ejército o cumplieron
tareas en el Gobierno polaco anterior a 1989.
Este año entró en vigor en Polonia el artículo 256 del Código
Penal que establece que la producción, adquisición, almacenamiento,
transporte o poseer y mostrar grabados, grabaciones o elementos de
otro tipo que sean símbolos de los regímenes fascistas o comunistas,
pueden sancionarse hasta con dos años de cárcel.
Llamo la atención sobre la repetición del esquema que equipara
fascismo y comunismo, y que en la "sociedad democrática" que
sustituyó a los gobiernos socialistas, se apliquen medidas tan
discriminatorias y autoritarias.
EN HUNGRÍA Y OTROS PAÍSES
Con patrones similares a los checos y polacos, en la Asamblea
Nacional de Hungría se modificó un artículo del Código Penal para
igualar fascismo con comunismo y establecer que "quien públicamente
niegue, cuestione o reste importancia al genocidio y otros hechos
contra la humanidad cometidos por los sistemas nacional socialista y
comunista, incurre en delito que puede ser sancionado con privación
de libertad de hasta tres años".
Antes, en 1993, la estrella roja y la hoz y el martillo fueron
declarados símbolos dictatoriales y se prohibió su uso público.
Incluso, la furia anticomunista húngara tuvo su expresión cuando se
planteó en el Parlamento la idea de prohibir el Munkápárt (Partido
Obrero), lo que no prosperó.
En Rumania, la ley 51-1991, en su artículo 3, relativo a la
"seguridad nacional", impone graves penas de prisión y multas para
quien apoye o forme parte del Partido Comunista.
Es solo un recuento inconcluso de lo que ocurre en sociedades, en
las cuales la implantación del capitalismo no solo ha elevado los
índices de pobreza y marginalidad, sino que ha mutilado la tan
necesaria memoria histórica y para ello la cruzada anticomunista es
su mayor expresión. |