La necesidad de combatir con sistematicidad el mosquito Aedes
aegypti, agente transmisor del dengue, constituye una tarea de
primer orden para el país, ante todo por la necesidad de
salvaguardar la salud del pueblo, algo que siempre ha tenido la
máxima prioridad del Estado revolucionario.
Sin embargo, no debe menospreciarse el enorme costo económico que
significa mantener año tras año una campaña de tal magnitud, para la
cual la dirección de la nación se ve obligada a invertir cuantiosas
sumas de dinero a fin de adquirir los plaguicidas, el combustible y
otros recursos necesarios, además de la enorme cantidad de personas
obligadas a dedicarse, casi a tiempo completo, a la tarea.
Por eso molesta tanto la irresponsabilidad que muestran algunos,
lo cual provoca la permanencia del vector, año tras año, en
determinados lugares como Santa Clara, ciudad que desde el 2002 no
ha podido desprenderse del indeseable enemigo, y hoy acumula casi el
98% del total de focos de la provincia, según reconoció el doctor
Orlando Díaz Gómez, director del Centro Provincial de Higiene y
Epidemiología.
Para que se tenga una idea del costo del enfrentamiento al Aedes,
baste decir que solo la capital de Villa Clara ha consumido en lo
que va de año 3 500 litros de plaguicidas, a un costo de 32 256
pesos; ocho toneladas de abate y un millón 105 000 frascos de
Bactivec, que cuestan 0.30 centavos de dólar cada uno.
El gasto de combustible también ha sido elevado. Cada mes se
emplean 30 000 litros de petróleo y 10 000 de gasolina, algo que
resulta insostenible para un país como el nuestro.
Cabría preguntarse si la economía cubana está en condiciones de
continuar soportando cada año gastos excesivos a causa de la
irresponsabilidad. En esta, como en otras muchas tareas, también es
necesario que impere la racionalidad y el orden.
Resulta incomprensible el incremento desmedido del número de
focos de un año a otro en 1 824, en lo cual incide, de acuerdo con
los criterios del doctor Díaz Gómez, la mala calidad del trabajo
focal realizado por los encargados de la campaña y la pobre
percepción de riesgo de la población que aún no comprende que la
posibilidad de contraer enfermedades está a la vuelta de la esquina
si no detenemos la progresión del insecto.
La indisciplina social que rodea a la campaña y la falta de
completamiento de la plantilla del personal encargado de batir al
vector han sido otros elementos conspirativos con el éxito de la
labor. En estos momentos faltan 100 operarios a pesar del esfuerzo
del Ministerio del Trabajo y las autoridades del territorio por
resolver el déficit.
Cómo entender que la semana anterior se detectaran en Santa Clara
159 focos y fueran aplicadas solo cinco multas. Ello explica por qué
esta urbe presenta uno de los peores indicadores de sanciones
pecuniarias por casas registradas, que es de una cada 6 966.
Y no solo el sector residencial es indolente ante el Aedes. Entre
el 1ro. de agosto y el 5 de septiembre se detectaron 20 focos en
distintos centros de trabajo de la urbe, lo cual muestra la desidia
de algunas administraciones ante el tema.
De nada vale el extraordinario esfuerzo del personal de Salud y
las principales autoridades políticas y gubernamentales del
territorio, si este no va acompañado por quienes deben concretar la
estrategia planteada en cada lugar para evitar que el mosquito
continúe picando a las personas y a la economía.