"Acabando de hablar el Comandante en Jefe, nos reunimos en esta
misma casa ocho personas y organizamos el CDR", recuerda Irene,
quien desde entonces y a pesar de contar actualmente con 84 años de
edad, ha sido su única presidenta.
Con
sus 84 años, Irene Vitón (a la izquierda) continúa enérgica y
combativa al frente del CDR de su cuadra.
Medio siglo después, la encontramos en aquel propio sitio de la
cabecera municipal de Consolación del Sur, tan lúcida y enérgica
como debió ser en aquellos momentos de incertidumbre, cuando la
clase desplazada del poder apostaba a que la Revolución tenía los
días contados.
Junto a sus hermanas Caridad y Zoila, también fundadoras, Irene
desanda en el tiempo vivencias que en su momento fueron tareas
cotidianas y hoy constituyen historia.
"Tomamos para el CDR el nombre del mártir Miguel Cabañas Perojo,
expedicionario del Granma, porque su familia residía en nuestra
cuadra. Precisamente una hermana y un primo de él formaron parte del
grupo inicial, al cual pertenecieron además mi mamá, un hermano y un
cuñado, ya fallecidos.
"De inmediato conformamos la guardia en las dos cuadras que
entonces abarcábamos. A los dos meses ya éramos 62 y posteriormente
llegamos a contar con 150 integrantes, hasta que muchos años
después, por orientaciones del municipio, se dividió el área y nos
quedamos con una sola cuadra", agrega la veterana cederista.
La conversación retorna a los primeros momentos, cuando los
cubanos comenzamos a sentir la asfixia del bloqueo yanki, y el CDR
tuvo que asumir tareas como la distribución de bonos para la
adquisición de productos de primera necesidad, inexistentes en las
unidades comerciales.
"Cuando realizamos la primera campaña de vacunación, supimos
hasta dónde eran capaces de llegar los enemigos en su afán de
confundir al pueblo.
"Echaron a andar el rumor de que se pretendía lavarle el cerebro
a los niños y volverlos comunistas. Por suerte, pudo más la
confianza en la Revolución y ya ustedes saben cuántas vidas se han
salvado gracias a ello.
"Los CDR fueron en esos primeros años muy activos en las tareas
económicas. Íbamos por las noches a una granja en Puerta de Golpe a
sembrar pasto para el ganado. Lo hacíamos con la luz de los
reflectores de los tractores.
"Otras veces nos traían tabaco para beneficiarlo. Los portales de
las casas parecían una gran escogida. Aquello era como una fiesta, a
pesar de que se trabajaba duro".
¿Qué cambió desde entonces en el trabajo de los CDR?
"Son otros tiempos y otra generación que no conoció cómo era la
vida antes del triunfo de la Revolución. Yo trabajaba desde los
nueve años de edad ayudando a mi madre en un despalillo para ganar
unos centavos".
¿Qué considera que le falta a la organización?
"Retomar la combatividad, volvemos a tener gente que quisiera
acabar con todo lo logrado en estos 50 años y hay que defender
nuestro lema inicial: la calle es de los revolucionarios".
¿Por qué, teniendo en cuenta su edad, no le ha cedido el paso a
alguien más joven?
"Siempre me dicen que debo continuar, que ellos (los cederistas)
me apoyan en todo".
¿Y de verdad la apoyan?
"Sí, no puedo quejarme, este es un CDR que funciona y donde la
gente responde".
Por los vecinos supimos que Irene fue durante varios años la
presidenta de la comisión que en el barrio distribuía materiales de
construcción.
Ayudó a resolver decenas de problemas de vivienda en la zona,
mientras la suya seguía siendo de tabla y techo de tejas, hasta que
un huracán la derribó en el año 2002.
Nada extraño en una mujer que parece haber sido signada por la
vida para dar ejemplo.