Un coloquio sobre el desarrollo del trabajo social en la Cuba de
hoy, necesidad real, potencialidades y prioridades, celebrará este
viernes el décimo aniversario del Programa de Trabajadores Sociales.
En el edificio de Arte Universal del Museo de Bellas Artes, en el
municipio capitalino de La Habana Vieja, se reunirán directivos,
fundadores y una representación de los más de 30 mil "médicos del
alma" con que cuenta el país.
Como interlocutores tendrán a un panel integrado por Juan Luis
Martín, secretario ejecutivo del Consejo de Ciencias Sociales del
Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, María Isabel
Domínguez, directora del Centro de Investigaciones Psicológicas y
Sociológicas, y otros especialistas.
Es un panel realmente de lujo y un gran regalo de cumpleaños,
dijo a la AIN Adrián Fonseca Quesada, miembro de la dirección
nacional de este Programa, nacido el 10 de septiembre de 2000, con
la inauguración por el Comandante en Jefe Fidel Castro del primer
curso de formación emergente de trabajadores sociales.
Desde entonces, cada aniversario ha sido, más que ocasión
merecida para festejar, oportunidad para mirarnos por dentro,
evaluar resultados y asumir retos cada vez mayores, siempre en busca
de cuánto más urge hacer en la lucha por conquistar toda la justicia
y construir esa sociedad mejor que soñamos, destacó.
Esta vez, sobre todo, se hablará de la sociedad cubana actual,
problemas, retos y potencialidades, la misión del trabajador social
como agente de cambios, la función socializadora y educativa de la
familia, y podemos vaticinar que este encuentro será una clase
magistral, una verdadera fiesta del conocimiento, precisó.
Del quehacer en estos 10 años, Fonseca manifestó que, tras una
etapa inicial en función de disímiles misiones, el Programa marcha
hacia el pleno ejercicio de lo que constituye su razón de ser, la
prevención, atención y transformación sociales, como red constante
de solidaridad y apoyo.
Entre las tareas sobresalen la atención a pacientes con
enfermedades de baja prevalencia, hogares de niños sin amparo
filial, escuelas de formación integral, la población penal, personas
en situaciones de riesgo o con discapacidad y a programas como la
ayuda alimentaria adicional a pequeños con problemas nutricionales.
Pero, más allá de la atención a grupos vulnerables, está esa
labor aún más difícil, para identificar problemas y contribuir a
resolverlos y transformar ambientes, circunstancias, realidades,
mentalidades y conductas, sobre la base de la participación social,
la concientización y la movilización de recursos humanos e
institucionales, añadió.