Armado de fe y resistencia, aferrado a las grandes causas y a la
justicia social, Lucius llegó a esta Patria a pesar de las
detenciones y los golpes de quienes siempre han temido que se
divulgue la realidad antillana.
Con anterioridad, dejó su impronta solidaria en los movimientos
de liberación en África, durante misiones de apoyo a los patriotas
de Guinea Bissau, Cabo Verde, Angola... Luego en Centroamérica, en
particular en El Salvador y Nicaragua. Este último destino, según
narró en múltiples ocasiones, inspiraría el surgimiento de la
Fundación Interreligiosa Pastores por la Paz.
"El 2 de agosto de 1988, mi hija Gail y yo estábamos entre otros
200 civiles en un viaje por el río Escondido en Nicaragua que fue
crudamente atacado por los contras. Dos nicaragüenses murieron y 49
pasajeros fueron heridos. Esa noche en el hospital, mientras recibía
tratamiento por una herida de bala, oré a Dios buscando una guía
espiritual para encontrar una respuesta adecuada para tal acto de
terrorismo. La inspiración que Dios me dio fue crear Pastores por la
Paz para llevar caravanas de ayuda material a las víctimas de la
agresión norteamericana".
Finalmente esta Isla conquistó sus esfuerzos. En 1991, en
momentos en que diluviaban las mentiras sobre la Revolución, los
conteos regresivos y los pronósticos apocalípticos, un diálogo en La
Habana con el reverendo Raúl Suárez, director del Centro Martin
Luther King, impulsó la idea.
En entrevista concedida a Granma al año siguiente Walker
declaró: "Al principio pensamos que nuestra tarea debía ser enviar
caravanas como se hacía con relación a Centroamérica. Pero mientras
más observábamos la situación, más nos percatábamos de que los
problemas primarios de Cuba no necesitaban mucho de nosotros, sino
de romper el bloqueo. Nos dábamos cuenta de que Cuba no requería la
misma ayuda que otros países porque tenía la capacidad y fuerza para
proveerse a pesar del bloqueo. Nuestra dirección evaluó el caso y
decidió que nuestra contribución sería luchar para terminar con el
bloqueo".
En 1992 la noticia de que un grupo de religiosos recorrió varios
estados norteamericanos y reunió una flotilla de 45 vehículos para
enviar medicinas, materiales escolares y alimentos a Cuba, fue
considerada por las autoridades una afrenta, más que un "acto de
desobediencia civil".
La peregrinación por al menos 90 ciudades tendría su momento más
tenso con la llegada a Laredo, en Texas, por donde debían pasar
hacia México las 15 toneladas de ayuda humanitaria. El gobierno les
exigía una "licencia de exportación", sin embargo, el reverendo
había afirmado durante el recorrido que "no vamos a pedir permiso a
Washington para hacer llegar el cargamento, porque ello sería
reconocer la legalidad del bloqueo y el derecho del estado a
intervenir en la misión de la Iglesia".
De nada sirvieron entonces las advertencias intimidantes ni los
"golpecitos en el hombro" de más de un funcionario del Departamento
del Tesoro o de la Aduana.
Los hombres y mujeres de Lucius Walker, emulando la determinación
de su líder, se mantuvieron firmes en su voluntad de pasarlo todo y
no solamente la parte permitida por la legislación norteamericana,
amén de que la violación del bloqueo podría acarrearles sanciones de
hasta 250 000 dólares de multa y diez años de prisión, riesgos que
decidieron asumir.
Algunos miembros de la caravana pasaron a pie, llevando consigo
hasta el lado mexicano aquellos productos que las regulaciones no
consideraban ayuda humanitaria. Entre ellos, un sillón de ruedas que
Lucius, el primero en cruzar, trasladó con un letrero que demandaba:
Let Cuba live. Lift the embargo (Dejen vivir a Cuba. Levanten
el bloqueo).
Aquel primer paso sobre el puente fronterizo le valió un arresto
de diez horas, pero ya la suerte estaba echada.
Mil novecientos noventa y tres fue el año de la segunda caravana,
y los obstáculos, lejos de disminuir, volvieron a poner a prueba su
firmeza y su condición de hombre de fe.
Esta vez los funcionarios de la aduana incautaron un pequeño
ómnibus amarillo de transporte escolar, bajo el insólito pretexto de
que podría ser utilizado para trasladar tropas cubanas, y fue el
ayuno prolongado la respuesta de varios de los miembros de la
caravana, a pesar de que por las altas temperaturas de Laredo —por
encima de los 40 grados—, la huelga de hambre era aún más peligrosa.
Otra vez Lucius Walker, otra vez la moral y el ejemplo. La carta que
dirigiera al presidente William Clinton, redactada el decimotercer
día de ayuno, quedó como constancia de ello: "nuestra resolución de
continuar enarbolando los derechos de los pobres y desposeídos a
recibir ayuda religiosa y médica, sin interferencias del gobierno,
permanece invariable".
El ómnibus amarillo, liberado tras 22 días de huelga de hambre,
se convirtió en símbolo del espíritu combativo del reverendo, que
pocos años después, en 1996, lideró una manifestación parecida por
más de 90 días, para exigir la devolución de 395 computadoras que
les fueron arrancadas por la fuerza a los miembros de la caravana.
Lucius fue condecorado con la orden Carlos J. Finlay por la
contribución de aquellos equipos a modernizar nuestro Sistema de
Salud; distinción que le fue impuesta por el Comandante en Jefe
Fidel Castro, quien afirmó en aquella oportunidad que "la ética, la
moral y la fe no pueden ser destruidas".
Además, Cuba otorgó al reverendo la Orden de la Solidaridad, y la
Medalla de la Amistad a su organización como muestra de respeto y
admiración a su reiterado apoyo a la Isla.
También, a partir de la humanista iniciativa de Fidel de
posibilitar que jóvenes del continente y de otras naciones vinieran
a estudiar en la Escuela Latinoamericana de Medicina, más de 100
jóvenes de los barrios más pobres de Estados Unidos —bajo la
coordinación de Lucius Walker—, se forman como galenos en Cuba. De
ellos ya se han graduado varias decenas.
Más de 20 caravanas han llegado a estas tierras con su carga
moral y material, y Pastores por la Paz —que refleja en buena medida
la composición de los estadounidenses—, ha contribuido a introducir
dentro de la psicología social de parte de la población, la
necesidad de luchar contra el bloqueo y de un acercamiento
constructivo entre ambos países. Al decir de su líder: "Cualquier
cosa que nosotros hagamos es en primera instancia una respuesta al
amor que Cuba ha brindado al mundo. Nuestra solidaridad está basada
en la importancia que tiene mantener su ejemplo. No me gustaría
pensar en un mundo sin Cuba".
Los cubanos, en agradecimiento, tendríamos que decir que no
queremos pensar en un mundo sin Lucius Walker.