Vuelve el censo

ORFILIO PELÁEZ

Considerados entre las prácticas más antiguas de la sociedad al aparecer referencias a ellos en los papiros egipcios y otros documentos de viejas civilizaciones, los censos constituyen en la actualidad la investigación estadística fundamental de un país.

Foto de archivoEn el año 2002 se realizó el último Censo de Población y Vivienda en Cuba.

Dada la complejidad y volumen de datos a recopilar, que comprenden desde la distribución territorial de la población, su composición por sexo y edades, color de la piel, nivel educacional, sectores donde trabaja, y otros elementos vitales, demandan una cuidadosa preparación de varios años para efectuarlos con la máxima calidad posible.

Lo anterior explica que la mayoría de los Censos de Población y Vivienda sean ejecutados por el órgano estadístico nacional de cada país, pero como involucran de algún modo a toda la sociedad, necesitan de mecanismos legales de mayor fortaleza y se convierten en una tarea de gobierno.

Entre las características principales de esos procesos aparece la universalidad, porque incluyen a todos los residentes permanentes en un territorio sin exclusiones de ningún tipo, y el tratarse de informaciones individuales que se obtienen de persona a persona.

Deben realizarse de manera periódica para así poder observar la evolución de los indicadores y variables conocidas a través de los mismos. La práctica internacional recomienda la ejecución de censos con periodos decenales, principalmente en años terminados en cero.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el primer censo reconocido en la historia de Cuba tuvo lugar en 1774 y registró una población aproximada de 171 620 habitantes. Dieciocho años después ocurrió el segundo, el cual elevó a 273 979 el número de personas que residían en el archipiélago. Contando los dos anteriores, durante la etapa colonial fueron ocho los censos ejecutados al agregar los de 1817, 1827, 1841, 1861, 1877 y 1887.

Vale destacar que el de 1827 contiene la primera descripción conocida de la riqueza pública de Cuba, calificándola por productos, departamentos y jurisdicciones.

Asimismo, el efectuado en 1841 sobresale al mostrar la existencia de más de un millón de habitantes (las referencias hablan de 1 007 624).

En las dos etapas de la intervención norteamericana figuran los correspondientes a los años 1899 y 1907.

De ellos es interesante hacer alusión al del cierre del siglo XIX, porque además de emplear por primera vez a mujeres como enumeradoras, sirvió de base para confeccionar el registro electoral. También tuvo la peculiaridad de figurar entre los iniciadores de la práctica de tabular los datos mediante tarjetas perforadas, y abarcar las principales características de la población cubana: sexo, edad, lugar de nacimiento, instrucción, clasificadas por provincias, municipios y barrios.

Mostró un decrecimiento del número total de habitantes debido a los efectos de la guerra recién concluida contra el colonialismo español.

En el transcurso del periodo republicano hubo censos en 1919, 1931, 1943, y 1953.

Si de hechos insólitos hablamos, no puede omitirse lo sucedido en el levantamiento censal de 1943, cuando para exigir el pago de su exiguo salario los enumeradores se declararon en huelga y el proceso estuvo a punto de suspenderse.

El último escrutinio poblacional de aquella etapa comenzó el 28 de enero de 1953. De acuerdo con datos de la época, se copió el cuestionario del realizado en Puerto Rico tres años antes, y por primera vez en suelo nacional fue incluido el censo de viviendas.

HITO PARA LA POSTERIDAD

Más allá de algunas insuficiencias, el Censo de Población y Vivienda del 6 de septiembre de 1970 representa uno de los momentos más importantes en la historia de las investigaciones sociodemográficas en Cuba.

Fue el primero después del triunfo de la Revolución y reflejó los trascendentales cambios operados en la vida de la nación en apenas diez años de instaurado el nuevo poder que defendía los intereses de las grandes mayorías.

A diferencia de los hechos con anterioridad, usó manuales y cuestionarios diseñados fundamentalmente por especialistas cubanos, aunque enriquecidos con la experiencia de otros países más avanzados en la materia.

Dispuso del apoyo absoluto de todos los organismos del Estado, y contó con la participación masiva y entusiasta del pueblo. Baste recordar que en el censo del 70 laboraron alrededor de 286 000 personas, entre las cuales hubo más de 50 000 maestros y profesores, alrededor de 65 000 estudiantes de secundaria básica, 13 600 de tecnológicos y unos 12 000 universitarios.

La enumeración de las viviendas en las zonas urbanas se hizo en solo ocho horas, y en tres días las ubicadas en áreas rurales. El día 10 el periódico Granma daba a conocer que habían sido censadas en el país 1 890 412 de casas. Para determinar la calidad del proceso a los pocos días tuvo lugar una suerte de "recenso".

Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas si-túan en 8 569 121 el número de habitantes contabilizados en ese evento, que ofreció una visión demográfica más completa y actualizada de la Cuba revolucionaria.

Debido a su histórico significado, el 6 de septiembre se celebra en el país el Día del Trabajador de las Estadísticas.

Hasta el presente suman 17 los censos hechos en la Mayor de las Antillas desde 1774 a la fecha, al sumar los ocurridos en 1981 y el 2002. Como dato curioso, todos reflejan que siempre hemos tenido más hombres que mujeres.

En la actualidad, las Naciones Unidas han definido la ronda de censos del 2010, que comprenden a todos los enmarcados entre el 2005 y el 2015. Cuba engrasa ya su maquinaria para efectuar el nuestro en septiembre del 2012 y actualizar el número y características de la población.

 

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