Dada la complejidad y volumen de datos a recopilar, que
comprenden desde la distribución territorial de la población, su
composición por sexo y edades, color de la piel, nivel educacional,
sectores donde trabaja, y otros elementos vitales, demandan una
cuidadosa preparación de varios años para efectuarlos con la máxima
calidad posible.
Lo anterior explica que la mayoría de los Censos de Población y
Vivienda sean ejecutados por el órgano estadístico nacional de cada
país, pero como involucran de algún modo a toda la sociedad,
necesitan de mecanismos legales de mayor fortaleza y se convierten
en una tarea de gobierno.
Entre las características principales de esos procesos aparece la
universalidad, porque incluyen a todos los residentes permanentes en
un territorio sin exclusiones de ningún tipo, y el tratarse de
informaciones individuales que se obtienen de persona a persona.
Deben realizarse de manera periódica para así poder observar la
evolución de los indicadores y variables conocidas a través de los
mismos. La práctica internacional recomienda la ejecución de censos
con periodos decenales, principalmente en años terminados en cero.
Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el primer censo
reconocido en la historia de Cuba tuvo lugar en 1774 y registró una
población aproximada de 171 620 habitantes. Dieciocho años después
ocurrió el segundo, el cual elevó a 273 979 el número de personas
que residían en el archipiélago. Contando los dos anteriores,
durante la etapa colonial fueron ocho los censos ejecutados al
agregar los de 1817, 1827, 1841, 1861, 1877 y 1887.
Vale destacar que el de 1827 contiene la primera descripción
conocida de la riqueza pública de Cuba, calificándola por productos,
departamentos y jurisdicciones.
Asimismo, el efectuado en 1841 sobresale al mostrar la existencia
de más de un millón de habitantes (las referencias hablan de 1 007
624).
En las dos etapas de la intervención norteamericana figuran los
correspondientes a los años 1899 y 1907.
De ellos es interesante hacer alusión al del cierre del siglo XIX,
porque además de emplear por primera vez a mujeres como
enumeradoras, sirvió de base para confeccionar el registro
electoral. También tuvo la peculiaridad de figurar entre los
iniciadores de la práctica de tabular los datos mediante tarjetas
perforadas, y abarcar las principales características de la
población cubana: sexo, edad, lugar de nacimiento, instrucción,
clasificadas por provincias, municipios y barrios.
Mostró un decrecimiento del número total de habitantes debido a
los efectos de la guerra recién concluida contra el colonialismo
español.
En el transcurso del periodo republicano hubo censos en 1919,
1931, 1943, y 1953.
Si de hechos insólitos hablamos, no puede omitirse lo sucedido en
el levantamiento censal de 1943, cuando para exigir el pago de su
exiguo salario los enumeradores se declararon en huelga y el proceso
estuvo a punto de suspenderse.
El último escrutinio poblacional de aquella etapa comenzó el 28
de enero de 1953. De acuerdo con datos de la época, se copió el
cuestionario del realizado en Puerto Rico tres años antes, y por
primera vez en suelo nacional fue incluido el censo de viviendas.
Más allá de algunas insuficiencias, el Censo de Población y
Vivienda del 6 de septiembre de 1970 representa uno de los momentos
más importantes en la historia de las investigaciones
sociodemográficas en Cuba.
Fue el primero después del triunfo de la Revolución y reflejó los
trascendentales cambios operados en la vida de la nación en apenas
diez años de instaurado el nuevo poder que defendía los intereses de
las grandes mayorías.
A diferencia de los hechos con anterioridad, usó manuales y
cuestionarios diseñados fundamentalmente por especialistas cubanos,
aunque enriquecidos con la experiencia de otros países más avanzados
en la materia.
Dispuso del apoyo absoluto de todos los organismos del Estado, y
contó con la participación masiva y entusiasta del pueblo. Baste
recordar que en el censo del 70 laboraron alrededor de 286 000
personas, entre las cuales hubo más de 50 000 maestros y profesores,
alrededor de 65 000 estudiantes de secundaria básica, 13 600 de
tecnológicos y unos 12 000 universitarios.
La enumeración de las viviendas en las zonas urbanas se hizo en
solo ocho horas, y en tres días las ubicadas en áreas rurales. El
día 10 el periódico Granma daba a conocer que habían sido
censadas en el país 1 890 412 de casas. Para determinar la calidad
del proceso a los pocos días tuvo lugar una suerte de "recenso".
Datos de la Oficina Nacional de Estadísticas si-túan en 8 569 121
el número de habitantes contabilizados en ese evento, que ofreció
una visión demográfica más completa y actualizada de la Cuba
revolucionaria.
Debido a su histórico significado, el 6 de septiembre se celebra
en el país el Día del Trabajador de las Estadísticas.
Hasta el presente suman 17 los censos hechos en la Mayor de las
Antillas desde 1774 a la fecha, al sumar los ocurridos en 1981 y el
2002. Como dato curioso, todos reflejan que siempre hemos tenido más
hombres que mujeres.
En la actualidad, las Naciones Unidas han definido la ronda de
censos del 2010, que comprenden a todos los enmarcados entre el 2005
y el 2015. Cuba engrasa ya su maquinaria para efectuar el nuestro en
septiembre del 2012 y actualizar el número y características de la
población.