Fortalezas de Qva Libre

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Si los medios de difusión y las disqueras divulgaran en mayor grado la labor de la banda Qva Libre es casi seguro que esta tropa de incombustibles artistas podría aumentar su poder de convocatoria —que no es poco— y continuar ganando no solo a los "rockers" del patio, sino también a los buscadores de las novedades sonoras que aparecen en la escena local. El hecho es que su propuesta merece atención y resume, como pocas, el espíritu de la música cubana contemporánea.

Foto: Yordanka AlmaguerLa escudería fue fundada en el año 2000 por jóvenes que le pusieron ganas al sueño de armar una agrupación que respondiera a sus inclinaciones estéticas. Después de mucho navegar en la superficie de la música insular y sufrir diversos cambios en su line-up, el grupo ya alcanzó la mayoría de edad fraguando una obra que derrocha originalidad y que le ha servido para recoger jugosos frutos en los caminos de su ruta artística. Como botones de muestra se pueden citar, entre otros, sus premios en los festivales Cuerda Viva, sus colaboraciones con músicos de raza como Juan Antonio Leyva y Robertico Carcassés, así como su participación en la banda sonora de la cinta Habana Blues, de Benito Zambrano.

La banda pasó por la "meca" del rock en la Isla, el teatro Maxim, donde evidenció que se ha doctorado en la materia de establecer un sello propio, impulsado por un ejército de 12 músicos, entre los que descollan su frontman, Lenier Vera, el "rapper" Miguel Ángel Díaz, y su líder y guitarrista Carlos Díaz, quien se ha echado sobre los hombros el grupo con la convicción de un gladiador.

La vitalidad de su mestizaje estilístico es uno de los fuertes de Qva Libre. En su núcleo conviven los ritmos que llegan de la tierra del rock, el funky, la cultura hip hop, el jazz y la música popular cubana. Si a ello se suma su explosiva proyección escénica, que echa mano a diferentes recursos teatrales, tenemos un energético cóctel sónico que entra por los cinco sentidos. Para sus miembros no se trata de reunir diferentes fórmulas rítmicas sin ton ni son, lo suyo es tomar los componentes que puedan aportar a su búsqueda conceptual e imbricarlos de forma armónica en su plano sonoro.

Su concierto en la "meca" habló por sí solo de las potencialidades de estos hijos de la mezcla (como diría Pablo Menéndez), que asaltaron el escenario con un repertorio de 16 canciones llenas de vida como La generación de la reduction, Resistencia y reciclaje —tema que da nombre a su primer disco— y las inteligentes versiones de Bacalao con pan, de Irakere, y Azúcar, de los Van Van

Los paisajes melódicos de sus obras, bañados de creatividad y frescura, mostraron su atracción por desplegar una teoría que ofrece una lectura distinta de los lenguajes de la improvisación y la fusión rítmica,sin perder de vista la realidad y la estrecha comunicación con sus seguidores.

 

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