Si
los medios de difusión y las disqueras divulgaran en mayor grado la
labor de la banda Qva Libre es casi seguro que esta tropa de
incombustibles artistas podría aumentar su poder de convocatoria
—que no es poco— y continuar ganando no solo a los "rockers" del
patio, sino también a los buscadores de las novedades sonoras que
aparecen en la escena local. El hecho es que su propuesta merece
atención y resume, como pocas, el espíritu de la música cubana
contemporánea.
La
escudería fue fundada en el año 2000 por jóvenes que le pusieron
ganas al sueño de armar una agrupación que respondiera a sus
inclinaciones estéticas. Después de mucho navegar en la superficie
de la música insular y sufrir diversos cambios en su line-up,
el grupo ya alcanzó la mayoría de edad fraguando una obra que
derrocha originalidad y que le ha servido para recoger jugosos
frutos en los caminos de su ruta artística. Como botones de muestra
se pueden citar, entre otros, sus premios en los festivales Cuerda
Viva, sus colaboraciones con músicos de raza como Juan Antonio Leyva
y Robertico Carcassés, así como su participación en la banda sonora
de la cinta Habana Blues, de Benito Zambrano.
La banda pasó por la "meca" del rock en la Isla, el teatro Maxim,
donde evidenció que se ha doctorado en la materia de establecer un
sello propio, impulsado por un ejército de 12 músicos, entre los que
descollan su frontman, Lenier Vera, el "rapper" Miguel Ángel
Díaz, y su líder y guitarrista Carlos Díaz, quien se ha echado sobre
los hombros el grupo con la convicción de un gladiador.
La vitalidad de su mestizaje estilístico es uno de los fuertes de
Qva Libre. En su núcleo conviven los ritmos que llegan de la tierra
del rock, el funky, la cultura hip hop, el jazz y la música popular
cubana. Si a ello se suma su explosiva proyección escénica, que echa
mano a diferentes recursos teatrales, tenemos un energético cóctel
sónico que entra por los cinco sentidos. Para sus miembros no se
trata de reunir diferentes fórmulas rítmicas sin ton ni son, lo suyo
es tomar los componentes que puedan aportar a su búsqueda conceptual
e imbricarlos de forma armónica en su plano sonoro.
Su concierto en la "meca" habló por sí solo de las
potencialidades de estos hijos de la mezcla (como diría Pablo
Menéndez), que asaltaron el escenario con un repertorio de 16
canciones llenas de vida como La generación de la reduction,
Resistencia y reciclaje —tema que da nombre a su primer
disco— y las inteligentes versiones de Bacalao con pan, de
Irakere, y Azúcar, de los Van Van
Los paisajes melódicos de sus obras, bañados de creatividad y
frescura, mostraron su atracción por desplegar una teoría que ofrece
una lectura distinta de los lenguajes de la improvisación y la
fusión rítmica,sin perder de vista la realidad y la estrecha
comunicación con sus seguidores.