La Colmenita Bolivariana, compañía de teatro infantil, que surgió
en Venezuela inspirada en su homóloga cubana, agrupa este lunes a
500 pequeños de cuatro estados, tras un año de trabajo en los
escenarios nacionales.
Se trata de un programa integral, que persigue el bienestar
psicosocial de los integrantes del grupo artístico, algunos con
necesidades educativas especiales.
Muchos de los niños con los que trabajamos aquí reciben ahora sus
primeros aplausos luego de ser rechazados o marginados en sus
comunidades e incluso en el seno del hogar, explicó a Prensa Latina
el coordinador de ese proyecto, Jorge Turnés.
La misión de la cruzada teatral rebasa los límites del arte para
convertirse en una suerte de espacio rehabilitador y gratificante
para los seres humanos que acoge.
Psicólogos y pedagogos asisten a los directores de los grupos,
para contribuir al crecimiento espiritual de infantes y
adolescentes.
Propiciar estímulos reconfortantes para los actores y contribuir
a su realización como individuos y colectivo, son las principales
satisfacciones tras meses de desvelo entre tabloncillos e
instalaciones habilitadas para los ensayos, agregó el especialista
cubano.
Turnés afirma que el apoyo de la familia es esencial para el
desarrollo de la compañía.
Los padres, agregó, participan en cada una de las presentaciones
sobre todo en la etapa previa a cada puesta en escena.
Aunque muy similar a la compañía cubana homónima, La Colmenita de
Venezuela asume complejos retos al intentar realizar aportes a la
transformación de niños con trastornos neurológicos, problemas de
conducta o de reajuste al medio social.
En los talleres, asegura, consolidan sus conocimientos, incluso
la práctica de la lectura a través del aprendizaje de los guiones.
El requisito para pertenecer a la compañía: ser niño, aquí hay un
lugar para todos, unos cantan, otros bailan o aprenden a trabajar
con los equipos de sonido, lo importante es la disposición y el
entusiasmo con que se acercan a esta aventura sobre las tablas,
enfatizó.