Siempre hay un ojo que te ve

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

Días atrás, intentaba llamar por teléfono en una de las estaciones públicas del centro de la ciudad y, delante de mí, un indolente marcaba el número una y otra vez. Ante la imposibilidad de comunicarse golpeó el aparato, tiró el manófono y se marchó en medio del silencio cómplice de unos y el reproche de otros que tratamos de persuadirlo de que su manera de actuar era incorrecta.

En los más disímiles lugares del país podemos encontrar teléfonos públicos en situación similar a la que muestra la imagen.

La actitud del individuo de marras revela uno de los hechos más comunes que atentan contra el cuidado de los teléfonos públicos: el maltrato.

Las huellas macabras en estos equipos van desde los golpes, el rayado y la introducción de objetos extraños, hasta el robo de los brazos y las cápsulas receptoras-transmisoras, del cordón himanófono, la caja del timbre y otros agregados.

Pese al esfuerzo de los reparadores, de las 1 167 estaciones públicas existentes en la provincia de Ciego de Ávila, 33 se encuentran interrumpidas, en la mayoría de los casos por la acción de estos depredadores telefónicos.

Y es que una moneda dañada, o cualquier otro objeto que se atraviese en el camino, interrumpe la comunicación porque la más mínima violación de las normas de uso ocasiona roturas.

Para evitar las acciones de estos violadores se toman medidas como la ubicación de los medios en bodegas, mercados, policlínicos y en lugares seguros. También ETECSA estrecha el vínculo con los Comités de Defensa de la Revolución en la realización de los barrios debates sobre la necesidad del cuidado de la telefonía, a la vez que exige por el cumplimiento de los convenios de cooperación con otros organismos.

Si bien Ciego de Ávila es una de las provincias donde menos hechos delictivos han ocurrido en el presente año (solo 11, de los cuales cinco fueron esclarecidos), acá se trata de evitar los daños a toda costa.

Injusto sería no reconocer el esfuerzo, muchas veces anónimo, de los 23 reparadores de ETECSA en la provincia, que se ven obligados a hacer malabares para mantener de alta los equipos en las circunstancias actuales.

Aunque es bien difícil prender a quienes cometen esas fechorías, porque, según delata el modus operandi, andan escabullidos en la oscuridad de la noche, o accionan en solitario, cuando no hay persona alguna en las estaciones públicas, "siempre hay un ojo que te ve" y actitudes negligentes como la de Joelmir, no quedan impunes.

Resulta que este sujeto fue sorprendido por un oficial del Ministerio del Interior cuando introducía papeles en un teléfono público de la ciudad de Ciego de Ávila, con el fin de sustraer el menudo que depositaban las personas para efectuar su llamada.

De esa manera interrumpía el paso de las monedas, de modo que se acumulaban en la parte superior del canal de entrada y ello le facilitaba sacarlas con un alambre.

El encartado reconoció que desde hacía varios días cometía ese tipo de hecho en varios lugares de la ciudad. Las confesiones realizadas coinciden con las afectaciones reportadas por funcionarios de ETECSA, entidad a la que le ocasionó perjuicios calculados en 4 284 pesos con 38 centavos, además de provocar molestias a los usuarios por la interrupción del servicio.

Ahora Joelmir, natural de la provincia de Granma y residente en la unidad básica de producción cooperativa Granado, en el municipio de Ciro Redondo, tendrá que responder por el delito de robo con fuerza en las cosas, que según lo estatuido en el Artículo 328, Apartado Uno, inciso E del Código Penal cubano, prevé un marco penal de tres a ocho años de privación de libertad, dado que el infractor revela elevada peligrosidad.

De igual manera, Andy, vecino del poblado de Patria, en el municipio de Morón, sustrajo accesorios telefónicos en el politécnico Reinaldo León Yeras, en esa localidad, y también será procesado por el delito de hurto.

Hechos sórdidos como estos demuestran la indolencia de quienes así actúan, a sabiendas del daño que ocasionan a la sociedad.

 

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