La actitud del individuo de marras revela uno de los hechos más
comunes que atentan contra el cuidado de los teléfonos públicos: el
maltrato.
Las huellas macabras en estos equipos van desde los golpes, el
rayado y la introducción de objetos extraños, hasta el robo de los
brazos y las cápsulas receptoras-transmisoras, del cordón himanófono,
la caja del timbre y otros agregados.
Pese al esfuerzo de los reparadores, de las 1 167 estaciones
públicas existentes en la provincia de Ciego de Ávila, 33 se
encuentran interrumpidas, en la mayoría de los casos por la acción
de estos depredadores telefónicos.
Y es que una moneda dañada, o cualquier otro objeto que se
atraviese en el camino, interrumpe la comunicación porque la más
mínima violación de las normas de uso ocasiona roturas.
Para evitar las acciones de estos violadores se toman medidas
como la ubicación de los medios en bodegas, mercados, policlínicos y
en lugares seguros. También ETECSA estrecha el vínculo con los
Comités de Defensa de la Revolución en la realización de los barrios
debates sobre la necesidad del cuidado de la telefonía, a la vez que
exige por el cumplimiento de los convenios de cooperación con otros
organismos.
Si bien Ciego de Ávila es una de las provincias donde menos
hechos delictivos han ocurrido en el presente año (solo 11, de los
cuales cinco fueron esclarecidos), acá se trata de evitar los daños
a toda costa.
Injusto sería no reconocer el esfuerzo, muchas veces anónimo, de
los 23 reparadores de ETECSA en la provincia, que se ven obligados a
hacer malabares para mantener de alta los equipos en las
circunstancias actuales.
Aunque es bien difícil prender a quienes cometen esas fechorías,
porque, según delata el modus operandi, andan escabullidos en la
oscuridad de la noche, o accionan en solitario, cuando no hay
persona alguna en las estaciones públicas, "siempre hay un ojo que
te ve" y actitudes negligentes como la de Joelmir, no quedan
impunes.
Resulta que este sujeto fue sorprendido por un oficial del
Ministerio del Interior cuando introducía papeles en un teléfono
público de la ciudad de Ciego de Ávila, con el fin de sustraer el
menudo que depositaban las personas para efectuar su llamada.
De esa manera interrumpía el paso de las monedas, de modo que se
acumulaban en la parte superior del canal de entrada y ello le
facilitaba sacarlas con un alambre.
El encartado reconoció que desde hacía varios días cometía ese
tipo de hecho en varios lugares de la ciudad. Las confesiones
realizadas coinciden con las afectaciones reportadas por
funcionarios de ETECSA, entidad a la que le ocasionó perjuicios
calculados en 4 284 pesos con 38 centavos, además de provocar
molestias a los usuarios por la interrupción del servicio.
Ahora Joelmir, natural de la provincia de Granma y residente en
la unidad básica de producción cooperativa Granado, en el municipio
de Ciro Redondo, tendrá que responder por el delito de robo con
fuerza en las cosas, que según lo estatuido en el Artículo 328,
Apartado Uno, inciso E del Código Penal cubano, prevé un marco penal
de tres a ocho años de privación de libertad, dado que el infractor
revela elevada peligrosidad.
De igual manera, Andy, vecino del poblado de Patria, en el
municipio de Morón, sustrajo accesorios telefónicos en el
politécnico Reinaldo León Yeras, en esa localidad, y también será
procesado por el delito de hurto.
Hechos sórdidos como estos demuestran la indolencia de quienes
así actúan, a sabiendas del daño que ocasionan a la sociedad.