Recibamos a nuestros deportistas olímpicos en todos los
rincones del país. Resaltemos su dignidad y sus méritos. Hagamos por
ellos lo que esté a nuestro alcance, nos expresó el Comandante
en Jefe Fidel Castro, el 24 de agosto del 2008, en su Reflexión
Para el honor medalla de oro, dedicada a la actuación cubana en
los Juegos Olímpicos de Beijing.
Tomemos esas palabras para dar la bienvenida a la delegación
cubana a los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud, recién
finalizados en Singapur. Las muchachas y muchachos que allí
compitieron apenas comienzan a escribir su historia y ya tienen, en
el glorioso libro de las hazañas deportivas de nuestro país, una
página imborrable.
Pusieron a su pequeño, pero gigante terruño entre los diez
primeros de la tabla extraoficial de medallas, justo en el quinto
puesto entre 205 naciones participantes, lideradas otra vez por esa
China inmensa, desarrollada y arrolladora en cualquier emulación
mundial. Consignamos lo de extraoficial, pues Cuba respeta el
espíritu solidario de los Juegos, de competir entre atletas y no
entre naciones, como un mensaje de paz a un planeta que hoy, como
nunca, está requerido de ella, y que vuelve a tener en este pedazo
del Caribe a un pueblo incansable luchador por esa necesaria
medalla.
Además, porque la mayor de las Antillas —y volvemos a aquel 24 de
agosto—, "¼ no practica el chovinismo
ni comercia con el deporte, que es tan sagrado como la educación y
la salud del pueblo; practica, en cambio, la solidaridad. Hace años
creó una Escuela Formadora de Profesores de Educación Física y
Deportes, con capacidad para más de 1 500 alumnos del Tercer Mundo".
Los títulos dorados de Norge Sotomayor (400 con vallas), Radamé
Fabar (triple salto), Robeisis Ramírez, Irosvani Duverger, Lenier E.
Perot (boxeo), Osvaldo Saceiro (canotaje), Ernesto Vila (gimnasia
artística), Leidy Laura Moya (pentatlón moderno), Alex García
(equipo mixto de judo) y el equipo de voleibol masculino; las de
plata de Lismania Muñoz (jabalina), Yosvani Peña y Abraham Conyedo
(lucha), y las de bronce de Ediel Márquez (levantamiento de pesas) y
Yuleimi Abréu (taekwondo), se inscriben en un momento
particularmente sensible para el mundo, donde se juega la
supervivencia humana, y en el cual todo lo que se haga por persuadir
al poderoso de no desatar una catástrofe mundial es poco, y hay que
hacerlo ya.
Justamente porque es imprescindible ese combate bajo el principio
martiano de nuestra Revolución de que Patria es Humanidad, las
hazañas de los jóvenes deportistas en Singapur coincidieron en las
páginas de nuestro diario con ese combate por la vida del planeta,
liderado por nuestro invicto Comandante en Jefe.
Hermosa coincidencia por demás, porque es el futuro de los
jóvenes que hoy regresan con sus medallas —y también de todos los
que como ellos compitieron en la lejana Singapur—, el que se
defiende hoy cuando se explica al mundo las consecuencias de una
guerra nuclear.
Por los jóvenes del mundo es preciso que el presidente de los
Estados Unidos no apriete el gatillo. Si lo hace, no volveríamos a
ver en un equipo mixto de relevo en pentatlón a un estadounidense y
una cubana competir juntos por un mismo objetivo, como ocurrió en
esta cita olímpica juvenil. Por Leidy Laura (la primera medallista
dorada cubana en Singapur) y por Nathan Schrimsher, y por todos los
jóvenes del mundo, hay que continuar la batalla por la paz mundial.