Por los medallistas de Singapur y por todos los jóvenes del mundo

OSCAR SÁNCHEZ SERRA
oscar.ss@granma.cip.cu

Recibamos a nuestros deportistas olímpicos en todos los rincones del país. Resaltemos su dignidad y sus méritos. Hagamos por ellos lo que esté a nuestro alcance, nos expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro, el 24 de agosto del 2008, en su Reflexión Para el honor medalla de oro, dedicada a la actuación cubana en los Juegos Olímpicos de Beijing.

Tomemos esas palabras para dar la bienvenida a la delegación cubana a los primeros Juegos Olímpicos de la Juventud, recién finalizados en Singapur. Las muchachas y muchachos que allí compitieron apenas comienzan a escribir su historia y ya tienen, en el glorioso libro de las hazañas deportivas de nuestro país, una página imborrable.

Leidy Laura Moya mantuvo la estirpe de la mujer deportista cubana con su oro.

Pusieron a su pequeño, pero gigante terruño entre los diez primeros de la tabla extraoficial de medallas, justo en el quinto puesto entre 205 naciones participantes, lideradas otra vez por esa China inmensa, desarrollada y arrolladora en cualquier emulación mundial. Consignamos lo de extraoficial, pues Cuba respeta el espíritu solidario de los Juegos, de competir entre atletas y no entre naciones, como un mensaje de paz a un planeta que hoy, como nunca, está requerido de ella, y que vuelve a tener en este pedazo del Caribe a un pueblo incansable luchador por esa necesaria medalla.

Además, porque la mayor de las Antillas —y volvemos a aquel 24 de agosto—, "¼ no practica el chovinismo ni comercia con el deporte, que es tan sagrado como la educación y la salud del pueblo; practica, en cambio, la solidaridad. Hace años creó una Escuela Formadora de Profesores de Educación Física y Deportes, con capacidad para más de 1 500 alumnos del Tercer Mundo".

Los títulos dorados de Norge Sotomayor (400 con vallas), Radamé Fabar (triple salto), Robeisis Ramírez, Irosvani Duverger, Lenier E. Perot (boxeo), Osvaldo Saceiro (canotaje), Ernesto Vila (gimnasia artística), Leidy Laura Moya (pentatlón moderno), Alex García (equipo mixto de judo) y el equipo de voleibol masculino; las de plata de Lismania Muñoz (jabalina), Yosvani Peña y Abraham Conyedo (lucha), y las de bronce de Ediel Márquez (levantamiento de pesas) y Yuleimi Abréu (taekwondo), se inscriben en un momento particularmente sensible para el mundo, donde se juega la supervivencia humana, y en el cual todo lo que se haga por persuadir al poderoso de no desatar una catástrofe mundial es poco, y hay que hacerlo ya.

Justamente porque es imprescindible ese combate bajo el principio martiano de nuestra Revolución de que Patria es Humanidad, las hazañas de los jóvenes deportistas en Singapur coincidieron en las páginas de nuestro diario con ese combate por la vida del planeta, liderado por nuestro invicto Comandante en Jefe.

Hermosa coincidencia por demás, porque es el futuro de los jóvenes que hoy regresan con sus medallas —y también de todos los que como ellos compitieron en la lejana Singapur—, el que se defiende hoy cuando se explica al mundo las consecuencias de una guerra nuclear.

Por los jóvenes del mundo es preciso que el presidente de los Estados Unidos no apriete el gatillo. Si lo hace, no volveríamos a ver en un equipo mixto de relevo en pentatlón a un estadounidense y una cubana competir juntos por un mismo objetivo, como ocurrió en esta cita olímpica juvenil. Por Leidy Laura (la primera medallista dorada cubana en Singapur) y por Nathan Schrimsher, y por todos los jóvenes del mundo, hay que continuar la batalla por la paz mundial.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir