Ha
sido Hamlet, el Caballero de París, la Legionaria, el Hamm, de
Final de partida, el alcalde Willy Loman, de Stockman, el
Caballero de Olmedo, pero más que todos esos personajes ha sido y es
Francisco (Pancho) García un hombre cuya entrega y pasión por el
teatro le han convertido en uno de los rostros imprescindibles del
ámbito y la memoria teatral cubana.
Icono
para las jóvenes generaciones de nuestra escena, el excelente Primer
actor aparece como eje central del documental Mi luz y mi sombra,
nueva entrega de la serie producida por el Consejo Nacional de las
Artes Escénicas que, dirigida por Alina Morante, le ha rendido
homenaje a la trayectoria de grandes figuras como Eugenio Hernández
Espinosa, Mario Balmaseda, María Elena Molinet, entre otros.
Durante 27 minutos el documental, que tuvo su premier en la
última edición del Festival de Teatro de Camagüey, se aproxima a la
historia del intérprete desde sus inicios y recoge las experiencias
de vida narradas por su propio protagonista quien, además, agradece
a los maestros que como Juan Rodolfo Amán, Abelardo Estorino,
Vicente y Raquel Revuelta, Bertha Martínez y Carlos Celdrán lo
ayudaron en su formación y desempeño como actor.
Natural de Cienfuegos, Pancho comenzó su carrera en el año 1961
como aficionado en el Grupo Experimental de Aficionados que dirigía
Amán y diez años más tarde se incorporó al legendario Teatro
Estudio. Aunque ha incursionado en el cine y la televisión, es el
teatro el medio donde ha desarrollado su intensa carrera. Más de
doscientas puestas en escena entre las que destacan Edipo Rey;
Doña Rosita La Soltera, de Lorca; Potestad, de Eduardo
Pavlovsky; Stockman, un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen;
Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, de Michel Azama;
Chamaco, del dramaturgo cubano Abel González Melo; La muerte
de un viajante, de Arthur Miller; y más recientemente Final
de partida, de Beckett, figuran en el desempeño del también
director y guionista.
Multipremiado en muchos de los festivales donde se ha presentado,
Pancho —que actualmente forma parte del elenco de la Compañía
Teatral Hubert de Blanck— ha recorrido durante décadas las tablas
cubanas e internacionales. Camaleónico y talentoso, persistente y
temperamental, este hombre de la escena no es solamente cada uno de
sus personajes: es la historia viva de nuestro teatro que, como él
mismo afirma, ha sido su gran amor, su luz y su sombra.