Justo así, Robeisis Ramírez hizo válidos los pronósticos que lo
señalaban como el gran favorito para coronarse en los 54 kg y volvió
a imponerse al indio Shiva Thapa. Aunque el púgil de la provincia
norteña de Assam consiguió dificultarle más la victoria que en la
final de la capital azerí, donde había caído por un abrumador margen
de 14-1, el cienfueguero salió airoso nuevamente, esta vez por 5-2.
"Cuba no ganaba una medalla de oro olímpica en boxeo desde hace
seis años, así que esto hace mi victoria aún más preciosa", afirmó
el flamante monarca, poco antes de que Irosvani Duverger lograra el
séptimo título para la mayor de las Antillas en la cita estival.
Tan superior sobre el ring como en el papel al turco Burak Aksin,
el fajador guantanamero de los 81 kg penetró la defensa de su par
otomano de principio a fin para incrementar constantemente su
ventaja hasta superarlo por 12-4.
"Cuando se entrena bien no existen rivales difíciles", sentenció
Duverger, mientras pensaba ambicioso en sus dos planes para el
futuro inmediato: ganar el Campeonato Mundial de Mayores en Bakú y
los Juegos Olímpicos de Londres. Que así se calza los guantes este
muchacho.
Pero lo mejor estaba aún por venir, pues restaba todavía el éxito
más centelleante de la jornada para sellar la barrida. Solo un
minuto con 27 segundos habían transcurrido en el primer asalto de su
pelea en los 91 kg, cuando Lenier Perot fulminó al italiano Fabio
Turchi con un recto demoledor en plena barbilla, tras zarandearlo
con un gancho, lo que obligó al referee a interrumpir las acciones,
llamar al médico y finalmente decretar su victoria por RSCH.
No en vano, al preguntarle el corresponsal de Prensa Latina quién
es su ídolo en el boxeo, Perot respondió con la misma pegada: "En
estos momentos, mi ídolo soy yo".
La verdad, sin embargo, es que no es para menos, cuando la crema
y nata de ese deporte entre los 16 y 18 años de edad —22 púgiles de
17 países— escaló al ring para pelear por las medallas de oro y dos
cosas quedaron en claro. El boxeo cubano ha vuelto a ser el Señor de
los Anillos, y como afirmó Perot orgulloso: "En la historia se
hablará de nosotros".
Además de los tres cubanos, en Singapur se coronaron en las
restantes divisiones el irlandés Ryan Burnett (48 kg), el boricua
Emmanuel Rodríguez (51), el alemán Artur Bril (57), los lituanos
Evaldas Petrauskas (60) y Ricardas Kuncaitis (64), el brasileño
David Lourenço (69), el australiano Damien Hooper (75) y el espigado
francés Tony Yoka (+91).
Por si fuera poco, el judo redondeó la actuación perfecta del
boxeo y el cubano Alex García se alzó con el título en la
competencia mixta por elencos, derrotando a los dos mejores del
certamen.
De ese modo, enrolado en el equipo Essen, el matancero tomó
revancha del alemán Marius Piepke por yuko en tiempo extra y encima
venció por la misma vía al japonés Ryosuke Igarashi, monarca de los
100 kg, quien antes lo había dejado sin presea.
"La inexperiencia te hace cometer errores que cuestan medallas,
pero hay que aprender de ellos, y este oro demuestra que trabajé en
eso", dijo García, quien ya se prepara para el Mundial de Marruecos.
"Hoy estuvo más seguro, derrotando a los mejores y demostrando
que puede aspirar a más", comentó a Prensa Latina el entrenador Juan
Manuel Mesa, quien valoró el progreso de su pupilo en el newaza
(combate en el tatami), a la vez que destacó el triunfo sobre Piepke,
pues "Alemania era una asignatura pendiente desde el Mundial juvenil
de París, cuando lo derrotó Aaron Hildebrand".