Una casa en la calle Calzada, en el Vedado, sirvió de sede
inicial al primer congreso de las agrupaciones comunistas cubanas.
Como ya el régimen de Machado había empezado su política represiva
contra el movimiento obrero, hubo necesidad de realizar las sesiones
del evento casi en la clandestinidad.
Pero nada pudo impedir que estuviera allí representado lo mejor
del movimiento obrero y revolucionario cubano: Carlos Baliño,
compañero y colaborador de Martí, junto a Julio Antonio Mella, de
destacada participación en las luchas por la Reforma Universitaria;
los dirigentes sindicales José Peña Vilaboa, fundador de la
Federación Obrera de La Habana, Alejandro Barreiro, secretario
financiero de esta organización obrera, Miguel Valdés, del Sindicato
de Tabacaleros de San Antonio de los Baños, entre otras
significativas figuras del proletariado y la intelectualidad.
Además, representando a la Sección Hebrea de la Agrupación Comunista
de La Habana, un entonces joven de 20 años llamado Fabio Grobart.
Tras sesionar el 16 y el 17 de agosto de 1925, los comunistas
cubanos —solo hubo de lamentar la ausencia de los manzanilleros, que
no pudieron costearse el viaje a La Habana y fueron representados
por Mella—acordaron la fundación del Primer Partido Comunista de
Cuba y la afiliación de este a la Tercera Internacional.
Después vendría el duro bregar durante 36 años —solo nueve de
ellos transcurrieron en una completa legalidad—, en medio de
condiciones verdaderamente difíciles, en las que el primer partido
de los comunistas cubanos realizó su compleja tarea histórica:
divulgar las ideas marxistas-leninistas y formar mediante ellas una
conciencia de clase; organizar y unificar el proletariado y demás
capas populares en la lucha contra la explotación capitalista;
aplicar el marxismo-leninismo a las condiciones históricas concretas
de la realidad cubana.
Cuando al fin se hicieron realidad los ideales truncos del 95 y
del 33 con la Revolución triunfante del Primero de Enero, el Partido
de los comunistas cubanos se fusionó en 1961 con el Movimiento 26 de
Julio y el Directorio Revolucionario para dar lugar, cuatro años más
tarde, al actual Partido Comunista de Cuba, bajo la dirección de
Fidel.
Así como Carlos Baliño representa la continuidad del Partido
Revolucionario Cubano de Martí en la constitución del primer Partido
Comunista, los fundadores de este han devenido, por derecho propio,
antecedente glorioso de la Generación del Centenario y de las
actuales generaciones de revolucionarios que construyen el
socialismo en Cuba. (Publicado el 16 de agosto de 1989)