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Santacruceñas imprescindibles
Miguel Febles Hernández
La
historia de Esneirys Pie Montoya no dista mucho en detalles del
resto de las más de 400 mujeres que hoy se afincan al surco para
ganarse el sustento, integradas a la Columna Ana Betancourt de Mora,
fuerza distintiva de la FMC, en el municipio camagüeyano de Santa
Cruz del Sur.
Pequeña de estatura y con una contagiosa sonrisa siempre a flor
de labios, la jefa del huerto intensivo de la Granja Agropecuaria
Haití, recuerda que hace 14 años, sin experiencia alguna en las
tareas agrícolas, respondió al llamado que hiciera la organización y
fue de las primeras en incorporarse.
"Vine por necesidad, pues debía independizarme económicamente, y
ya le cogí el gusto: aquí me siento útil y realizada como mujer",
asegura Esneirys, quien por su destacada trayectoria laboral y
cualidades personales mereció en 2005 la condición de militante del
Partido.
"Puede parecer exagerado lo que digo, pero ya, a estas alturas,
no puedo vivir sin trabajar. Ese es el ejemplo que le ofrezco a mi
hijo Eliécer, quien acaba de cumplir 17 años y ahora que está de
vacaciones viene a cada rato y me ayuda a atender el huerto", afirma
con un dejo de satisfacción, mientras revisa el boniatal que ella
misma sembró.
FRUTOS DEL TRABAJO HONRADO
Como Esneirys, otras 39 mujeres están vinculadas de manera
directa a las labores agrícolas en la Granja Agropecuaria Haití,
distribuidas por fincas, a razón de una obrera por hectárea para su
atención integral, ya sea de plátano, yuca, frijol, calabaza o
melón.
Además de jefa de la finca Prado Uno, Maritza Arzuaga Heredia
funge como coordinadora de la brigada de "muchachitas", con quienes
se entiende a las mil maravillas y las ayuda a abrirse paso en la
vida, a través del duro y a la vez reconfortante trabajo con la
tierra.
Como
coordinadora de la brigada, Maritza ayuda a sus “muchachitas” a
abrirse paso en la vida a través del trabajo.
"La mayoría —explica Maritza— somos de la comunidad de Haití, a
unos cinco kilómetros de aquí. Imagínese, para estar listas a las
seis de la mañana, que es cuando nos recogen en la carreta, tenemos
que levantarnos una hora antes y preparar todas las cosas de la
casa, incluidos los niños para la escuela o el círculo infantil".
Ese ritual es seguido religiosamente desde hace mucho tiempo por
María Victoria García de Dios, como único sostén de la familia, para
poder enfrentar la crianza y educación de sus tres hijos, Yolaine,
Leonel y José Luis, hoy en diferentes tipos de enseñanza, a quienes
nunca les ha faltado el calor maternal.
"Mi papá falleció —recuerda María Victoria— cuando yo tenía 14
años y para ayudar a mamá todos los hermanos nos pusimos a trabajar.
Ya estoy acostumbrada a este ajetreo. Ahora mismo tengo bajo mi
responsabilidad una hectárea sembrada de yuca que va muy bien y de
la que pienso extraer buenas ganancias".
"MEJORES NO LAS QUIERO"
Aunque lejos aún de los resultados que en el orden económico y
productivo se esperan de ella, la Granja Haití ve transformar su
entorno, a partir de una mejor atención de los cultivos, que
repercute en los rendimientos agrícolas y, por consiguiente, en las
entregas sistemáticas a Acopio.
Ubicada en la zona conocida como El Prado, en tierras
pertenecientes a la Empresa Agropecuaria Jesús Suárez Gayol, la
entidad está estructurada en cuatro unidades o fincas para atender
209 hectáreas de cultivos varios, además de contar con 212 reses
destinadas a la producción lechera.
Más
de 40 obreras están vinculadas de manera directa a las labores
agrícolas en la Granja Agropecuaria Haití.
"En ese empeño, las mujeres constituyen una fuerza vital para
nosotros", comenta Rolando Gómez Fumero, el jefe de producción de la
granja, quien reconoce la disciplina, consagración y entusiasmo que
le impregnan a cada tarea que se les asigna, como es ahora el caso
de los sembrados que atienden integralmente.
"Lo digo con toda sinceridad: yo, mejores no las quiero. Si hoy
podemos asegurar que la granja está levantando poco a poco en el
orden productivo, en mucho se debe a su entrega y aporte cotidiano,
pues trabajan a la par de los hombres".
TRES LUSTROS A PIE DE SURCO
Gisela Monteagudo Castellanos se conoce al dedillo la historia de
la Columna Ana Betancourt de Mora en Santa Cruz del Sur. Como
secretaria general de la Delegación Municipal de la FMC, tuvo la
responsabilidad de constituirla y seguir sus pasos durante casi 15
años de experiencias inolvidables.
Nuestro municipio —explica Gisela— fue el iniciador de esta
hermosa iniciativa en Camagüey. En junio de 1996, en medio de los
años difíciles del período especial, se conformaron tres brigadas,
una en cada central azucarero: Haití, Cándido González y Jesús
Suárez Gayol.
La respuesta de las santacruceñas no se hizo esperar: ante la
necesidad de fuerza de trabajo en la agricultura, la Columna quedó
integrada inicialmente por 160 mujeres, las que asumieron tareas
relacionadas con la siembra, desyerbe, descepe, recogida de
obstáculos y fertilización de las plantaciones cañeras.
Cada
obrera atiende integralmente en la granja una hectárea de cultivos.
Este movimiento —añade Gisela— se fue consolidando de año en año
y cada UBPC creó su propia brigada femenina, ahora con mayor énfasis
en la producción de alimentos, luego de la desactivación de los
centrales. Hoy tenemos 408 mujeres incorporadas a la Columna en
Santa Cruz del Sur.
Excelente manera esta de hacerse imprescindibles, sin exigir
privilegios ni comodidades, como si su sola presencia en los campos
bastara para reactivar un sector urgido de brazos y de voluntad
transformadora para bien de la economía y de toda la sociedad. |