Digna Guerra

El coro permite tocar la sensibilidad humana

MICHEL HERNÁNDEZ

                        Foto: Yander ZamoraQuienes se han regalado la oportunidad de asistir a un concierto del Coro Nacional de Cuba, podrían pensar que su directora es una mujer que vive en un mundo que no está asociado a las leyes de la gravedad. Y, en cierta medida, tienen razón. Porque cuando se coloca frente a la experiencia artística es como si cruzara la frontera hacia ese lado de la música regido completamente por el reino del espíritu. En ese momento, dice, se transforma en "algo que es como si no fuera yo en mi estado material".

Si bien alcanza su meseta creativa cuando se vierte con prodigalidad en el empeño de conducir las emociones humanas, Digna Guerra no deja de tener los pies bien puestos sobre la tierra.

¿Cómo llegó al Coro Nacional de Cuba?

"En esa época regresaba de Alemania, donde cursé estudios superiores de dirección coral y piano. Entonces Serafín Pro, que fue su fundador y director, se iba a retirar porque estaba muy enfermo y me propuso que me quedara por él. Era el 2 de enero de 1975".

¿Cómo es el proceso de dirigirlo?

"El Coro da un conocimiento increíble de la naturaleza humana, pues permite tocar la sensibilidad del individuo. Sus integrantes tienen que converger en la propuesta artística del director, y yo busco que vayan hacia ese punto. De esa manera todo el mundo se mueve alrededor de lo que planteo musicalmente. Desde el punto de vista espiritual trato de recoger todo el sentir de los miembros del Coro y sensibilizarlos con la propuesta artística, ya que no se trata solamente de cantar, sino de que se conmuevan con las obras y entiendan sus entresijos melódicos. Esa es una de las causas que ha logrado que la calidad del Coro se reconozca no solo en Cuba, sino también en el mundo".

¿Cuál ha sido uno de sus principales desafíos?

"En una ocasión estuve en Suecia trabajando con el Coro de Cámara de Estocolmo que dirige Eric Ericson, un prestigiosísimo director de casi 90 años. Cuando aquello, él estaba al frente del Coro de Uppsala y me lleva al ensayo en el que estaban interpretando una obra extremadamente compleja llena de compases y amalgamas. De pronto me dice, venga, dirija usted. Me sorprendió porque yo no conocía la pieza. Pero le pedí solo dos minutos, la revisé y le dije, vamos. Cuando llegué al final todos se pararon a aplaudir".

¿Con cuál fonograma ha quedado más satisfecha?

"El disco que hicimos con la música del comandante Juan Almeida es muy bueno. Llegamos un día a su despacho y empezamos a ver sus obras. Así nació el álbum Una manera mejor".

¿Qué cualidades debe poseer una directora coral?

"Ante todo un oído depurado y conocimiento de causa. Debe tener la sensibilidad a flor de piel para captar todas esas cosas que no se enseñan en la academia, y entregarse sin reservas. Por ejemplo, en el acto de hacer música, me siento como si no fuera yo en estado material. Hay un montón de sensaciones que fluyen a través de mí cuando subo al escenario, donde me entrego de corazón".

¿Qué momento de su carrera recuerda con mayor intensidad?

"La interpretación de la obra Canto general, de Mikis Theodorakis, basada en los poemas de Pablo Neruda. Fue en la Catedral de La Habana y después se llevó al teatro Rubén Darío en Managua. El estreno mundial del Concierto-Oratorio, de Michel Legrand, en el teatro Karl Marx, también fue una experiencia increíble".

¿Cómo valora el estado del movimiento coral en Cuba?

"Se ha avanzado muchísimo sobre todo con la creación del Grupo para el Desarrollo de la Música Coral. Las personas están mejor atendidas desde todo punto de vista. Y la calidad ha subido considerablemente en toda la Isla".

 

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