El acontecimiento tiene lugar en la galería Magnan Metz, muy
acreditada en los medios artísticos de la ciudad, donde se exhiben
cuarenta piezas entre óleos, dibujos y collages, en su mayoría
procedentes de la colección del destacado dramaturgo Abelardo
Estorino, bajo un diseño museográfico de Corina Matamoros.
La revista The New Yorker, una de las publicaciones que
señalan el meridiano de los eventos en la urbe norteamericana,
destacó en su pasada edición una nota en su página de eventos: "Esta
apretada retrospectiva es la primera de la obra del artista cubano
en Estados Unidos. Martínez, que tenía 32 años de edad en el momento
del triunfo de la Revolución, respondió dejando atrás el
expresionismo abstracto que hasta entonces cultivaba por un vibrante
pop y la democratización de la sensibilidad en un ajuste con los
tiempos: colores vivos y el look de los medios de comunicación en
función de las imágenes de héroes como José Martí y Che Guevara".
Una de las obras que figuran en la muestra, Yo he visto,
ilustra ese tránsito de Raúl hacia una épica para nada estridente:
la duplicación de la imagen martiana, trabajada mediante planos
cromáticos definidos e insertados en un encuadre que remeda la
ornamentación de los periódicos murales de los CDR, consigue no sólo
un efecto comunicativo inmediato de impactante grafismo, sino al
mismo tiempo una revalorización del arte popular.
Ante los expertos neoyorquinos esta conquista estética no pasa
inadvertida, más cuando el peculiar pop de Raúl, más allá de las
similitudes formales, posee una carga simbólica radicalmente
diferente a la de la corriente que por esos mismos años tomó fuerza
en Norteamérica y que tuvo como figuras cenitales a Jasper Johns,
Robert Rauschenberg y Andy Warhol.
La exhibición neoyorquina de la obra de Raúl también incluye una
pequeña colección de fotos y cuadros abstractos.