Nueva York con Raúl Martínez

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Con curiosidad, interés y sorpresa, el público neoyorquino valora por estos días la obra de Raúl Martínez (Ciego de Ávila, 1927 – La Habana, 1995), primer artista cubano en ser distinguido entre nosotros con el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Yo he visto, de Raúl Martínez.

El acontecimiento tiene lugar en la galería Magnan Metz, muy acreditada en los medios artísticos de la ciudad, donde se exhiben cuarenta piezas entre óleos, dibujos y collages, en su mayoría procedentes de la colección del destacado dramaturgo Abelardo Estorino, bajo un diseño museográfico de Corina Matamoros.

La revista The New Yorker, una de las publicaciones que señalan el meridiano de los eventos en la urbe norteamericana, destacó en su pasada edición una nota en su página de eventos: "Esta apretada retrospectiva es la primera de la obra del artista cubano en Estados Unidos. Martínez, que tenía 32 años de edad en el momento del triunfo de la Revolución, respondió dejando atrás el expresionismo abstracto que hasta entonces cultivaba por un vibrante pop y la democratización de la sensibilidad en un ajuste con los tiempos: colores vivos y el look de los medios de comunicación en función de las imágenes de héroes como José Martí y Che Guevara".

Una de las obras que figuran en la muestra, Yo he visto, ilustra ese tránsito de Raúl hacia una épica para nada estridente: la duplicación de la imagen martiana, trabajada mediante planos cromáticos definidos e insertados en un encuadre que remeda la ornamentación de los periódicos murales de los CDR, consigue no sólo un efecto comunicativo inmediato de impactante grafismo, sino al mismo tiempo una revalorización del arte popular.

Ante los expertos neoyorquinos esta conquista estética no pasa inadvertida, más cuando el peculiar pop de Raúl, más allá de las similitudes formales, posee una carga simbólica radicalmente diferente a la de la corriente que por esos mismos años tomó fuerza en Norteamérica y que tuvo como figuras cenitales a Jasper Johns, Robert Rauschenberg y Andy Warhol.

La exhibición neoyorquina de la obra de Raúl también incluye una pequeña colección de fotos y cuadros abstractos.

 

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