Con más de una treintena de pueblos originarios, Venezuela
celebra hoy el día internacional de esas comunidades, profanadas por
invasores e ignoradas por la historiografía.
Durante siglos se negó la capacidad de las agrupaciones indígenas
para contar su historia, al considerarlas salvajes y desprovistas de
idioma o escritura.
El enfoque etnohistórico cambió con la aceptación de sus símbolos
como expresiones escritas pero de códigos diferentes a los nuestros,
y de la oralidad, como fuente esencial para preservar el pasado.
A diferencia de otras civilizaciones, los nativos de la nación
suramericana no construyeron pirámides o ciudades monumentales,
explicó la doctora en Cultura Latina y del Caribe, Jenny González.
De las épocas lejanas, añadió, quedan como evidencias algunos
objetos entre los que sobresalen puntas de lanzas y cerámica,
fundamentalmente.
Tras sobrevivir al genocidio perpetrado por los colonizadores
españoles y otros vejámenes, unos 34 grupos distribuidos por la
geografía nacional revelan la riqueza cultural de los aborígenes.
Los waraos, guajiros y yanomami perviven en diversos sitios
aferrados a la herencia de sus ancestros.
Los indígenas han sido ultrajados por transnacionales en nombre
del desarrollo, desplazados de sus asentamientos, sus ríos
contaminados por las excavaciones petrolíferas y mineras, y el
patrimonio cultural amenazado por organizaciones y misioneros,
subrayó en declaraciones a Prensa Latina.
En opinión de la estudiosa, con la llegada al poder del
presidente Hugo Chávez (1999) comenzó una etapa de respeto a sus
derechos elementales, históricamente cercenados.
Uno de los frutos fue el fin de la exclusión de los indios y los
esfuerzos por acercar la salud y la educación a los sitios donde
están asentados.
Pero el camino es largo aún, los pueblos originarios no son cosa
del pasado, están aquí y se impone un acercamiento de cara a sus
problemáticas sobre la base de un respetuoso diálogo intercultural,
aseveró González.
En Venezuela el día internacional de los pueblos ancestrales
significa la celebración del proceso de reivindicaciones de esas
comunidades, afirma el diputado José Poyo.
El también presidente del Parlamento Indígena Americano destacó
que desde el año 1998, los lugareños festejan todos los 9 de agosto
el inicio de una nueva era, caracterizada por los esfuerzos para
mejorar las condiciones de vida de los aborígenes y el
reconocimiento de su legado y sabiduría.