Un
conocido y viejo refrán advierte que "martes 13, ni te cases ni te
embarques", pero al parecer un nutrido grupo de senadores chilenos
no creen en esas "supercherías" del acervo popular y ese día del
séptimo mes de este año aprobaron dos mociones que evidencian la
insólita posición del Chile de hoy, dirigidas a sentar cátedra en
materia de democracia y derechos humanos.
En la primera de ellas solicitaron al presidente Sebastián Piñera,
en su condición de Ejecutivo del país, exigir una "actitud más
vigilante" de los organismos internacionales sobre el próximo
proceso electoral de Venezuela a realizarse el 26 de septiembre, así
como que respalde lo que eufemística y cínicamente calificaron "el
proceso de consolidación democrática en Honduras". En pocas
palabras, reconocer el régimen de Porfirio Lobo, hijo de la
dictadura de facto de Roberto Micheletti y, por supuesto, aunar
filas con la derecha regional e imperial en sus sucias campañas
contra la Venezuela bolivariana.
Nada mencionaron los preocupados y entusiastas legisladores,
acerca de dos de los problemas puntuales que tienen lugar en el
escenario político chileno y que hablan por sí solos de la doble
moral que prima hoy en la clase gobernante del país austral: la
huelga de hambre iniciada el 12 de julio último por más de una
veintena de presos políticos mapuches, encarcelados en Concepción y
Temuco, quienes de esa forma emplazan al gobierno del presidente
Piñera a abordar su situación con la misma "pasión" con que se
involucran en las acciones de la ultraderecha pro yanqui en otras
partes del mundo.
El
otro de los problemas tiene que ver con los estudiantes secundarios
que el 31 de julio tomaron nuevamente y por algunas horas el Liceo
Amunátegui, en lo que ya anunciaron constituye el preludio de nuevas
movilizaciones en defensa y fortalecimiento de la educación pública,
la gratuidad del pasaje escolar y el congelamiento del pasaje adulto
del transporte público.
La acción realizada en uno de los lugares más emblemáticos del
centro de la capital fue protagonizada por unos 70 dirigentes de más
de 30 colegios de la Región Metropolitana, quienes fueron detenidos
por las fuerzas especiales de Carabineros con la brutalidad que los
caracteriza y trasladados a la tercera comisaría. El movimiento
estudiantil, que meses atrás puso en jaque al gobierno de Michelle
Bachelet, vuelve a pronunciarse en contra de un sistema de enseñanza
que privilegia el lucro antes que el derecho a la educación y cuya
orientación es eminentemente elitista.
Las nuevas protestas estudiantiles y la huelga de los presos
políticos mapuches se producen en momentos en que fuentes oficiales
han admitido que en Chile la pobreza de la población aumentó en los
últimos años del 13,7% al 15,1%, lo cual afecta ahora a más de 2,5
millones de habitantes. La Encuesta de Caracterización
Socioeconómica 2009 (CASEN) reveló, además, que la extrema pobreza
que afectaba a 516 000 personas, según datos oficiales, creció a 634
000.
Mientras, el nuevo gobierno, cuyo gabinete está integrado en su
inmensa mayoría por tecnócratas graduados en la Universidad
norteamericana de Harvard y afines al pinochetismo, comienza a mover
las fichas para hacer retroceder los pocos y tímidos logros
alcanzados durante el mandato anterior en materia de justicia social
y privilegiar, en su lugar, los intereses de la oligarquía nacional
y las transnacionales extranjeras.
Es en ese contexto, en el que la lucha del pueblo mapuche cobra
más fuerza y es más brutal la respuesta gubernamental contra sus
demandas, que el gobierno de Sebastián Piñera comienza a mostrarse
sin tapujos como franco violador de los derechos humanos y las
libertades civiles.
Contra el pueblo mapuche se aplica la Ley antiterrorista 18.314,
que fue redactada y aprobada por el régimen fascista de Pinochet y
que sistemáticamente se emplea contra ellos por actos ocurridos en
el contexto de demandas sociales relacionados con la reivindicación
de sus tierras ancestrales, las cuales les son arrebatadas con la
anuencia del poder ejecutivo y legislativo por intereses del capital
monopolista nacional y trasnacional en las esferas agrícola y
forestal.
Para tener una idea del porqué el dedo acusador a la política del
gobierno chileno contra las justas demandas del pueblo mapuche,
basta recordar que la sola aplicación de la Ley Antiterrorista entra
en contradicción con el artículo 16 de la Convención contra la
tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. De la misma
forma lo hace respecto al artículo dos de la Convención
Internacional sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación racial y los artículos 2, 14 y 27 del Pacto
Internacional de derechos civiles y políticos.
La Ley Antiterrorista, en efecto, por su letra y espíritu, no
garantiza adecuadamente el debido proceso al permitir mantener el
secreto de la investigación por largos periodos, y al admitir la
protección de los testigos, dando lugar a la existencia de los
llamados testigos sin rostro en los procesos que se siguen basándose
en ella. De la misma forma, posibilita la intercepción de las
comunicaciones del imputado al impedir la aplicación de medidas
cautelares distintas de la prisión preventiva.
Asimismo, la referida legislación ha sido cuestionada por
establecer una elevada penalidad, la que duplica en varios casos a
aquella establecida en la legislación ordinaria y donde el acusado
puede ser procesado de conjunto por cortes civiles y militares y
demorar años en que se inicie su proceso.
Es contradictorio —como ya argumentan algunos comentarios de
prensa— que "los sectores que apoyan huelgas de hambre para liberar
presos comunes en otras naciones ignoren ellos y el poder mediático
que los acompaña en sus correrías, que en la cárcel de El Manzano,
en la zona de Concepción, al sur de Chile, los presos mapuches
iniciaron una huelga de hambre como única forma de responder a la
que señalan es una campaña en su contra, orquestada desde la derecha
política, con el objeto de buscar condenas anticipadas por parte de
la opinión pública".
En el sitio digital Rebelión, la comentarista Lucía Sepúlveda
Ruiz revela que "siete de los presos en la cárcel El Manzano de
Concepción están siendo juzgados simultáneamente por la justicia
civil y la militar, en clara vulneración de sus derechos. La
decisión de estos prisioneros es un llamado a visualizar los
montajes de los que han sido objeto, según acusan, a través de los
fiscales y la policía con la colaboración de la prensa. Alegan que
se les ha condenado en forma anticipada a través de los medios, que
los sindican como terroristas aunque ninguno de ellos ha estado
involucrado en hechos de sangre. Todos los imputados han participado
en acciones ligadas a recuperación de tierras ancestrales".
Actualmente, se conoce de la existencia de 57 presos políticos
mapuche que incluyen a 2 mujeres y 2 menores de edad, quienes
demandan "el fin de la ley antiterrorista creada por Pinochet y de
la justicia militar, ambas legislaciones utilizadas hoy contra los
mapuches; libertad a todos los presos políticos mapuches
encarcelados a lo largo de Chile y derecho al debido proceso, sin
utilización de testigos sin rostros, sin tortura ni extorsión". Se
manifiestan finalmente por la desmilitarización de las comunidades y
zonas mapuches constantemente allanadas por reivindicar derechos
políticos y territoriales.
El prestigioso analista Atilio Borón, en un comentario de prensa
publicado en relación con la huelga de hambre de los presos
políticos mapuches ha expresado: "el Estado de derecho en Chile, tan
alabado por analistas y opinólogos al servicio del imperio, hace
posible una aberración jurídica que sin embargo no provoca ningún
comentario: que los detenidos puedan ser juzgados por la Justicia
Civil y también por la Militar, por lo que corren el riesgo de ser
condenados en dos diferentes fueros por los mismos delitos que
supuestamente habrían cometido".
Y cuando creíamos que la Ley Antiterrorista era todo, conocemos
que en la región de la Araucanía se han militarizado comunidades
enteras por las fuerzas especiales de carabineros, que han colocado
cámaras de vigilancia, dispuesto un cerco militar y la prohibición
de salir a sus pobladores, así como allanamientos de moradas. Un
caso que no debe ser una excepción es el relacionado con un retén
militar ubicado en la finca particular de René Urban, acusado de ser
miembro en la década de los años 70 de la organización paramilitar
Patria y Libertad, con el objetivo de cuidar "bienes y hacienda" del
sí probado terrorista devenido terrateniente.
Esto ocurre en Chile, cuando en otras tierras de la región los
pueblos originarios ascienden al ejercicio de sus derechos y se
convierten en protagonistas de los cambios políticos.
La anomalía chilena es lo que el imperio y la oligarquía corrupta
quisieran imponer a todo el continente.