Parece que fue ayer pero, cuando en cualquiera de los hogares
cubanos se revisan los comprobantes de pago, salta a la vista que
hace ya alrededor de cinco años comenzó en el país la sustitución de
equipos electrodomésticos ineficientes, una de las medidas de mayor
impacto social dentro de la llamada Revolución Energética.
En un proceso inédito hasta entonces, se cambiaron millones de
bombillos de manera gratuita y se puso en práctica la entrega de
refrigeradores, aires acondicionados, ventiladores, calentadores de
agua, hornillas, ollas arroceras y multipropósito, entre otros
aparatos y utensilios que mejoraron el confort familiar.
En lugar del pago inmediato del producto, la persona beneficiada
suscribió un compromiso ante la sociedad para su liquidación
posterior en efectivo o a través de crédito bancario, en un plazo
que no debía exceder los 30 días una vez firmado el documento.
Lo cierto es que si bien la inmensa mayoría de los núcleos
familiares respondió favorablemente a lo pactado y saldaron sus
deudas, en otros casos la morosidad y la falta de voluntad de pago
han estado presentes, unido también a una buena dosis de descontrol
en algunos de los mecanismos encargados de llevar adelante tamaña
empresa.
A modo de ejemplo, hasta el cierre de junio en Camagüey había
ingresado al presupuesto del Estado el 93% del valor de los equipos
distribuidos y controlados en sus 13 municipios, aunque la situación
más desfavorable se presenta en la ciudad cabecera provincial, la
que apenas rebasa el 89% de lo previsto.
En números exactos, quedan aún por recaudar en esa provincia
alrededor de 92 000 000 de pesos, cifra a la que es posible
acercarse si cada deudor asume de manera responsable y voluntaria su
deber moral para con la sociedad y procede al pago inmediato de los
equipos que, sin lugar a dudas, mejoraron la calidad de vida de la
población.
En cada territorio se crearon grupos de trabajo encargados de
atender diferenciadamente a las personas o núcleos familiares con
dificultades financieras o de solvencia económica para saldar sus
compromisos por los artículos adquiridos a través del programa de la
Revolución Energética.
Solo en Camagüey más de 3 000 casos han sido tramitados y
resueltos hasta la fecha, entre los que figuran jubilados y
pensionados, beneficiarios del régimen de asistencia social,
discapacitados, amas de casa, estudiantes y personas sin vínculo
laboral, con quienes se establecen convenios para facilitarles la
liquidación de sus adeudos.
En situación muy diferente están aquellos que se niegan a pagar,
pretenden pasarse de listos para evadir sus obligaciones o no
responden a los requerimientos de las autoridades. Para ellos se
reservan medidas más severas, ya en proceso de implementación, que
van desde el embargo salarial hasta demandas ante los tribunales
municipales y provinciales.
Desde el último trimestre del pasado año se avanza en la
depuración de los deudores de cada territorio, proceso que, una vez
concluido, permitirá agilizar la gestión de cobro, arreciar las
medidas contra los incumplidores e incrementar las transferencias a
las arcas del Estado.
No hay razón alguna para el impago. Ante cada caso específico se
buscan alternativas o variantes, pero en última instancia hay que
pagar. Solo de esta forma, con disciplina y apego a la palabra
empeñada, podrá asumir el país otros programas sociales que, como
siempre, tendrán de beneficiarios a todos los cubanos.