El cambio climático y la crisis del agua están íntimamente
relacionados. Y para nadie es un secreto que el calentamiento global
que vivimos afecta principalmente el acceso al agua en todo el
mundo. No solamente porque el cambio climático agrede a los sistemas
de agua por las sequías y las inundaciones y por tanto a la
disponibilidad de este elemento para la vida, sino también porque se
viven impactos en su calidad pues, como afirman los informes
producidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio
Climático de las Naciones Unidas (2007), por múltiples razones
relacionadas con los impactos del cambio climático, las fuentes de
agua se contaminan hoy mucho más rápido que en el pasado.
La crisis global, el cambio climático y el afán de lucro hacen
que las fuentes de agua no sean valoradas como un don de la
naturaleza, un regalo para la vida y un bien común, sino simplemente
como un elemento más en la cadena insostenible del sobreconsumo y la
ganancia mercantil del sistema.
Durante la Conferencia de los Pueblos sobre Cambio Climático y
Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba, Bolivia, se
discutió en varios espacios sobre la urgente necesidad de articular
las luchas del agua y las propuestas para asegurarla a nivel mundial
como un derecho humano y un derecho para la vida con la lucha y las
acciones que ahora se desarrollan para detener el calentamiento
global, pues ambas crisis y, por tanto, ambas luchas están dirigidas
a detener un sistema de sobreexplotación de los recursos naturales a
extremos insostenibles. Y ambas luchas, al mismo tiempo, señalan a
su principal responsable: los sistemas de comercio y
mercantilización que han puesto los más elementales derechos a la
vida de los seres humanos y de las especies y ecosistemas del mundo
en los límites de la sobrevivencia.
Los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático
(PICC) señalan que el calentamiento global está afectando el ciclo
hidrológico del planeta como algo irrefutable, a pesar de las voces
de escepticismo científico que ahora se manipulan desde los poderes
e intereses para no cambiar las cosas. Se afirma que la superficie
de tierra clasificada como muy seca se ha duplicado desde los años
70 y el agua de reserva de los glaciares en todo el mundo ha
disminuido considerablemente (PICC, 2007). Asimismo, estos informes
prevén que en los años venideros viviremos mayores y más intensas
precipitaciones pluviales y que la disponibilidad de agua en las
zonas altas será mayor, mientras que en las zonas bajas y cálidas va
a disminuir.
Estos informes señalan, no solo que la disponibilidad del agua
está afectada, sino que se viven ahora mayores riesgos de
inundaciones y sequías en áreas que antes no se vivían. Asimismo,
señalan que el derretimiento de los glaciares afecta los equilibrios
hidrológicos, produciendo sequías y cambios en los ecosistemas que
los rodean. Estos informes señalan además que el ciclo del agua
afectará sustancialmente "la disponibilidad, accesibilidad y
utilización de alimentos", sobre todo en regiones de Asia y África.
Mientras tanto, los negociadores de la Convención y el Protocolo
de Kyoto están debatiendo sobre los niveles de temperatura a
alcanzar, como si el planeta tuviera un termostato que se pudiera
controlar.
Ha sido muy simbólico que la Conferencia de los pueblos se haya
desarrollado justamente en Cochabamba, Bolivia, cuna de la Primera
Guerra Social por la Defensa del Agua como un derecho para la vida.
Por ello, es fundamental que ahora, en esta nueva situación de las
luchas sociales ante la crisis global, ambas corrientes de análisis,
pensamiento y generación de propuestas se articulen para defender el
derecho a la vida.