Desde
hace más de seis décadas, el Salón Rosado de La Tropical ha devenido
punto de encuentro para los que gustan bailar nuestros ritmos.
Muchos de sus intérpretes lo han tenido como termómetro de
popularidad gracias a una aureola abonada por el paso inicial por su
escenario de Chapottín y sus Estrellas (heredero del Conjunto de
Arsenio Rodríguez), la Banda Gigante de Beny Moré (que le da nombre
al lugar), la Aragón y otras agrupaciones imprescindibles.
Después
de una reparación a fondo, una nueva etapa se abre ahora para la
instalación, en la que debe predominar la línea de lo más auténtico
de la música popular cubana, el compromiso de los artistas, la
responsabilidad del Instituto Cubano de la Música y ARTEX con su
manejo, el respeto del público y la disciplina social. El punto de
partida contó con la actuación de Adalberto Álvarez y su Son, y
otros populares artistas y la presencia de un nutrido grupo de
destacadas personalidades del arte y la literatura, entre ellos
varios Premios Nacionales.
El concierto de El Caballero del Son propició que el defensor de
las ruedas de casino tocara el significativo Bailando en La
Tropical y éxitos de su más reciente producción discográfica.
El Rosado, que fue calificado por el reconocido musicólogo y
productor discográfico Ned Soublette, en The New York Times, como
"la Catedral del baile en América Latina", exhibe en su historia
otro trascendente capítulo: haber sido escenario en el Cubadisco
1997 de El Son más largo del mundo, ejecutado durante 100
horas consecutivas por 95 agrupaciones y bailado por 40 000
personas, rompiendo así el de 30 horas impuesto el año precedente en
la Discoteca Antilla Cosmopolita, de Barcelona.