Compañero
general de ejército y presidente de la invicta República de Cuba,
Raúl Castro Ruz (Aplausos);
Fidel, allí donde te encuentres, siempre joven, siempre vital,
siempre lúcido, siempre heroico (Aplausos);
Compañeros de la dirección del Partido Comunista de Cuba, del
Estado, del Gobierno;
Compañeras y compañeros villaclareños;
Compañeras y compañeros de la delegación de Venezuela:
Grande, muy grande es el honor que se nos confiere al ser
invitados a hablar aquí y ahora, cuando se celebran 57 años de la
gloriosa acometida de un grupo de jóvenes soñadores, llenos de
convicción, cargados de amor por su patria, para dar un vuelco a la
terrible situación que en aquellos años vivía nuestra hermana
República de Cuba y abrir un sendero de libertad y de Revolución, en
toda nuestra patria, en toda nuestra América (Aplausos).
Grande el honor, además, de hablar aquí en esta tierra de héroes,
donde se quedó sembrada para siempre la valentía, el heroísmo, la
entrega a una causa justa por el entrañable comandante Ernesto Che
Guevara (Aplausos).
Grande, además, muy profundo el compromiso, hablar en esta hora,
en esta hora donde de nuevo una sombra tenebrosa se extiende sobre
nuestro continente y sobre el mundo, amenazando con la guerra, con
la opresión a pueblos que durante siglos han batallado por su
libertad, por su independencia, por su dignidad.
En este momento en que nos encontramos reunidos acá, una amenaza
se cierne sobre Venezuela; sorpresivamente las gallinas cantan como
gallos. Desde nuestra hermana Colombia se cierne una amenaza, que no
es del pueblo colombiano, porque Colombia y Venezuela somos una
misma patria (Aplausos).
Un día fuimos conocidos como habitantes de la Gran Colombia, de
aquello que hoy es Panamá, Colombia y Venezuela, de manera que
cuando estamos en Colombia, en Panamá o en Venezuela, no estamos en
casa extraña, no estamos en territorio extraño, estamos en nuestra
tierra, estamos en nuestra patria (Aplausos). Eso que Bolívar soñó
cuando dijo que la unión no es quimera de los hombres, es decreto
inexorable del destino. Somos bolivarianos y con Bolívar compartimos
ese mandato. Tenemos vocación por la unidad y, por tener vocación
por la unidad, tenemos vocación profunda por la paz; odiamos la
guerra, ese monstruo de matanza con el cual hoy se nos amenaza de
nuevo.
Somos un pueblo pacífico, queremos trabajar en paz, queremos
construir en paz, queremos resolver muchos de los problemas que
heredamos del pasado y para ello necesitamos la paz; pero si nos
obligan, que sepan los imperialistas que en nuestros pueblos hay muy
pocos cobardes, que somos —como dice la canción— de madera de
caguairán (Aplausos). En Venezuela le decimos quebracho, una madera
con la cual se rompen las hachas, sea de la naturaleza que sea,
sobre todo si esa naturaleza es imperialista.
Ahora bien, ¿por qué se ciernen las amenazas sobre Venezuela? ¿Y
acaso es solamente sobre Venezuela? Uno puede explicarse rápidamente
por qué la amenaza contra Venezuela. En primer lugar, porque, como
lo sabemos, Venezuela aloja en sus entrañas la más grande riqueza
petrolera del mundo, y este es un mundo, sobre todo el mundo
capitalista, el mundo imperial, sediento de petróleo, insaciable,
sus fauces inmensas consumen millones y millones de barriles diarios
de petróleo, eso está en Venezuela. Además, el petróleo venezolano
ha servido, desgraciadamente, para movilizar el gran poderío militar
imperial en los tiempos en que han ido a la guerra y, generalmente,
a la guerra injusta, a la guerra para oprimir; es un recurso
sumamente codiciado, sobre todo, cuando en los propios Estados
Unidos de Norteamérica escasea cada día más ese recurso y confrontan
cada día mayores problemas para obtener esos recursos. Ahí está la
desgracia que está ocurriendo todavía en el Golfo de México con el
derrame petrolero.
Pero, además, se nos considera una amenaza porque en Venezuela ha
renacido lo esencial del espíritu de Bolívar, que era la integración
de nuestra gran patria latinoamericana, de Nuestra América, como
dijo Martí. Porque, como dijo también Martí, de América somos hijos
y a América nos debemos (Aplausos). Se nos odia porque proclamamos
la unidad de nuestra patria, somos una patria, somos una gran nación
por nuestro origen histórico, porque ocupamos el mismo territorio,
tenemos la misma cultura, tenemos las mismas creencias y también los
mismos problemas y las mismas amenazas. ¡Somos una gran nación,
fragmentada todavía, pero somos una gran nación! (Aplausos.)
Nos odian, además, porque cuando los sueños del hombre se creían
definitivamente sepultados después del derrumbe de la Unión
Soviética, cuando se creía que habíamos llegado al fin de la
historia y que lo único que podía prevalecer en el mundo era el
odioso sistema capitalista, cuando apenas como una brasa se mantenía
la esperanza socialista en Cuba, vino el soplo de la revolución en
el continente y en Venezuela surgió una nueva antorcha blandiendo
las puras, sublimes ideas del socialismo, que no es otra cosa que la
liberación del ser humano de sus miserias, de la opresión y de la
explotación (Aplausos).
Pero hay otras razones, o mejor dicho, otras sinrazones: hoy el
capitalismo mundial sufre una profunda crisis sistémica, y decimos
sistémica porque no se trata solamente de la crisis del capitalismo
norteamericano o del capitalismo de uno u otro país de Europa, no,
es una crisis del sistema capitalista mundial, y cuando estos
sistemas entran en crisis, comienzan a generarse, en su propia
entraña, factores de violencia. Cómo ha crecido la pobreza en la
opulenta Norteamérica. Cómo está creciendo en Europa, y esa es la
primera condición para que broten los conflictos internos en la
propia entraña de los grandes imperios, así se han derrumbado los
grandes imperios.
Los ideólogos imperialistas —y me estoy recordando de Cecil
Rhodes— decían que para evitar, en aquel entonces, en el caso de
Inglaterra, una revolución, la violencia interna, era necesario
llevar la violencia al exterior; por eso desataron toda esa
violentísima campaña para colonizar pueblos enteros, y en la época
del imperialismo, este fenómeno se ha acentuado, en estos tiempos.
Bolívar dijo un día, recordémoslo, los Estados Unidos de
Norteamérica parecen predestinados por la historia para plagar de
miserias la América. En aquel entonces todavía el imperio
norteamericano no había alcanzado la fuerza que fue adquiriendo
posteriormente; en la medida en que se hizo una fuerza imperial
planetaria ha plagado de miseria ya no a la América, sino al planeta
entero. Por eso cuando los pueblos se rebelan, por eso cuando del
seno de los pueblos brota un nuevo liderazgo, como surgió Fidel
aquí, como ha surgido en Venezuela Hugo Chávez, buscan exterminarlos
a como dé lugar (Aplausos). He ahí la segunda de las sinrazones.
Por eso el problema hoy no es solamente Venezuela, el problema
hoy no es solamente Cuba, el problema hoy no es solamente los países
que nos hemos integrado en la ALBA, no es solamente Nuestra América;
es un problema en el mundo. Por eso despliegan una flota hacia el
Sureste Asiático, por eso mantienen la criminal política de
exterminación del pueblo palestino, por eso despliegan en Nuestra
América siete bases militares en Colombia, bases militares en Aruba,
bases militares en Curazao, y ahora 44 buques de guerra, incluyendo
portaaviones y 7 000 hombres, en Costa Rica, en la querida y pequeña
Costa Rica, dicen que para combatir el narcotráfico. Y esto ya es
una razón más que suficiente para la sospecha.
Si uno echa a volar la memoria, ¿cómo justificaron los
norteamericanos la invasión a Cuba, en los días en que Cuba luchaba
por su independencia? ¿Cómo justificó Hitler toda la guerra en
Europa, cuando manda a incendiar el Reichstag y acusa a los
comunistas de ese delito? ¿Qué arguyó el gobierno norteamericano
para justificar su criminal invasión a Iraq? Yo comienzo a sospechar
que Bin Laden era también una simple justificación para invadir
Afganistán.
¿Y qué les han traído las últimas guerras a los Estados Unidos de
Norteamérica? ¿Qué les trajo la guerra de Viet Nam? La
desmoralización y, con la desmoralización, el consumo creciente de
drogas. Estados Unidos se convirtió en el primer gran mercado
consumidor de drogas y, en consecuencia, en el principal estimulante
del narcotráfico en el mundo y no solamente en Nuestra América.
Eso convirtió a Colombia también, desgraciadamente,
dolorosamente, en el principal productor de drogas en nuestra
región. Donde hay mercado hay demanda, donde hay consumo hay oferta;
surge una creciente demanda de estupefacientes en Estados Unidos y
una creciente producción de drogas en Colombia, y Venezuela se
encuentra entre el gran consumidor y el gran productor: el gran
consumidor, que ha demostrado una completa incapacidad para combatir
el consumo de drogas en su propio territorio; y el gran productor,
que ha demostrado una completa incapacidad para erradicar el cultivo
de drogas en su propio territorio. Ahora resulta que los
responsables somos los venezolanos, porque —Reichstag, según ellos;
Bin Laden, según ellos— protegemos el narcotráfico y protegemos el
terrorismo.
¿Se requiere demasiado talento deductivo para llegar a
conclusiones? Pareciera que no; es un grosero, vulgar, ofensivo
pretexto para atacar a Venezuela y para atacar a los procesos
libertarios en nuestro continente, en Nuestra América y en el mundo
(Aplausos).
Desde aquí, desde esta Plaza, repetimos: somos amantes de la paz,
lucharemos hasta lo infinito por garantizar la paz, pero no le
tememos a la guerra si nos la imponen (Aplausos). Repito, en
nuestros pueblos hay muy pocos cobardes, hay muy pocas mujeres y
hombres que tiemblen ante la amenaza imperial. Somos pueblos de
héroes, somos hijos de Simón Bolívar, somos hijos de Antonio José de
Sucre, somos hijos de Francisco de Miranda (Aplausos). Y con Fidel
decimos: "¡Señores imperialistas, no les tenemos absolutamente
ningún miedo!" (Aplausos y exclamaciones.)
No queremos la guerra porque sabemos lo que significa ese
monstruo de matanzas, no la queremos por lo que representa de
sacrificio, de sangre, sudor y lágrimas para nuestros pueblos; pero,
incluso, no la queremos tampoco porque allí se derrama sangre del
pueblo norteamericano.
El pueblo norteamericano no es nuestro enemigo, es un pueblo
noble, creador, y los que van a morir en los frentes de batalla no
son los hijos de los grandes millonarios norteamericanos ni
europeos, son los hijos del pueblo, los humildes, los hijos de los
trabajadores, los hijos de los desheredados, de esos más de 8
millones de desempleados, de esos más de 42 millones de pobres que
hoy crecen inconteniblemente en la propia entraña de la sociedad
norteamericana y europea. Ellos también van a morir como murieron en
Viet Nam, como han muerto en Iraq, como están muriendo en
Afganistán. No queremos que mueran en nuestras tierras, porque sea
lo que nos cueste, sea el sacrificio que nos cueste, al final, no
tenemos la más mínima duda, los pueblos vencerán, porque luchan con
la razón y son capaces de construir la ventaja, y son tan nobles que
nunca exagerarán sus victorias. Buscarán siempre la paz, el
entendimiento entre nuestros pueblos, que son pueblos hermanos.
Por eso, porque defendemos la más elevada expresión de la
democracia, el socialismo, y con ella la paz, gritamos en este día
de celebración, de conmemoración de la gloriosa, invencible, invicta
Revolución Cubana:
¡Viva el 26 de Julio! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Cuba! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Raúl! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Venezuela! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva Hugo Chávez! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Patria Socialista o Muerte!
¡Venceremos! (Exclamaciones de: "¡Venceremos!")
(OVACIÓN.)