Imágenes y fatalismos

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Leyendo Cubadebate me encuentro con una imagen que parece salida de una de esas películas fatalistas evaluadas hace años como fantasía creativa y que al paso del tiempo se aproximan, cada vez más, a una posible realidad.

La marea negra provocada por la British Petroleum invade las costas de Florida, Alabama, Mississippi, Louisiana y Texas, todas de cara al Golfo de México.

En la foto, una mujer en bikini toma el sol tendida en la arena de una playa de Texas. Un perfecto triángulo dibujan sus rodillas dobladas, mientras al fondo se aprecia una línea costera dominada por el azul más intenso. Sosegado abandono el de la mujer, que parece ajena a los tentáculos de alquitrán que avanzan sinuosos por el lado opuesto al promontorio de tierra donde se encuentra.

En los tiempos dorados de la Universal (en blanco y negro) esa mancha se hubiera vuelto una masa terrorífica, devoradora de lindas mujeres, para hacer que en los cines más de una dama gritara entre los brazos aprovechadores de su pareja.

Hoy no hace falta recurrir a la fantasía para disparar alertas.

La foto fue tomada hace muy poco en una de las playas tejanas de Galveston, parada obligatoria de la marea negra provocada por la British Petroleum tras haber invadido costas de la Florida, Alabama, Mississippi, Louisiana y finalmente Texas, todas de cara al Golfo de México.

Recuerdo las polémicas filosóficas de los años sesenta y setenta del pasado siglo en torno al cine fatalista. Los realizadores de aquellas películas partían en su mayoría de un fatalismo clásico según el cual todo lo que sucede lo determina un destino que invalida cualquier oposición. Y ese destino, tanto en lo relacionado a la naturaleza del hombre, como al último capítulo de la humanidad, era pesimista.

Basta con recordar a los clásicos griegos y su sentido del destino avanzando a ciegas e implacable. El tema es largo y abarca la historia de las religiones, la filosofía, la literatura y hasta la música.

Tragedia y pesimismo en aquellas películas eran combatidos por un pensamiento de izquierda, presto a alegar que el cine de occidente lo que pretendía era paralizar conciencias y acciones en cuanto a cambiar las injusticias del Planeta. Algo así como "para qué luchar en aras de un mundo mejor, si al final estamos condenados por un destino irreversible a irnos por el barranco".

Del pesimista Schopenhauer a su contrincante Carlos Marx —y antes que ellos Sócrates, Platón y muchos más—, Camus y su obra literaria, Puenzo, filmando La peste, Ridley Scott, Blade Runner, no pocos filósofos modernos dejándonos al final de sus conceptos sumidos en el abatimiento y la autocompasión.

Una niñez bastante dura me enseñó a no estar creyendo en destinos labrados.

Pero basta con levantar la vista y ver lo que sucede en el mundo para darse cuenta que, desde su gran panteón, los fatalistas clásicos estarían frotándose las manos, mientras esa masa viscosa avanza implacable hacia la mujer de las bellas piernas que toma el sol en una playa de Texas.

 

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