Un lago muy joven y profundo

TONI PIÑERA

En el tiempo, el Centro Pro Danza se ha caracterizado por acercar a la escena cubana, ya sea durante los Cuballet o fuera de ellos, coreografías diferentes en las que se conjugan aventuras (Los tres mosqueteros, Robin Hood, Drácula...), además de otros clásicos como Don Quijote, Cascanueces, Bayadera, La Sylphide, Coppelia..., que han ampliado novedosamente el horizonte del espectador y también han motivado la creación.

Foto: Boris MuriedasEl lago de los cisnes, en una buena versión de Laura Alonso, Iván Alonso y Héctor Figueredo (sobre la original de Marius Petipá y Lev Ivanov) —que fuera creada por el Centro Pro Danza para un Cuballet en Brasil hace algunos años—, reapareció por tercera ocasión, este año, en el teatro Mella como preámbulo del curso práctico internacional de la Escuela Cubana de Ballet. Para el cierre de la temporada, vistieron los protagónicos del clásico los noveles Mariem Valdés (Odette-Odile) y Abel Miranda (príncipe Sigfrido), en una función especialmente feliz que terminó muy arriba.

Entre las características más sobresalientes de la noche estaba el soplo de juventud revitalizadora que se sintió en contacto con los intérpretes. En primer lugar por una muy joven bailarina: Mariem Valdés, que demostró tener fibra y condiciones para enfrentar cualquier clásico, en particular este que tiene, además, el doble papel en que debe sortear dos personajes diametralmente opuestos. Con mucha seguridad y técnica —hermosas poses, extensiones, arabesques, giros, port de bras... —, amén del mantenido encanto y extrema facilidad a la hora de ejecutar los complicados pasos, convenció a un auditorio que delirante ovacionó su quehacer escénico. Ahora viene el momento de estudiar y reflexionar sobre algunos detalles para lograr la perfección. A su lado, su compañero, Abel Miranda, sobresalió como solícito acompañante y por sus dotes histriónicas con las que matizó al príncipe Sigfrido, aunque en el baile —quizá debido a esas libras de más— faltaron agresividad y empuje a la hora de los giros y saltos, particularmente. Pero, madera tiene para empeños mayores.

En la jornada brillaron especialmente dos excelentes jóvenes bailarines, Jonhal Fernández —rayano en la perfección en el pas de trois—, habrá que seguirlo muy de cerca porque es una carta de triunfo del ballet de Laura Alonso, y Danny González, quien en el bufón desbordó de agilidad y técnica su actuación. Hay que reconocer asimismo el trabajo de los cuatro cisnes, de Camila Rodríguez —bailarina de muy buenas condiciones— y Marber Llorens (en los dos cisnes), y subrayar la labor de Lourdes Álvarez —ahora maitre de la compañía y otrora figura del BNC— que regaló un buen momento para la nostalgia en la reina madre, y el Von Rothbart —del 3er. acto— del también maitre Héctor Figueredo, no cabe dudas de que aportan experiencia y distinción a la obra.

 

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