"Me
acaban de sacar de las brumas del sueño con una noticia inesperada.
Yo me debo a la Revolución. Ella me manda y acudiré a cualquier
parte donde pueda ser útil", dijo mientras encendía otro
Chesterfield.
Raúl Roa dormía en Washington la madrugada del viernes 13 de
junio de 1959. Había permanecido despierto hasta muy tarde: revisó
algunos documentos de la OEA, leyó hasta muy avanzada la madrugada y
quemó decenas de cigarrillos. Lo despertó el timbre del teléfono.
Desde La Habana le informaron que había sido nombrado Canciller de
la República de Cuba. No tuvo que pensar el comentario sobre el
tema, las palabras le salieron con la naturalidad de siempre.