"Tumbarle plata a los americanos" no es nada nuevo para los
gerentes de la industria "anticastrista" de Miami y los "disidentes"
de todo tipo que se crearon contra Cuba desde Washington en cinco
décadas.
Uno de esos prohombres de la política norteamericana en la Isla
lo fue, sin dudas, el doctor José Miró Cardona, quien con el triunfo
de la Revolución el 1ro. de enero de 1959, ocupó la alta
responsabilidad de Primer Ministro, cargo desde el cual intentó
frenar el cambio y las leyes revolucionarias.
Cuarenta y siete días después del triunfo, exactamente en horas
de la tarde del 16 de febrero, el Jefe de la Revolución, Fidel
Castro Ruz, se vio obligado a asumir, solicitado por sus compañeros,
el cargo de Primer Ministro. Miró Cardona renunció y se sumó a la
reacción como lo prueba su designación en 1961 para presidir el
gobierno contrarrevolucionario que daría pie a que Estados Unidos
interviniera directamente en Cuba, luego de que la fracasada
invasión mercenaria de Playa Girón de abril de ese año, estableciera
una cabeza de playa en esa zona sur del país.
Con espurios personajes como Miró Cardona, ávidos del dinero
fácil, negoció la CIA en sus intentos de derrocar el naciente poder
revolucionario en Cuba.
Lo evidencian documentos dados a conocer ahora y lo confirma un
memorando desclasificado recientemente, rescatado por investigadores
puertorriqueños que relata una reunión estratégica entre Miró
Cardona, jefe del Consejo Revolucionario Cubano (CRC), y Arthur M.
Schlesinger Jr., asistente Especial del presidente John Kennedy, el
22 de octubre de 1961, en la Casa Blanca.
Participaban también en el encuentro del más alto nivel, Richard
Bissell y su asistente Tracy Barnes, ambos encargados de Operaciones
Encubiertas de la CIA, el coronel J.C. King, jefe de la División del
Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado, y Jacob "Jake"
Esterlina, oficial CIA, quien dirigió el proyecto que finalmente
devino la fracasada invasión de Playa Girón.
Al principio del intercambio, Schlesinger indicó su preocupación
con las informaciones que circulaban, según las cuales el
politiquero cubano "deseaba más dinero para ampliar las bases de su
organización" y amenazaba abandonar la dirección del CRC.
En un momento tenso del encuentro, Tracy Barnes tomó la palabra
para indicar con fuerza el "extremo descontento" de la CIA con el
uso que hacía Miró "del presupuesto mensual de 90 000 dólares", que
recibía del gobierno norteamericano.
Señaló el funcionario que "el 50 % va a salarios para personas
cuyo papel es bastante dudoso en el programa".
Sugirió que se tomaran medidas para obtener mejores resultados
con "esta inversión" (sic).
El CRC de José Miró Cardona exhibía un programa en
correspondencia con su apetito por el billete verde: priorizaba, en
una Cuba "liberada" la entrada del capital extranjero y la
restitución a sus antiguos dueños de las propiedades confiscadas por
el gobierno revolucionario.
La voluntad del poder anexionista de fabricar una oposición
interna en la Isla, como mecanismo para destruir la Revolución,
sigue vigente hasta hoy, y le cuesta muy caro al contribuyente
norteamericano.
Desde Eisenhower y su Programa de Acción Contra Cuba, que
planteaba "crear la disidencia hacia el interior de Cuba", a golpe
de millones, hasta los presupuestos de la USAID anticubana de Obama,
son cientos de millones que desaparecieron en el transcurso de los
años, en los bolsillos de una mafia que nunca renunciará a sus
deseos de¼ garantizar su prosperidad.