El Handbook o libro contentivo de las normativas que rigen
el certamen, deja al descubierto la diferencia establecida de
antemano, sin derecho a reclamaciones, respecto a la conformación de
los grupos.
Al observar cómo serán integradas las dos llaves en que
rivalizarán los seis elencos, comprobarán que mientras en una de
ellas habrá tres equipos capaces de entablar una fuerte rivalidad,
la otra apunta a que el anfitrión juegue menos atosigado por sus
adversarios, aunque ese esquema quizá poco ayude a los argentinos,
quienes archivan diez derrotas sin éxito.
En la zona E se reunirán el vencedor del grupo A (posiblemente
Brasil, actual monarca); el mejor segundo lugar de la eliminatoria,
y Argentina. El trío F lo compondrán los ganadores de las llaves B,
C y D, que pudieran ser Italia o Serbia por la primera de ellas;
Rusia, virtualmente clasificada por la segunda, y Cuba, si como
esperamos triunfa esta semana.
El desbalance entre estas dos congregaciones es evidente. Esta
distribución tan puntual responde al interés de incentivar la
asistencia de público a los partidos, al mismo tiempo que intenta
animar a la escuadra albiceleste, huérfana de potencia para
augurarle su pase a la segunda etapa del epílogo.
Las seis selecciones repartidas en esos tríos E y F contenderán
en un todos contra todos en cada poule, del 21 al 23 de julio, del
que avanzarán dos punteros por área. Después, el 24, vendrá la
semifinal cruzada: 1ro. del E vs. 2do. del F y 1ro. del F vs. 2do.
del E, antesala de la pelea por el oro, el 25. Los planteles que
ocupen los terceros escaños discutirán la quinta plaza.
Para los cubanos, que han rendido una encomiable faena al sumar
nueve victorias y un revés, esta batalla campal como colofón de la
Liga es una prueba de fuego. Rusia también se ha mostrado imponente
—siempre entre los tres líderes del clásico— con foja de 9-1; Serbia
ha experimentado un alza y está a la vanguardia con sus dos segundos
puestos en las últimas ediciones.
y si en lugar de los serbios fueran los italianos los otros
oponentes, tampoco existen razones para verlos como un manjar por
haber concluido séptimos en las ediciones del 2008 y 2009, porque
han logrado una actuación que los mantiene en la cumbre de la zona
B.
El grupo F será como un campo minado, por la altísima rivalidad
concentrada en él, lo que no favorece la paridad del espectáculo. Un
último dato: desde 1997, ningún país sede de la final ha ganado.