¿Actores
que interpretan el arte circense? ¿Artistas del circo que escriben
poemas con el cuerpo? ¿Humoristas de la gimnástica? ¿Poetas del
movimiento? ¿Bailarines?... Muchas más combinaciones e interrogantes
llegan a la mente del espectador al observar durante casi dos horas
el original espectáculo que trajo a Cuba el Circo Gran Fele, de
Valencia (España), que durante cuatro jornadas ancló con su magia en
la calurosa carpa Trompoloco (Calle 112 y 5ta. Avenida, Playa).
Un hombre grueso, de larga cabellera y barba blancas —que será el
hilo conductor— surge de la oscuridad contando la historia. El
espectáculo que vais a ver se titula A —dice con voz
ceremoniosa—, la primera letra del abecedario que en el alfabeto
latino es alfa, principio de todas las cosas¼
Abrakadabra, un programa repleto de emoción, intriga, risas y
¡sorpresas!
La suerte está echada. Diez ágiles jóvenes (cinco mujeres y cinco
hombres) llenan la pista multicolor y comienzan a hacer acrobacias
en el mástil que suben y bajan con destreza y técnica, acaparando
las primeras ovaciones de una noche diferente de circo. Porque, para
sorpresa de todos, son ellos quienes se repiten una y otra vez en la
escena, amén de los payasos Plá y Plá, y otros artistas cubanos
invitados. Ya sea en trabajos de grupo, como solistas, en dúos,
tríos, los artistas se transforman en malabaristas, acróbatas,
contorsionistas, gimnastas, y van narrando —con sus movimientos y
acciones— estas historias o diminutos "poemas" circenses, donde
transpira la poesía del cuerpo, conjugado con la música —excelente
el pequeño grupo de músicos, guitarras eléctricas, saxofón, batería¼
que ameniza los números—, la danza, la pantomima, el teatro y muy
buen humor.
Porque esta agrupación integrada por artistas españoles, cubanos
y de otras nacionalidades, que dirige Rafael Plá desde 1993, y que
ha obtenido diversos premios en encuentros de España y otros países,
tiene su propia personalidad. Es un circo de marcado carácter
teatral, donde cada elemento tiene una razón de ser y estar, y cada
número expresa una idea-emoción buscando el espectáculo total, que
finalmente logran.
La destreza, la alegría y el humor, inherentes de este quehacer
artístico ruedan por la escena como un todo. Ya sea en la gimnástica
en red o el trapecio —momentos muy particulares de la noche—, o los
malabares con pelotas, el lirismo surge a flor de piel, así como en
las diversas formas de acrobacia, en monociclos o realizando
ejercicios de fuerza, el humor transpira por doquier. Son artistas
que se desdoblan también en payasos y demuestran estar preparados
técnicamente para enfrentarlo todo dentro del circo, incluso en la
tramoya donde se desenvuelven a las mil maravillas, porque ellos lo
hacen todo. Quizá en el debut habanero —ya se habían presentado
antes en la ciudad de Cárdenas con rotundo éxito—, el talón de
Aquiles lo constituyó la acrobacia en básculas, donde fueron
visibles algunos contratiempos, que en nada opacaron la agradable
función, donde brilló, particularmente, la joven artista cubana
invitada, Loraine, quien hace maravillas en la cuerda floja, y
acaparó los más fuertes aplausos.
La visita del Circo Gran Fele, auspiciada por el Consejo Nacional
de las Artes Escénicas y el Circo Nacional de Cuba, acerca al
público cubano —que desde el año 90 no tenía la oportunidad de
presenciar un espectáculo completo de un circo de otro país—, a una
nueva concepción del arte circense que cada día rejuvenece para
demostrar que aún tiene mucho qué decir y hacer.