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Sin piedras no hay ferrocarril
MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ
LA ASEVERACIÓN QUE sustenta el título de este reportaje podría
parecer demasiado absoluta si no fuera porque, en efecto, la piedra
constituye un elemento decisivo en el trazado de cualquier vía
férrea, que adecuadamente balastada se transforma en una especie de
alfombra amortiguadora para el tránsito seguro de los trenes,
siempre que no las sustraigan de los rieles algunos indolentes que
rayan en la criminalidad.
Parte
de las instalaciones antiguas armonizarán con el nuevo equipamiento
en pos de una mayor producción.
Es por ello que su producción acelerada ha sido concebida entre
las prioridades del programa nacional de recuperación del
ferrocarril, cuyas principales líneas y ramales acumulan hoy un
fuerte deterioro por la falta de mantenimiento oportuno durante las
últimas dos décadas.
El foco de atención de las autoridades del Ministerio del
Transporte y de su Unión de Ferrocarriles se centró entonces en un
punto de la geografía camagüeyana que, con una rápida inyección de
recursos, pudiera responder a la demanda del árido, calculada en
unos 250 000 metros cúbicos anuales.
El
ingeniero Carlos Herrera muestra el nuevo molino con capacidad para
triturar más de 200 000 metros cúbicos de piedra cada año.
¿POR QUÉ GUÁIMARO?
Muy cerca del poblado de Palo Seco, a ocho kilómetros del enclave
municipal de Guáimaro, se ubica la cantera que cumple los
requerimientos básicos para enfrentar tamaña empresa. Así lo
confirma su director, el ingeniero Carlos Herrera Guerra, con 20
años de trabajo en el lugar:
"Aquí se encuentra el yacimiento con las características que
exigen las normas técnicas para la elaboración de balasto. Está
compuesto, precisamente, por una roca ígnea de alta dureza, capaz de
soportar el peso de los ejes de carga que pasan por el ferrocarril".
Según los especialistas, los estudios geológicos realizados
permiten asegurar que se cuenta con una reserva de piedra para 150
años aproximadamente, sumados el yacimiento más antiguo, todavía en
el primer piso de explotación, y otro virgen descubierto dentro de
la propia zona de la cantera.
Fernando,
Yusel y Yosvani forman parte de la brigada de Villa Clara que
participa en la remodelación de la cantera.
"La unidad dispone —añade Carlos—, de acceso ferroviario, lo cual
permite minimizar los gastos de transportación de la piedra. Del
embudo del molino sale a los vagones y va directo a las líneas en
reparación. El ahorro de combustible y tiempo es considerable".
Por si no bastaran las ventajas enumeradas, existe otra fortaleza
que resulta vital y es la experiencia acumulada por la nómina de
alrededor de 100 trabajadores, la mayoría residente cerca del lugar,
quienes han heredado las habilidades de sus familiares en el duro
bregar de la cantera, cuya apertura se remonta a 1946.
UNA INVERSIÓN IMPRESCINDIBLE
Algunos, muy pocos ya, participaron en el encuentro; otros hablan
del hecho como si realmente hubieran compartido con el máximo líder
de la Revolución cubana. Lo cierto es que la visita de Fidel a la
cantera de Guáimaro a comienzos de los años setenta se recuerda allí
como uno de los momentos más emocionantes vividos por el colectivo
en toda su historia laboral.
Por aquellos días, el Comandante en Jefe llamó a los trabajadores
a convertir el proceso productivo en una verdadera zafra de piedras,
quizás con la mirada puesta en el gigantesco proyecto del
ferrocarril central.
Otra "zafra" de similar envergadura a la convocada entonces por
Fidel se requiere acometer ahora, y para ello está en marcha un
amplio proceso inversionista por un monto de más de 8 millones de
pesos, que incluye el cambio del molino, los viales de acceso, el
polvorín, el laboratorio y ocho obras de fábrica.
"Enfrentar el nuevo reto con el molino viejo, comenta el director
de la planta, resultaba imposible, por lo que se decidió adquirir
uno más grande que puede producir 200 000 metros cúbicos anuales, o
sea, prácticamente cubre las necesidades de piedra del ferrocarril".
Tal volumen significa que, a plena capacidad, del frente de
cantera se podrán extraer cada día 700 metros cúbicos de material,
lo cual equivale a cargar un tren con 21 vagones repletos de macada,
además del polvo de piedra, el granito y el hormigón.
SE AVANZA, NO SIN CONTRATIEMPOS
El ingeniero Emilio Manuel Bernal está al frente de los hombres
que desde hace siete meses asumen la construcción civil, con el
propósito de entregarla a finales de julio próximo y dar paso al
montaje tecnológico que debe concluir en septiembre, fecha
comprometida para la puesta en marcha de la cantera.
"A pesar de los contratiempos, estamos seguros de que cumpliremos
la palabra empeñada. Desde marzo contamos con un refuerzo de
pequeñas brigadas de Sancti Spíritus, Las Tunas, Villa Clara y
Ciudad de La Habana, que aportó los operadores para el movimiento de
tierra".
Así, mientras los trabajadores camagüeyanos edifican los nichos
del polvorín y el bloque socio-administrativo, los espirituanos
erigen las garitas de protección y los villaclareños levantan la
cerca perimetral y trazan el alumbrado interior de la instalación.
Se trata de un magnífico ejemplo de cooperación entre empresas
del sector del Transporte en el país, palpable también en otro de
los objetos de mayor complejidad: el muro de contención donde se
construirá la plataforma para el tiro de piedra hacia el molino
desde una altura superior a los ocho metros.
Lucas Velasco Soto, el ejecutor principal, confía en la capacidad
de trabajo de sus hombres, quienes tienen claro qué deben hacer y
aportar para que la obra no se dilate en el tiempo, se haga con la
calidad requerida y facilite la entrada de la brigada encargada del
montaje del molino.
Sin piedras no hay ferrocarril... Excelente manera de ilustrar
cuánto representará la cantera de Guáimaro en el empeño nacional de
poder contar con vías rápidas y seguras, como garantía para una
mayor duración de los equipos, confort para el viajero, capacidad de
carga de mercancías y calidad integral de los servicios. |