La semana pasada, el presidente Barack Obama compartía una típica
comida "americana" con el presidente de la Federación Rusa, Dmitri
Medvédev. Entre hamburguesas y coca colas, los dos jefes de Estado
sonreían y proclamaban su relación "estable" y "mejor que nunca".
Hasta Medvédev envió por Twitter las fotos de su agradable comida
con su par estadounidense. No esperaba que días después, la Guerra
Fría sería resucitada.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció hoy la
detención de 10 presuntos "espías rusos", la mayoría de los cuales
son estadounidenses acusados de recibir financiamiento del Gobierno
ruso para ejecutar operaciones de "inteligencia". Su principal
violación es de la ley FARA (Foreign Agent Registration Act–Ley de
Registro de Agentes Extranjeros), que regula y monitorea a todo
ciudadano o residente estadounidense que recibe financiamiento de un
gobierno extranjero para fines políticos o propagandísticos en el
país.
Hasta el momento, los 10 detenidos no han sido acusados de
espionaje, sino de haber "conspirado para actuar como agentes
extranjeros sin estar registrados bajo la ley FARA".
Entre los detenidos, hay una periodista de Nueva York, de origen
peruano. Vicky Peláez escribía para El Diario/La Prensa, el
periódico en idioma español más leído en la Gran Manzana. Era una de
los pocos periodistas hispanos que criticaba las políticas de
Washington hacia América Latina, y que buscaba balance en sus
reportajes sobre Venezuela y otros países de la región que
normalmente son muy criticados en la prensa estadounidense.
Hasta hoy, ninguna organización internacional que defiende a los
periodistas y la libertad de expresión, como el Comité para Proteger
a los Periodistas (CPJ), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
o Reporteros sin Fronteras (RSF) ha declarado sobre su detención.
Peláez fue arrestada junto con su esposo, Juan Lázaro, nativo de
Uruguay, el domingo en su casa en Yonkers, en las afueras de la
ciudad de Nueva York. Según el Departamento de Justicia, Peláez es
acusada de haber recibido dinero de un representante del Gobierno
ruso el 14 de enero del 2000, mientras estaba en un país de América
del Sur. Presuntamente, su esposo recibió otro paquete de dinero de
un agente ruso el 25 de agosto del 2007. Según el expediente,
"apenas días después de regresar a Nueva York, pagó casi 8 mil
dólares en impuestos que debía" al Gobierno estadounidense.
Entonces, ¿recibió dinero de Rusia para pagar sus impuestos en
Estados Unidos?
El expediente entregado por el Departamento de Justicia revela
que la sede de inteligencia rusa en Moscú había enviado un mensaje a
dos de los detenidos. El mensaje decía que su misión principal era
"buscar y desarrollar vínculos con los círculos políticos en EE.UU.",
y luego "enviar informes". ¿Alto espionaje?
Agentes del FBI detuvieron a Richard Murphy y a Cynthia Murphy en
su residencia en Montclair, Nueva Jersey, el domingo pasado. También
fueron arrestados Anna Chapman en Manhattan; Michael Zottoli y
Patricia Mills en Arlington, Virginia; Mikhail Semenko en Alexandria,
Virginia; y Donald Howard Heathfield y Tracey Lee Ann Foley en su
casa en Boston. Están buscando un sospechoso adicional, Christopher
R. Metsos, que parece haberse escapado.
Nueve de los 10 detenidos también fueron imputados por "lavado de
dinero".
La semana pasada, un documento publicado sobre una agencia
estadounidense, National Endowment for Democracy (NED), reveló que
de 40 a 50 millones de dólares entregó a grupos políticos en
Venezuela que se oponen al gobierno del presidente Hugo Chávez.
Según informes desclasificados desde el 2002, distintas agencias
estadounidenses y europeas, como la USAID, NED, Freedom House,
Departamento de Estado, Comisión Europea y otras, han financiado
partidos y grupos políticos en Venezuela para "salir del gobierno de
Chávez", incluyendo un intento de golpe de Estado en abril 2002.
No obstante, cuando el gobierno venezolano ha acusado (y no ha
arrestado) a grupos e individuos que reciben estos fondos, de ser
"agentes extranjeros", el gobierno estadounidense y las "defensoras"
internacionales de derechos humanos lo acusan de ser "dictatorial",
"represor" y "violador" de los derechos básicos de esas personas que
reciben dinero de potencias extranjeras.
La semana pasada, el presidente Evo Morales de Bolivia también
acusó a la USAID de financiar actividades de desestabilización en su
país, alertando a Washington que su agencia estatal podría ser
expulsada del país andino.
En Cuba, Alan Gross, un empleado de una contratista de la USAID,
Development Alternatives Inc (DAI), fue detenido en diciembre del
2009 y acusado de espionaje y subversión. Traía equipos satelitales
y de alta tecnología al país caribeño para ser entregados a grupos
de la contrarrevolución.
En Venezuela, las agencias internacionales parecen estar
involucradas en grandes redes de lavado de dinero, junto a sus
"socios" venezolanos. Ingresan los millones de dólares en efectivo
al país, sin fiscalizarlos, y así eludir los controles sobre el
cambio de moneda extranjera que existen en Venezuela para evitar
actos ilícitos y fuga de capital.
Las leyes electorales en Venezuela prohíben el financiamiento
externo a campañas políticas en el país. No obstante, Washington
viola las mismas leyes que hace respetar en su propio territorio.