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Enseñanza Técnico Profesional
El momento y el lugar apropiados
JOEL MAYOR LORÁN
CUANDO DE CHICOS jugábamos alrededor de una vieja estación,
siempre nos pareció algo glorioso ser conductor de tren. Pero este
año Ciudad de La Habana no ha conseguido captar 200 jóvenes para
formarse como técnicos ferroviarios. Aquella imagen de antaño cambió
por numerosas razones.
Una
industria precisa no solo de ingenieros, sino también de técnicos y
obreros calificados.
Han visto desorden, indisciplina, accidentes, mientras otras
ocupaciones lucen mucho más atractivas. Tampoco los politécnicos
afines han conseguido enamorarlos hasta el momento. Además, la
formación vocacional no acaba de prender en todas las escuelas, ni
los organismos comprenden cabalmente su trascendencia.
Igual que los clubes de fútbol, cada empresa ha de buscar su
relevo; ir a primarias y secundarias a contar a los niños sobre el
mundo de los rieles, narrarles anécdotas de viajes, llevar a los
muchachos al museo de las locomotoras, al patio de cargas, o
subirlos a bordo de un tren.
Y ahora pueden hablarles sobre las nuevas inversiones, la
reparación de las vías, las locomotoras que han comenzado a llegar¼
y el rescate de la disciplina ferroviaria ya emprendido. Para todo
eso se necesita fuerza joven; el reto consiste en persuadirlos a
sumarse.
¿Quién,
si no los organismos que recibirán después de graduados a los
estudiantes de los politécnicos, han de dotarlos de las prácticas
necesarias?
También los planteles habrán de promover círculos de interés en
correspondencia con las especialidades en oferta, que serán las
demandadas por el territorio.
Por tanto, si a la Ciudad de La Habana y Camagüey les atañe
especialmente cubrir las capacidades para los politécnicos donde se
formarán cientos de ferroviarios, del mismo modo los municipios no
pueden conformarse con los egresados de noveno grado que captó para
estudiar Agronomía o Mecanización Agropecuaria.
Sería un error subestimar el papel de los elevados salarios y
otras ventajas que ofrecen ciertos sectores. El turismo, por
ejemplo, no precisa de grandes esfuerzos en la formación vocacional.
En cambio, en un municipio montañoso como Tercer Frente si le
preguntas a los niños qué quieren ser, ninguno responde agricultor.
En la batalla por ubicar a los jóvenes donde les reclama la
economía, existen disímiles argumentos para llevarlos a los
ferrocarriles, al campo o a desempeñarse como fundidores en una
industria; más allá de apelar a la conciencia, el sector productivo
tiene condiciones que mostrar.
Donde se vincula el salario a los resultados finales, el
agricultor y el trabajador de una fábrica ven bien recompensado su
esfuerzo. Por si no bastara, no pocos lugares inician su
transformación con recientes inversiones: en la industria ligera, en
la básica la maquinaria agrícola también recibe nuevos equipos.
Aunque
se ha elevado la captación para Agronomía y Mecanización Agrícola,
continúa siendo insuficiente.
Si al visitar los futuros puestos de trabajo, los adolescentes
eligen las especialidades afines en la Enseñanza Técnico Profesional
(ETP), queda entonces que al entrar a los politécnicos estos no los
defrauden; habrán de contar con todo lo necesario: la preparación de
los profesores, la calidad de las clases y la base material de
estudio.
Tanto el Ministerio de Educación como los principales organismos
encargados de brindar sus instalaciones y conocimientos a los
alumnos, coinciden en que el curso 2010-2011 será decisivo; de su
organización y éxito dependerá que padres y chicos confíen
definitivamente en esta enseñanza.
El Estado no puede enviar al preuniversitario a todos los
egresados de noveno grado. Serían 300 000 alumnos más. Y tampoco
habría plazas universitarias para ellos, pues Cuba lo que necesita
hoy son técnicos y obreros calificados. No es posible prosperar sin
trabajo y producción, sin el sector de la sociedad que crea los
bienes materiales, y con solo el 7% de la población dedicada a la
agricultura.
Cuando aún no concluye el proceso de captación, ya Veterinaria y
Zootecnia conquistaron al 100% de quienes deben iniciar estudios en
esas especialidades en septiembre; entretanto, Agronomía y
Mecanización Agrícola apenas rebasan el 70%. Mas, si la proporción
entre los técnicos está lejos de lo deseado, entre los obreros
calificados, Agronomía logró el compromiso únicamente del 53,9%.
El Ministerio de la Industria Sideromecánica enfrenta la
ineludible encomienda de sustituir importaciones, mediante el
desarrollo de producciones nacionales, pero sin los plantilleros y
los fundidores suficientes el desafío se torna más engorroso, lo
cual les impulsa a encarar la tarea de contribuir a formarlos.
Otro tanto ocurre con la industria ligera y su escasa
participación en el mercado interno de divisa. Sucede con las ventas
actuales de materiales de la construcción; las obras que emprenderá
el pueblo requieren igualmente de personas diestras en los oficios
afines.
Urge formar el número de técnicos y obreros calificados que
demanda la sociedad. Es un deber del Ministerio de Educación y de
los organismos que les aguardan para enfrentar sus retos. Ambos han
de empeñarse en recuperar el prestigio de estas funciones. Solo
entonces, ser conductor de tren volverá a ser algo glorioso. |