Ganaderos que no creen en tiempos malos

MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ

Tras las vallas que reciben al visitante justo a la entrada de la vaquería 1-14, perteneciente a la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) La Paz, en el municipio camagüeyano de Jimaguayú, se observa un ganado rozagante.

 Foto del autorLos jóvenes Carlos Alberto Arias y Eduardo Díaz Montano integran el equipo de vaqueros de la unidad.

El cuidado que sus trabajadores brindan a cada ejemplar, parece ser el secreto del por qué, en las últimas cuatro campañas, la entidad que dirige Pejerto Vázquez Velasco ha acopiado más de 300 000 litros de leche, una cifra que la ubica a la vanguardia en tan importante renglón productivo dentro del sector estatal en esta provincia de fuerte tradición ganadera.

Hace unos 15 años la situación era otra: perdida entre el marabú y el desorden, la 1-14 era la peor vaquería de la UBPC La Paz. Fue entonces cuando a Pejerto le dieron la nada fácil encomienda de levantar la unidad y hacerla producir.

"Cuando uno mira hacia atrás, se da cuenta del enorme esfuerzo realizado. Los ganaderos tienen que ser caprichosos para que las cosas salgan bien. El vaquero que viene a trabajar conmigo sabe que no puede ser solo por dinero. A esto hay que dedicarse en cuerpo y alma".

Atravesamos un periodo bastante complicado a comienzos de año, pues la sequía se extendió más de lo normal; sin embargo, usted no ve aquí una vaca flaca, asegura Pejerto, orgulloso de contar hoy con uno de los mejores rebaños de la zona.

En ese tiempo la dieta de los animales se reforzó con caña molida y cuanto alimento alternativo aparecía, pues, como afirma el experimentado productor, "si se sabe que esa etapa es la más difícil, ¿por qué siempre a algunos los tiene que morder el mismo perro?".

Ferviente defensor del doble y del triple ordeño, Pejerto ha aprendido a maniobrar para mover sus mejores vacas hacia una u otra variante sin dañarlas, según las condiciones físicas de cada animal y su rendimiento lechero.

"Lo fundamental, acota, es cuidar las vacas. Ahora hemos restablecido el triple ordeño. Aquí se ha llegado a tener en esa rotación hasta 60 y 70 reses. Para ello en la etapa pico se monta una microvaquería aparte, con un vaquero que se especializa en su atención".

Con más de dos decenios vinculado al quehacer ganadero, Pejerto se ha nutrido de la sapiencia enraizada en las llanuras camagüeyanas pero también ha incorporado sus propios aportes, cultivados en el duro bregar de las madrugadas y los desvelos constantes para que las cosas salgan bien aunque no todo esté a la mano.

Si así ocurriera en todas partes, no existiría el desequilibrio productivo que se observa entre vaquerías de la misma zona, cuando unas llegan a acopiar más de 1 000 litros diarios y otras apenas rebasan los 400.

Si todos halaran parejo, otro gallo cantaría, asegura Pejerto, convencido de que la UBPC La Paz está en condiciones de ratificar en el 2010 la condición de millonaria en la producción lechera y, por qué no, hasta unirse al selecto grupo de las entidades que en el país superan los dos millones al año.

"De eso no le quepan dudas: aquí no se ha renunciado ni a un solo litro de leche", afirma Pejerto con un típico gesto campesino.

 

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