El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lamentó este
miércoles el reciente fallecimiento del escritor portugués José
Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, y destacó sus dotes de
intelectual y luchador social, reporta Prensa Latina.
Al recibir al presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, el
mandatario brasileño sostuvo que ese encuentro ocurre pocos días
después del fallecimiento de Saramago, cuya obra -exaltó- constituye
una extraordinaria contribución a la literatura mundial y a la
valoración de la lengua portuguesa.
Recordó que inconforme con las injusticias de su tiempo, Saramago
unió su condición de escritor con la de agitador social y nos deja
como legado su compromiso con los más desfavorecidos. Una
inspiración para todos nosotros.
El viernes pasado, cuando se produjo el deceso del escritor en su
residencia de la isla canaria de Lanzarote a los 87 años, Lula
emitió una nota de pesar en la que destacó su origen humilde y como
de forma autodidacta se proyectó como uno de los mayores nombres de
la literatura mundial. Apuntó además que Saramago recibió el Premio
Camoes, máxima distinción conferida a escritores de lengua
portuguesa y el Premio Nobel de Literatura en 1998 y afirmó que
"nosotros, los de la comunidad lusófona, tenemos mucho orgullo de lo
que su talento hizo por el engrandecimiento de nuestro idioma".
Resaltó que intelectual respetado en todo el mundo, Saramago
nunca olvidó su origen, tornándose por toda la vida militante de las
causas sociales y de la libertad y en ese momento de dolor, se
solidarizó, en nombre de los brasileños, con toda la nación
portuguesa por la pérdida de su hijo ilustre.
Nacido el 16 de noviembre de 1922 en la aldea portuguesa de
Azinhaga, José de Souda, quien a los dos años se trasladó a vivir a
Lisboa, era conocido por el apodo de su familia paterna, Saramago,
que el funcionario del Registro Civil añadió tras su nacimiento.
Antes de dedicarse de lleno a la literatura, Saramago ejerció
como cerrajero, mecánico, editor y periodista, pero fue en 1947
cuando hizo realidad su mayor ilusión, la de ser escritor,
publicando la novela Tierra de pecado, pero la notoriedad
internacional le llegó en 1982, con Memorial del convento.
Ese prestigio literario se consolidó y engrandeció con La balsa
de piedra (1986), la pieza teatral La segunda vida de Francisco de
Asís (1987), Historia del Cerco de Lisboa (1989) y El Evangelio
según Jesucristo (1991). A finales del año pasado publicó su última
novela, Caín.