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Futuro a la deriva en un Ártico que se derrite
ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
La última advertencia la hizo el presidente ruso, Dimitri
Medvédev, ante el Consejo de Seguridad de su país: "el clima global
muy probablemente alimentará diferendos entre los países que buscan
acceso a la energía y a otros recursos en el Ártico".
Y precisamente son los efectos del cambio climático —ya presentes
en esos fríos mares y en todo el planeta—, los mayores peligros para
presentes y futuras generaciones de seres humanos.
Se trata de una extensión marítima de 14 millones de kilómetros
cuadrados con comprobada existencia de grandes reservas de
minerales, lo que ya es un punto de mira para compañías que se
apresuran a tomar parte de las mismas.
ESPERANZA A LA DERIVA
Conocer de los desprendimientos de grandes extensiones de hielo
debido al calentamiento climático da la impresión de que la
esperanza de salvar la naturaleza está a la deriva.
De lo que sucede en el Ártico está pendiente la humanidad toda,
porque sus efectos negativos nos afectarán, a cada uno de nosotros
en mayor o menor medida, y en particular a las poblaciones de zonas
bajas cercanas a los mares, ya que al derretirse el hielo y subir el
nivel del mar, habrá islas que desaparecerán y cultivos y
poblaciones que serán devorados por las aguas.
"El mar Ártico se está calentando de forma rápida y la capa de
hielo, durante el verano, podría desaparecer hacia el año 2013",
según una investigación realizada por Warwick Vincent, director del
Centro de Estudios del Norte en la Universidad de Laval en Québec.
"Me impresionó ver lo rápido que suceden los cambios. La vista
del mar abierto es algo que no hemos observado en los diez años que
trabajamos ahí arriba", comentó Vincent ante el Parlamento
canadiense.
Durante el verano pasado, cinco plataformas de hielo ubicadas a
lo largo de la isla de Ellesmere, hacia el norte de Canadá,
disminuyeron su volumen en un 23%.
GRANDES RIQUEZAS AL ACECHO
Tras los recursos de esta zona acuden grandes petroleras como la
Shell, que en el año 2005 gastó más de 44 millones de dólares por
arrendamientos en el mar de Beaufort, que baña la frontera entre
Alaska y Canadá, y más recientemente inyectó otros 39 millones de
dólares para realizar 12 excavaciones en un periodo de tres años.
En cuanto al gas allí existente, basta con nombrar el yacimiento
Urengoy, al norte de la cuenca de Siberia Occidental, el segundo más
grande del mundo, con reservas superiores a los 300 billones de
metros cúbicos; o el yacimiento de Shtokman existente en el mar de
Barents, con una reserva estimada de 3,2 billones de metros cúbicos
de gas.
Tres años atrás, en el 2007, científicos de Moscú desde un
submarino fijaron una bandera rusa en el fondo del gélido mar.
Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Noruega tratan también de
establecer jurisdicción sobre partes de ese mar y —por supuesto—
tener acceso a sus reservas minerales.
La urgencia por el control de los recursos árticos se hace más
evidente a partir del creciente calentamiento general que está
derritiendo el hielo polar.
Según la agencia Ria Novosti, que cita un estudio publicado por
el Servicio de Geología de EE.UU., en el Ártico se concentra hasta
el 13% de las reservas potenciales del crudo a escala mundial y un
30% de las de gas. Sus vastas plataformas continentales representan
tal vez la mayor zona petrolífera que aún está por explorar, consta
en ese documento.
El propio análisis refiere que las reservas hipotéticas de
petróleo en esa región se calculan en torno a 90 000 millones de
barriles; las de gas natural, en 47 621 billones de metros cúbicos;
y las de condensado de gas, en 44 000 millones de barriles.
LA FUGA DEL GAS METANO
Otro de los efectos del calentamiento climático se relaciona con
la presencia de grandes cantidades de metano bajo los hielos
árticos.
Al respecto, la agencia italiana IPS publicó muy recientemente
que la capa de hielo que almacena miles de millones de toneladas de
metano bajo las frías aguas está dejando escapar ese gas de efecto
invernadero a la atmósfera, según una investigación publicada en la
revista estadounidense especializada Science.
Los investigadores estiman que anualmente se emiten ocho millones
de toneladas de ese gas a la atmósfera desde la Plataforma Ártica de
Siberia Oriental.
De continuar el proceso de calentamiento, el permafrost o suelo
congelado que contiene grandes concentraciones de carbono y metano,
lo dejará escapar a la atmósfera con su consiguiente daño.
Y los propios científicos han comprobado que en los últimos años,
las temperaturas de la superficie de buena parte del paisaje ártico
y siberiano, particularmente en el verano boreal, han subido entre
seis y diez grados en relación con los registros normales.
Un nuevo estudio canadiense documentó que el límite más sureño
del permafrost se replegó 130 kilómetros en los últimos 50 años, en
la región de James Bay, en Québec.
Según otra investigación de la Universidad de Florida, esto
podría causar emisiones de 1 000 millones de toneladas de carbono
por año para mediados de siglo.
Lo que hoy ocurre con el calentamiento climático en este mar
helado y sobre el futuro de sus riquezas minerales, nos avizora que
sus témpanos de hielo a la deriva no son más que una advertencia
sobre un futuro impredecible para su entorno y para todo el planeta. |