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“Endgame” para Domenech
—“Los franceses somos el hazmerreír del mundo”.
Franck Ribéry, jugador de Les Bleus, en un programa de TV antes del
partido contra Sudáfrica
Ariel B. Coya
Disculpen. Les prometo que este artículo habla de fútbol. Del
descalabro de la selección francesa, por ejemplo, y de su
vilipendiado ex técnico Raymond Domenech.
Pero antes habrá que mencionar al dramaturgo irlandés Samuel
Beckett y referirse un instante a su célebre obra teatral Endgame
(en español, Fin de la partida), que quizá no por gusto fue escrita
originalmente en francés. ¿Les ofrezco una breve sinopsis? Se trata,
en definitiva, de cuatro personajes, uno inválido, otro que no puede
sentarse y dos sin piernas que habitan en sendos cubos de basura,
piden comida de vez en cuando y discuten estúpidamente entre sí.
Según el crítico Harold Bloom, el texto contiene una clara alusión a
Hamlet con el famoso soliloquio de "To be or not to be" (Ser o no
ser), en el que la duda impide tomar ninguna decisión. Y su frase
esencial es "no hay nada más divertido que la infelicidad". En él se
aprecia perfectamente, además, que los personajes poseen un pasado,
pero no existe indicación alguna de que tengan un futuro.
El
ex seleccionador galo ya tenía sustituto antes de comenzar el
Mundial.
Continuemos entonces con la selección de Francia. Hay quienes
intuyen que el cabezazo de Zidane a Materazzi señaló el principio
del declive galo. Nadie podía anticipar, sin embargo, que la
subcampeona de hace cuatros años se depauperaría tanto. Llegados a
este punto, ¿se podría hablar de sorpresa? Pues no, más bien todo lo
contrario: En el 2008 vivió una Eurocopa decepcionante (de la que
también se marchó sin ganar siquiera un partido), al Mundial se
clasificó con una escandalosa mano y hace solo unas semanas perdió
un amistoso con China sin marcar goles. El grupo, además, presentaba
problemas de egos entre sus jugadores: Algunos de los más jóvenes no
masticaban precisamente a Henry y varios cuestionaban seriamente a
Gallas. Otros, de hecho, miraban entre risitas a Govou, mientras la
mayoría se mofaba abiertamente de Gourcuff, exaltado por un sector
de la sociedad francesa como el auténtico sucesor de Zidane.
En fin, ya todos saben como acabó. De favorita a defenestrada,
Francia vivió en Sudáfrica un ridículo mayúsculo y se fue a casa
entre el escarnio de sus propios seguidores. Empató a cero con
Uruguay, pese a jugar con superioridad numérica (tras la expulsión
de Lodeiro), cayó 0-2 contra México y aún frente a un rival modesto
como el anfitrión volvió a perder de nuevo (1-2). Antes, por si
fuera poco, Nicolas Anelka se marchó expulsado del equipo por
criticar al seleccionador entre improperios, y luego el resto de los
jugadores encabezó una huelga en un entrenamiento.
Así que finalmente llegamos a Domenech, quien, pese a guardar un
notable parecido con el cantante romántico Charles Aznavour, tuvo
fama en sus años mozos de ser un recio marcador, dejándose crecer
unos mostachos formidables para intimidar a sus contrarios.
Tras dirigir al modestísimo Moulhouse y al Olympique de Lyon (al
que clasificó para la Copa de la UEFA), tomó las riendas de la
selección francesa sub-21 entre 1993 y 2004. Alcanzó la final de la
Eurocopa 2002, pero la perdió, del mismo modo en que volvió a perder
luego con la selección mayor, la del Mundial del 2006.
No obstante, resulta fascinante que haya durado tanto tiempo como
timonel del banquillo galo, siendo como es un gran aficionado a la
astrología. "Son Escorpio y los Escorpio tienden a autodestruirse.
No es bueno para el grupo", comentó con naturalidad, al explicar por
qué no convocaba nunca a Ludovic Giuly o Robert Pires, a causa de su
signo zodiacal.
Así se ganó el odio de la prensa gala, y más después de declarar
que el mundo perfecto para él sería aquel en que no tuviera que
hablar con periodistas. Un deseo algo contradictorio teniendo en
cuenta que su esposa es —cómo no— periodista deportiva, a la que,
por cierto, pidió matrimonio en el momento más inoportuno: por
televisión momentos después de que Francia cayera eliminada en la
primera ronda de la Eurocopa 2008.
Queda pues un último detalle suyo que recalca cómo es al mismo
tiempo un gran motivador intelectual. Joachim Löw, por ejemplo,
preparaba a los jugadores alemanes para su debut mundialista contra
Australia, con la saga fílmica de El Exterminador. Domenech, en
cambio, alistó alguna vez a sus jugadores de la sub 21 (Zidane,
Thuram¼ ) para un partido decisivo
llevándoles a ver, sí, a que no lo adivinan: la obra teatral
Endgame. Naturalmente, perdió. Para Domenech tal parece, en
efecto, que nada es más divertido que la infelicidad.
Resultados del martes: Grupo A: Uruguay, 1 – México, 0
(Luis Suárez, 43) Sudáfrica, 2 – Francia, 1 (Khumalo, 20; Mphela, 37
– Malouda, 70). Grupo B: Argentina, 2 – Grecia, 0 (Demichelis,
77; Palermo, 89). Nigeria, 2 – Sudcorea, 2 (Kalu Uche, 12; Yakubu,
69 - Lee Jung-Soo, 38; Park Chu-Young, 49) |